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jueves, octubre 1, 2020
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    Selva Almada: «Las relaciones varoniles tienen que ver con la violencia, con agruparse para violentar»

    La nueva novela de la escritora entrerriana, «No es un río», indaga en el universo masculino a través de los pactos y alianzas entre varones, la memoria del recuerdo de un amigo muerto y los conflictos entre locales y foráneos. Es el cierre de una trilogía que comenzó con «El viento que arrasa» y continuó con «Ladrilleros».

     

    Con un texto depurado que hace hablar al paisaje -al monte, al agua- la nueva novela de Selva Almada «No es un río» indaga en el universo masculino a través de los pactos y alianzas entre varones, la memoria del recuerdo de un amigo muerto y los conflictos entre locales y foráneos, para hacer fluir, como la corriente del agua, un encuentro de historias con distintos personajes de pueblo que bordean la certeza entre sueño y realidad.

    Publicada por Penguin Random House, «No es un río» significa el cierre de una trilogía que la escritora entrerriana comenzó con «El viento que arrasa» (ganadora en su traducción al inglés del First Book Award del Festival del Libro de Edimburgo) y continuó con «Ladrilleros», donde explora los vínculos entre varones en parajes de provincia, rurales, inhóspitos o naturales, como en esta novela donde el río y el monte, la isla que conforman, como los personajes, también hacen hablar a las vidas que se entrelazan.

    «Cuando empecé ‘El viento que arrasa’ no sabía que iban a seguir estas dos novelas, de hecho cuando escribí ‘Ladrilleros’ tampoco lo sabía. Pero cuando aparecieron las primeras imágenes de esta novela pensé que entre las tres podían formar una especie de trilogía porque están concentradas en personajes masculinos y en el universo de los varones», cuenta Selva Almada (Entre Ríos, 1973), desde su casa de Abasto, en La Plata, en una entrevista con Télam.

    Y «No es un río», como dice la autora, bordea «la ambigüedad» desde la primera escena. Está narrada con reveses al pasado y al presente y construida de a tramos con historias distintas. En realidad es una novela que habla sobre la amistad y el conflicto, sobre los vínculos entre amigos, amantes, madres e hijas, tíos, vecinos y conocidos; que habla del amor pero también de la disputa entre los locales -los que reconocen el monte con ojos cerrados- y los que lo visitan, no muy lejanos de esa geografía.

    Como cierre de una trilogía, «No es un río» “clausura mi interés en la indagación en el universo masculino. En las tres novelas se explora eso de manera diferente y aparecen distintos aspectos de lo varonil. Ahora quisiera escribir otras cosas, no quiere decir que no vuelva a escribir personajes varones, no quiere decir nada definitivo en realidad. Pero creo que de alguna manera sentí, mientras escribía esta novela, que las cosas que me preguntaba ya estaban. En realidad me las sigo preguntando porque tampoco es que las novelas terminan de responder nada, al contrario. Empezás a escribir a partir de preguntas y en el transcurso de la escritura en vez de aparecer respuestas siempre aparecen más preguntas”.

     

    LEJOS DE ESTEREOTIPOS

    Alejada de una mirada estereotipada sobre la figura masculina en el medio rural, en esta nueva novela de la escritora aparecen los pactos y las alianzas con contrastes entre los personajes. “Esa mirada está en mis novelas porque sería pasar por alto una parte casi constitutiva de las relaciones varoniles que tienen que ver con la violencia y con agruparse para violentar, una característica muy masculina porque las mujeres no nos agrupamos para violentar. Tiene que ver con esos pactos de masculinidad y los varones que se construyen en mis historias padecen esa marca. Pero también me gusta pensar en personajes llenos de matices, no lineales. Un personaje no deja de ser muy parecido a una persona y las personas tenemos matices, no somos tan claras y transparentes”.

    En este sentido, la escritora considera que “así como está este ingreso medio básico del mundo masculino, ese más recurrente, también está la posibilidad de que esos hombres puedan establecer otro tipo de lazos entre ellos y con su entorno”.

