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jueves, octubre 1, 2020
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    Alfredo Palacios cuenta la historia de Santa Lucía

    Por una calle corta como Alfredo Palacios empezó a levantarse el barrio Santa Lucía. Si se compara la actualidad con los primeros loteos los cambios son enormes, producidos gracias a la organización y la insistencia de los frentistas. Igual, son varias las cuentas pendientes.

     

    Víctor Fleitas / [email protected]

    Quién diría que con esa brevedad de guión con la que se abre paso en el sistema de signos que es el mapa de la ciudad, Alfredo Palacios encierre tanta historia de empuje vecinal, escrita de puño y letra a lo largo de años que se hicieron vidas, con tesón y unión por encima de las divergencias.

    Dibuja una diagonal singular en el suroeste de Paraná, en un sector que está en plena transformación por cierto, adaptándose a la semaforizada autovía, imaginándose cómo lucirá ese cintillo verde que será el parque lineal del sur que se extenderá hacia el este por Luis Noaco, en lo que fuera la traza de la vieja Circunvalación.

    Si es cierto que en la Antigua Roma se instrumentó el catastro con el fin de cobrar una contribución a cada noble o terrateniente en función de la extensión delas tierras que fueran de su propiedad, ese criterio de determinación espacial de los inmuebles no se siguió en el barrio Santa Lucía donde los primeros loteos se hicieron a ojo de buen cubero. Y no se exagera: los vecinos originarios, que han encanecido viendo cómo esas tierras yermas, desbordantes de una vegetación rebelde, espinosa, fueron desmontándose, llenándose de cimientos hasta configurar los amanzanamientos, recuerdan cómo los metros de frente y de profundidad se traducían en pasos que los vendedores delos terrenos realizaban con marcial firmeza.

    La burocracia del municipio vino después, a desgano, con el teodolito, la cinta antropométrica y el papeleo, lo que explica ciertas irregularidades en la distribución de las construcciones dentro de cada parcela.

    Si fuera posible remontar el inflexible devenir de los almanaques, veríamos que a la actual Alfredo Palacios se le asignó originalmente un número por nombre (calle 461) y que, antes de eso, hace como medio siglo, fue un sencillo sendero de gramilla que se abría paso entre malezas altas, a cada lado.

    Ese caminito de hormiga, hecho por el ir y venir incesante de parejas repletas de sueños de hogar, parecía ser parte de una estrategia elemental para cortar camino a campo traviesa desde la esquina de Avenida de las Américas y Newbery. Hoy es asfaltada, cuenta con todos los servicios, llega hasta Rancillac y, en su trayecto, cruza a la neurálgica División de los Andes.

    Cerca de Newbery, hay hileras de tipas y palmeras; después, el arbolado se ralea. FOTO: Gustavo Cabral.

    ESTILOS

    En Alfredo Palacios predominan casas de materiales tradicionales, muchas con techo de loza, en cuyos diseñosla robustez de lo plantado ha primado sobre la atención a los finos detalles. A veces el frente de las viviendas coincide con la línea de edificación; pero también son habituales los tapiales bajos, completados con esos enrejados apaisados a la altura de la vista, tan útiles para intercambiar novedades y pareceres con los vecinos y también para atender expeditivamente a los vendedores ambulantes y eventualmente a los carteros. En otros, la labor del herrero parece haberse justificado en la pretensión de reforzar la seguridad, probablemente ante la irrupción de algún incidente no deseado.

    Las amplias veredas tienen el alto de la gramilla bajo control y, aunque el arbolado raleado no ofrece garantías de sombra continua, es probable que por la tarde florezcan los sillones y las mesitas plegables bajo el repasador floreado para dejar sobre ellos el termo, el mate, la yerbera de plástico y el plato hondo con productos de panadería o repostería, adquiridos o de propia hechura.

    Toda esa barriada se ha desarrollado a espaldas de Avenida de las Américas y hasta donde le han permitido dos formidables barreras: el arroyo Antoñico y, un poco más al este, las vías del ferrocarril.

    Como es natural, la topografía busca el curso de agua; en efecto, las calles tienen pendiente descendiente de oeste a este. La profundidad de los badenes en los cruces de caminoshabla a las claras de que cuando llueve las aguas bajan vertiginosas por Alfredo Palacios.

    Los baches se integran a hundimientos y pozos que quedaron de distintas intervenciones sanitarias. FOTO: Gustavo Cabral.

    CURIOSIDADES

    La constitución de la trama urbana en esevasto sector conformado por Miguel David, Avenida de las Américas, Jorge Newbery, División de los Andes y el arroyo Antoñico combina calles paralelas a las avenidas con diagonales. Es como si un planificador travieso hubiera tomado una hoja milimetrada para desplazarla 45º en relación a la que estaba debajo y, en el cruce de transparencias, fue modelando esta disposición espacial donde se enhebran cuadrados, rectángulos, trapecios y triángulos.

    Se nota con claridad cuando se transita por División de los Andes, en cualquiera de los dos sentidos habilitados, cuyos cruces de calle no se producen a 90º, lo que genera una panorámica singular.

    Esa disposición vial heterodoxa, además, complejiza la orientación de los visitantes, ya que varias calles continúan hacia el sur a través de un manifiesto desfasaje.

    En la intersección de la ancha División de los Andes y el tobogán de Alfredo Palacios, confluye José Politti, lo que ayuda a constituir un remolino de tránsito que impone respeto.

    A metros de allí, cuadrillas de municipales remiendan el pavimento de una media cuyo talón ya sabe de numerosos zurcidos, de los invisibles y también de los desprolijos. Hacen forzar los equipos hasta que braman de furia, al sopletear convierten el polvillo en una nube y agitan alertas con forma de banderolas acaso porque no entienden cómo es posible que el reportero gráfico siga entretenido con las líneas en fuga de una simple calle de barrio como Alfredo Palacios.

    El nombre anterior de Santa Lucía (Los Cedros) convivía mejor con los barrios circundantes: Los Pinos, Los Aromos y Los Tilos. FOTO: Gustavo Cabral.
     

     

     

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