25.3 C
Paraná
jueves, octubre 1, 2020
  • Entre Ríos
  • Sociedad
  • Nosotros
Más

    Una casa con jardín para los trabajadores

    Un programa social que permitió que los trabajadores accedan a una vivienda digna hizo brotar chalets californianos en una constelación de ciudades entrerrianas. Muchas de esas construcciones mantienen la estructura original, prueba de la calidad de los proyectos y materiales empleados.

     

    En Rosario del Tala, un típico exponente de estas construcciones de época, en el croquis de Manuel Putruele.

    Mariana Melhem/[email protected]

    En muchas ciudades entrerrianas se pueden encontrar grupos de casas que comúnmente denominamos chalet, con jardines al frente, techos de tejas, porches y paredes pintadas de blanco.

    A veces aisladas, otras como parte de un conjunto que supo abarcar manzanas completas, no siempre se conoce que fueron parte de un programa nacional que otorgó créditos hipotecarios accesibles y facilitó propuestas arquitectónicas que cubrieran las necesidades de las distintas familias.

    En base al modelo del complejo Ciudad Evita, en las inmediaciones del aeropuerto de Ezeiza, las provincias buscaron replicar el programa.

    En Entre Ríos, la gestión del Gobernador Maya (1946-1950) tomó forma el programa habitacional, integrando aportes del plan Eva Perón y del Ministerio de Obras Públicas de la Nación. El anuncio formal se produjo en 1948, ante la Legislatura: pretendía construir 500 casas económicas distribuidas en las localidades de Gualeguaychú, Urdinarrain, Larroque, Concepción del Uruguay, Mantero, Basavilbaso, Colón, San José, Villa Elisa, San Salvador, Concordia, Federal, General Campos, Federación, Chajarí, Fronteras, Feliciano, La Paz, Santa Elena, Bovril, Villaguay, Domínguez, Clara, Rosario Tala, Mansilla, Maciá, Gualeguay, Galarza, Lucas González, Nogoyá, Hernández, Victoria, Diamante, Ramírez, Paraná, Crespo, Viale, Hernandarias, Seguí, María Grande, Holt e Islas del Ibicuy a razón de 1 cada 1000 habitantes.

    Marca entrerriana
    La operatoria consideraba “construirlas, adjudicarlas y transferir los créditos correspondientes al Banco Hipotecario Nacional, para recuperar su importe y continuar el plan de construcciones hasta que queden satisfechas las necesidades en la materia”. Para llevar adelante este plan, se dispone por decreto la creación de la Comisión Honoraria de la Vivienda, que más adelante se denominará Junta Administradora Autónoma de la Vivienda.

    La tipología adoptada buscaba reemplazar el rancho suburbano con casas de confort sencillo que garantizaran condiciones dignas de habitabilidad: hasta 3 habitaciones, baño completo, cocina, lavadero y jardín a la calle. Los materiales seleccionados fueron ladrillos para los muros, tejas para las cubiertas y maderas para las aberturas y pisos de los espacios más importantes.


    Desde el punto de vista del lenguaje, se pensó en relación a un modelo de vivienda y de ciudad deseada, la ciudad jardín y la vivienda pintoresquista, conocida popularmente como Chalet Californiano, que se había impuesto como bien anhelado en las clases populares por una parte, a partir de las propuestas de residencias de descanso en Mar del Plata y las Sierras de Córdoba y, por otra, motivada en la masividad del cine americano que las exponía en la pantalla como sinónimo de progreso y modernidad de clases sociales en ascenso.

    Es importante destacar que este plan no se circunscribía a la ejecución de una vivienda digna en sí, sino que prefiguraba un modo de hacer ciudad al construir un hábitat. Así, se incorporaron infraestructuras de servicios donde no había y se construyen equipamientos urbanos sociales como escuelas, centros de salud, comisarías y centros deportivos, entre otros, que configuran una verdadera urbanización.

    Las operaciones realizadas fueron de dos tipos: por una parte, completaron el tejido urbano existente, tal es el caso de las unidades construidas en Paraná en las calles Salta, Moreno y Plumerillo; y por otra, la constitución de verdaderos barrios, a pocas cuadras de lo que era la ciudad central, que solían coincidir con la existencia de algún organismo público, administrativo o de servicios. En Paraná se destacan el Barrio San Martín (al sureste) y La Floresta (en la zona del Frigorífico y Matadero Municipal).

    En Concordia el sector de las calles Coldaroli y Rivadavia donde, a pesar de las transformaciones, pueden reconocerse las alturas, las techumbres y los jardines originales.
    En Gualeguay, se conservan algunas viviendas en muy buen estado sobre calle Belgrano en su intersección con Bv. Int. Barroetavegna y con calle Int. Crespo, en las proximidades de la estación ferroviaria y de los clubes Sociedad Sportiva y Gualeguay Central.


    Barrio San Martín, en Paraná

    Localizado próximo al Hipódromo, el Club Paraná, la planta de Obras Sanitarias y las Unidades Penales; “San Martín” es uno de los primeros barrios tipo Jardín planificado de la ciudad y localizado en una extensión del área urbana sobre la de quintas.
    El terreno fue adquirido por el Gobierno provincial mediante Ley Nº 3675 de octubre de 1950 y según documentación de la época, los destinatarios eran empleados de la Unidad Penal.

    En este barrio el retiro de la línea de edificación, con jardín hacia la calle, logra un mayor ancho de veredas y aprovecha las diferencias altimétricas de la ciudad para jerarquizar los accesos elevándolos y separando claramente el espacio privado del público; la resolución de las esquinas mediante el Chalet con techumbre a cuatro aguas, la subdivisión en manzanas pequeñas y la relación armónica entre llenos y vacíos, junto a la utilización de materiales tradicionales, refuerzan el concepto de barrio jardín y le confieren identidad a este conjunto.

    Es notable verificar que un complejo de casi 200 unidades habitacionales con más de 60 años de antigüedad, mantiene su integridad con pocas alteraciones de los valores del conjunto, cuestión que por un lado denota la calidad de los materiales y la sustentabilidad de los diseños, pero además que se trató de bienes valorados por los vecinos, que se transformaron en un sello identitario y una marca del sentido de pertenencia.

    Uno de los chalets construidos en Paraná, en La Floresta.

    Lo más leído