27 C
Paraná
jueves, diciembre 1, 2022
  • Muy
Más

    Pueblos originarios: una deuda occidental

    Entrevista a Romina Arapeiz

     

    De cara al Día Internacional de los Pueblos Originarios, aprovechamos para analizar la construcción de esta fecha como convención social y reflexionar sobre el trasfondo político que aporta la cosmovisión ancestral. NOSOTROS entrevistó a Romina Arapeiz, integrante de la Comunidad Charrúa de Paraná, del Programa de Interculturalidad y pueblos originarios y quien también forma parte del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir.

     

    Textos: Guillermina Ferraris

     

    El 9 de agosto de 1992 surge una disposición de la Organización de las Naciones Unidas para comenzar a armar una serie de comisiones que empezarían a tratar cuestiones vinculadas a pueblos originarios. En 1994 se expande por muchos países como fecha “formal” el Día Internacional de los Pueblos Originarios.

    Romina Arapeiz es integrante de la Nación Charrúa de Paraná y del Programa de Interculturalidad y pueblos originarios de la Uader. Además forma parte del Movimiento de Mujeres Indígenas por el Buen Vivir.

    Consultada sobre este tema, explica que aunque esta fecha se utilice para recordar que las diferentes temáticas relacionadas a Pueblos Originarios forman parte de algunas agendas internacionales, lo cierto es que “para nosotros como pueblos originarios o como Nación Charrúa, no significa mucho profundamente. En realidad es una fecha meramente conmemorativa, la gente recuerda que existimos, que estamos sufriendo muchas circunstancias difíciles, sobre todo en la situación de pandemia en la que estamos, pero como siempre decimos: la verdad es que existimos y luchamos por nuestros derechos, todos los días La gente sólo nos da visibilidad o nos recuerda en fechas determinadas, pero eso no cambia ni transforma nuestra realidad”.

    También aseguró que “si bien no es una fecha que tomemos como conmemorativa o de celebración, sí quizás la tomamos de reflexión, para recordar que a pesar de que hace tantos años que se plantean este tipo de fechas conmemorativas internacionalmente, la situación de los pueblos originarios y las diferentes comunidades o naciones indígenas no son transformadas profundamente, desde el racismo estructural que hay hasta las diferentes políticas que terminan siendo excluyentes”.

    “Desde la Nación Charrúa y nuestra comunidad acá en Paraná tenemos una perspectiva diferente porque no somos ni fechistas ni monumentalistas, entonces para nosotros las simples conmemoraciones que muchas veces son impuestas por organizaciones como la ONU, no pertenecen a nuestros calendarios originarios. Creemos que aunque es un buen gesto, la creación de monumentos o fechas conmemorativas no transforma de fondo la situación de invisibilización y exclusión que vivimos los pueblos originarios”, continuó.

    Se trabaja internacionalmente «para lograr la colaboración entre países», porque muchas veces el territorio de las naciones indígenas trasciende los límites de las naciones posteriores, se supone que el trabajo mancomunado entre países permitiría lograr políticas mejores y más acordes a las diferentes naciones indígenas, a su cultura, sus necesidades y sus cosmovisiones, sus modos.

    Sin embargo, Romina afirma que “así y todo la fecha no ha tomado las dimensiones de materialidad y real contribución de los países. Para nosotros es una fecha de reflexión sobre lo que se ha hecho y lo que no. Es decir lo que todavía falta por hacer, en cuanto a reivindicación de derechos, que es mucho. Más que una fecha para celebrar es una fecha de crítica y debate hacia todo eso”.

     

    Cosmovisión indígena sobre el territorio

    En relación a la situación de crisis ambiental y sistémica que concibe la visión occidental, Romina esclarece que “nosotros no lo planteamos específicamente con esas palabras pero claramente pensamos que hace años está en crisis el sistema. También sabemos desde hace años que este sistema no puede durar mucho y no puede ser pensado a futuro, si pensamos el tiempo de forma lineal. De hecho nuestros propios sistemas y organizaciones más antiguas y ancestrales, que muchas veces tratamos de sostener, no tienen que ver con este tipo de sistemas, ni con el extractivismo. No tiene que ver con las formas patriarcales y tampoco con el máximo beneficio o la acumulación de capital”.

    Para esta cosmovisión, la crisis ambiental es algo que se toma como propio. “Es el daño que nos hacemos a nosotros mismos, porque a diferencia de la división que muchas veces se plantea entre lo humano y lo animal, lo humano y lo natural o el ambiente como algo alejado, para nosotros no existe esa división. Formamos parte de lo mismo y sentimos que cuando le hacemos algo al ambiente nos estamos haciendo algo a nosotros mismos” amplia Arapeiz.

    Además profundiza en que “en la línea epistemológica de nuestros propios pensamientos, nuestra forma de vida, creencias y accionar, no vemos una separación y claramente sabemos que los territorios están siendo arrasados hace muchísimos años. Pero también sabemos que en muchos casos no son territorios en los que nosotros podamos tener injerencia o estemos habitando. Si vamos a la situación de nuestra propia provincia, están totalmente parcelados, explotados por el sistema agricultor. En muchos casos es muy difícil poder recuperar o pensar una vida en ese territorio que ha sido arrasado, que no tiene nada de lo que se podría llamar la flora y la fauna, que pertenece al lugar.

     

     

     

    RESUMEN DEPORTIVO

    Lo más leído

    Agroclave