La pregunta flota en el aire del Volcadero Municipal de Paraná como el humo que se eleva entre los desechos. “Si nos sacan el Volcadero, ¿de qué vamos a vivir?”, se preguntan las familias que cada madrugada llegan al predio para hurgar entre la basura en busca de algo que les permita poner comida en la mesa.
Son 300 familias las que dependen de esta actividad para subsistir, según confirmaron los propios recuperadores a El Once. Una cifra que dimensiona la magnitud del problema social que se avecina si finalmente se concreta el traslado del basural que viene siendo anunciado por las autoridades municipales.
“Con esto comemos y sostenemos la casa”, explicó uno de los trabajadores informales que recorre diariamente las montañas de residuos. La frase resume una realidad cruda: para estas familias, el volcadero no es solo un lugar de trabajo, es su única fuente de ingresos. “Si lo sacan, nos cortan las manos”, lamentaron con una metáfora que duele por su literalidad.
La situación pone en evidencia una problemática que trasciende la gestión de residuos. ¿Qué alternativas laborales tienen estas personas? ¿Existe un plan de reconversión? Las preguntas se acumulan mientras el tiempo corre y la incertidumbre se apodera de quienes ven en cada camión de basura que llega al predio una oportunidad de supervivencia.
El Volcadero Municipal se ha convertido, paradójicamente, en un ecosistema económico informal que sostiene a cientos de familias paranaenses. Cartón, plástico, metales: cada material reciclable representa pesos que van directo a la olla familiar. Una economía de subsistencia que opera en los márgenes pero que es vital para quienes no tienen otra opción.
La preocupación expresada por los recuperadores no es menor. Habla de una realidad social que muchas veces permanece invisible para el resto de la ciudad, pero que late con fuerza en las periferias urbanas. Son trabajadores que, sin reconocimiento formal, cumplen una función ambiental importante al recuperar materiales que de otra forma terminarían enterrados.
Mientras se define el futuro del volcadero, estas 300 familias viven en vilo. Su reclamo no es solo por un lugar de trabajo: es por el derecho a subsistir, a seguir siendo parte de una ciudad que muchas veces los olvida hasta que sus voces se alzan pidiendo respuestas que aún no llegan.
Con informacion de: El Once.