    Así como en «Ladrilleros» aparecía la posibilidad de un personaje “muy heterosexual como el Pájaro Tamai, abismado por ese amor repentino que lo atraviesa por otro varón, primero resistiéndose pero después entregándose pese a un contexto hostil a ese tipo de relaciones, en «No es un río» los isleros pueden ser muy violentos con los forasteros pero también tienen una nobleza y una entrega hacia la naturaleza, el río, el monte. Son lugares de los cuales extraen pero también entregan. Y ese matiz está en los personajes: pueden ser violentos pero también pueden tener lugar para decir, como el César, que estaría dispuesto a criar las hijas de otro por amor a una mujer. Me gustaba trabajar distintas caras de lo mismo. No estoy inventando nada, muchas de las cosas de esos personajes las he visto en personas de carne y hueso”.

    Escribir estas tres novelas, marca una etapa para Almada, quien ahora se apresta a retomar otros caminos literarios. “Escribí un par de cuentos, más que nada por pedidos, y me di cuenta que, con otro relato que había escrito hace un par de años, empezaba a aparecer el universo de los cuidados: personas que se ven obligadas a cuidar a otras. Me parece que ahí se puede abrir otra serie de preguntas y de repente es un rastro que me interesa seguir, ya no tanto del universo del género porque en uno de los cuentos el que está obligado a cuidar es un varón. Pero el tema no vino desde afuera; por ejemplo, en la revista Granta me habían pedido escribir sobre el aire y ahí apareció el personaje con una enfermedad crónica”.

     

    AÑORANZAS

    Hace veinte años que Selva Almada vive en Buenos Aires, de todas maneras, reconoce “no es que me fui de los lugares en los que crecí y jamás volví. Tengo una relación frecuente, de ir a Entre Ríos, Santa Fe o al Chaco, donde también tengo familia de parte de mi marido. No me desvinculé absolutamente de esas historias. Y por otro lado, las vivencias de la infancia y los primeros años de adolescencia son una marca fuertísima. Podría estar escribiendo toda la vida cientos de novelas con las cosas que viví, conocí, o con las personas me crucé los primeros quince años”.

    En ese recorrido, no olvida su vínculo con el río que, reconoce, fue tardío “porque yo me crié en Villa Elisa y ahí tenía la vivencia de los arroyos pero no del río, no tan cerca para que fuera un paseo habitual. La relación más entrañable con el río empieza cuando me voy a vivir a Paraná. Después de terminar el colegio secundario me fui a estudiar y estuve diez años. Y ahí sí fue la conmoción de encontrarme con ese pedazo de río que es el Paraná, una monstruosidad, ahí empezó mi relación. Y es el paisaje que más añoro, es lo que echo de menos de vivir lejos. Más allá de que en Buenos Aires tenemos el Río de la Plata pero no está incorporado a la ciudad como puede estarlo en Paraná”.

    En el trabajo de Almada que acaba de editarse, el río es un territorio en disputa, el conflicto que se narra nace en él y por él. “En la novela, particularmente, y en la experiencia real, el río es el cuerpo que viene a ser avasallado por estos hombres que no pertenecen ahí, o sea que vienen a saquear, a matar o a llevar por diversión. Y eso provoca el encono y el enfrentamiento. El agua, la naturaleza, como un cuerpo avasallado por el machismo, por el creer que está ahí te pertenece y puedo tomarlo porque está ahí”.

    Como en sus trabajos anteriores, en este trabajo de la escritora hay una búsqueda por el tono, la depuración del lenguaje. “No soy una escritora de largo aliento. Tiene que ver con que siempre escribo de más para recortar y porque me interesa el tono. Estuve mucho tiempo sin escribir la novela, teniendo una parte. Pero cada tanto volvía y siempre le sacaba cosas, entonces cuando la retomé, entre el año pasado y sobre todo este verano, tuve que escribir mucho para empezar a sacar. Que no esté dividida en capítulos también fue una decisión, nunca hay un corte más que pequeños saltos de líneas. La idea era que gráficamente pudiera acompañar la corriente de un río, la cosa sinuosa del agua”.

     

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