Redescubriendo a un poeta llamado Luis Alberto Ruiz

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En la toma, Ruiz (a la derecha) dialoga con el periodista Aníbal Gallay en Concepción del Uruguay en 1979.

El autor de la primera antología poética entrerriana es prácticamente un desconocido. Se llamó Luis Alberto Ruiz y fue además ensayista y periodista. Su obra literaria, reunida en libros que esperan que los desempolven en las bibliotecas, refleja la relación orgánica y viva con el universo y en entorno próximo.

Rubén I. Bourlot / [email protected]

 

Un día de 1979, aún con las urnas bien guardadas, pude presenciar el diálogo de un hombre mayor con un periodista en la tradicional confitería RyS de Concepción del Uruguay. El diálogo versaba acerca del aspecto que debían tener los extraterrestres. El hombre sostenía que era erróneo asimilarlo a un humanonide. “Tal vez tengan forma de árboles”, especulaba. Este hombre era nada menos que Luis Alberto Ruiz, el poeta, el de Entre Ríos Cantada, el que había compartido los entreveros de la bohemia porteña de los años 70, amante de la lectura, de la escritura, del beber y de las charlas nocturnas.

Una biografía nos cuenta que Luis Alberto Ruiz, nació en Concepción del Uruguay el 18 de septiembre de 1923 y murió en Buenos Aires, en 1987. Fue poeta, narrador, ensayista y periodista. En Buenos Aires ofició de asesor literario, corrector, traductor, compilador, prologuista, lector y autor de Claridad, donde publicó el poemario “La pasión que nos salva”, entre otras. Fue asiduo colaborador de los principales diarios del país, entre ellos el innovador “La Opinión” de Jacobo Timerman. Años antes, en su ciudad natal participó de la fundación del Diario La Calle junto al también poeta Alfredo Martínez Horward, Leopoldo Broeld y otros. A su vez colaboró en la mayoría de los periódicos locales.

Poeta insoslayable de la generación del ‘40, atravesado por el neorromanticismo, en la obra de Ruiz hay un dibujo perfecto de la vida del sujeto en el poema. La religión, la metafísica, las ciencias ocultas y la mitología conformaban su estética. Autorreferencial, su obra celebra el paisaje, evoca la herida del amor, suda con la agitación de la nostalgia, sufre la pena del exilio, sucumbe ante la soledad existencial.

ASPECTOS SALIENTES

Su heredera, Domitila de Papetti, en un estudio paradigmático sobre la vida y obra del autor, sostiene: “Luis Alberto Ruiz es terrestre, pero su elemento nativo es el fuego que es la sangre de la tierra (…) que se transforma en savia, flor, semen, sangre (…)”.

Su obra literaria reunida en libros y dispersa en periódicos es abundante y rica. Como se dijo, reconocida es su “Entre Ríos cantada”, la primera antología de poetas entrerrianos publicada en 1955.

El poeta y artista plástico uruguayense Luis Alberto Salvarezza define la poesía de Luis Alberto Ruiz, compilada en la Antología Poética 1940-1963, titulada El Linaje de los Años: “puede decirse que exhala perfumes, salpica colores e inventa formas como un jardín; a la vez que reúne la embriaguez, sazón, eclosión y encantamiento de la primavera”.

Añade: “Dentro de esos campos semánticos es la flor la realidad de ese o esos estallidos. Aunque generalmente giren en torno a la vida, a veces perfuman o dicen del silencio quieto y frío de la muerte”.

Concluye: “Se citan heliotropos, lirios, violetas, jacintos, glicinas, margaritas, iris, magnolias, jazmines, madreselvas, claveles, laureles, rosas, nardos, azucenas, mirasoles y campanillas”.

En ‘Amparo’ como justificando este musical, lírico jardín, expresa: “Ahora entiendo el lenguaje de las flores; / oigo hablar a las piedras, e imagino / la voz celeste de los ruiseñores” (p. 15).

Por su parte, el poeta paranaense Luis Sadi Grosso dice de Ruiz: “Es de pensar que la poesía de Luis Alberto Ruiz no puede tener epígonos. Ni jóvenes ni viejos. Unos por la falta de tiempo calendario para muñirse de conocimientos con que alimentar sus poemas–estudio–experiencia; otros porque ya tendrán formado su material expresivo –también estudio y experiencia-”.

ESTILOS

Sobre su poemario Cantos epilogales, editado en 1981, dice Grosso que “los poemas de este libro parecen haber sido escritos con lágrimas, sobre un esplendor de alegría. Es el coro de los muertos y los vivos asistidos por el conocimiento y la posesión del principio y el fin y su eternidad. Algo así como el misterio que esplende en el aura del sabio y en la sombra del bruto”. Como siempre contundente Grosso.

Y el poeta paranasero agrega una perlita personal: “Recuerdo que, en 1955, cuando apareció mi libro Odas ínfimas, me dijo después de leer el Poema para mi muerte: ‘qué bueno; yo todavía no he llegado al poema conversacional’. En ese tiempo yo no entendí del todo bien, porque yo sentía sus poemas como una conversación conmigo. Después sí, cuando logré separar mi arbitraria simpatía, me di cuenta de que me hablaba de un estilo, de un vehículo expresivo, fluyente como la vida que se hace eterna en la muerte.”

Y vaya un aperitivo para tentar el apetito de leer al poeta.

De su “Sermón al vino” leemos: “Acuéstate junto a mí, tú tampoco duermes / La copa es nuestra lámpara / a la luz de este vino / veré tu desnudez. / Acuéstate y amémonos. Mañana, / aunque estemos tan juntos como ahora, / sólo tendremos sobre el alma y los labios / tierra lodosa y fría / Bebamos otra vez, siempre bebamos otra vez. / Los muertos no beben vino, / sino el agua corrupta de las criptas / o ese alcohol misterioso de las lágrimas”.

Bibliografía

  1. AA., Enciclopedia de Entre Ríos, Literatura (1979), Arozena Editores, Paraná, tomo VI.

Salvarezza, Luis Alberto en https://genoma.cfi.org.ar/

Más temas sobre nuestra región se pueden hallar en la revista digital Ramos Generales disponible en http://lasolapaentrerriana.blogspot.com/.