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domingo, septiembre 20, 2020
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    Reutilizar, un gesto corriente que puede multiplicar el valor

    Se ha vuelto frecuente que los vecinos vendan ropa usada en buen estado a través de tiendas online, redes sociales como instagram, facebook y showrooms que montan en sus propias casas, tomando las medidas de higiene que el escenario actual requiere. La iniciativa resulta una alternativa de autogestión y una posibilidad económica para vestirse a bajo costo.

     

    Valeria Robin / [email protected]

     

     

    Procurarse un ingreso y proveerse de lo necesario pueden ser parte de una visión diferente del mundo, de las cosas y de los seres humanos. Esta es en algún punto la experiencia de los que venden indumentaria ya estrenada por otros pero que se encuentra aún en impecables condiciones para continuar prestando un servicio cierto. Cada vez son más los emprendedores que, al buscar una salida económica, encuentran otra clave para abordar la vida.

    Un relevamiento de EL DIARIO permite asomarnos a la realidad de quienes entienden la venta de ropa usada no sólo como fuente de ingresos, y una alternativa de autogestión,  sino un paso firme hacia la consolidación de una economía circular, en donde proveerse de indumentaria sea parte de un ritual distinto.

    A continuación, una serie de casos que reflejan, en resumidas cuentas, el avance de una modalidad que lenta pero sostenidamente va creciendo en la ciudad.

     

    Eugenia, de Vinilo Feria Americana

    “Estoy en el mundo de las ferias hace más de seis años; empecé visitando las de Santa Fe, porque algo se estaba movilizando en mí con respecto al consumo desmedido de FastFashion (moda rápida), y porque además me gusta mucho la moda, los diseños de las prendas y era como encontrarme con pequeños tesoros. Tiempo después, me puse a vender online prendas mías que ya no usaba y también de algunas  personas conocidas.

    El proyecto original se llamó El Altillo, incluso llegué a tener un local en calle Além que duró más de tres años y del que tengo muy lindos recuerdos. Una vez que cerré el local, abordamos con una amiga este nuevo proyecto que llamamos Vinilo pero, en esta oportunidad,  de manera itinerante. Al principio hacíamos ferias en distintos lugares, pero luego cada una debió ocuparse de sus respectivas carreras así que lo dejamos en suspenso. Este año volví a retomar la feria sola pero con el mismo entusiasmo de la primera vez.

    Desde la pandemia todo es distinto: antes había más posibilidades de mostrar los productos ya sea en ferias que se organizaban en distintos lugares o en tu propio showroom o local. A la gente le gusta ver y probarse lo que va a comprar así que se vuelve un poco más complejo. Sin embargo, en esta nueva normalidad hay que destacar plataformas como Instagram que te permiten de igual manera un gran alcance, aunque hay que ser más creativos.

    Desde que estoy con esto aprendí que la gente por lo general compra prendas de estación. Buscan ropa que esté en buen estado (sin manchas, pelotitas o roturas) y casi siempre que sean prácticas para trabajar, ir a la universidad, a la escuela, etc.  Ahora está muy en auge lo vintage, por la calidad y el diseño de las prendas de antes.

    Al estar incorporándome otra vez en el mercado de ropa usada, intento crear contenido interesante en las redes, e interactuar con les clientes a través de diferentes consignas. Creo que ya no se trata sólo de ofrecer un producto sino que tiene que ver más con una conexión que se crea con los consumidores, una especie de identificación que muchas veces se alcanza y otras veces no. Estoy trabajando en eso”.

     

    Cecilia y Belén, de Jónica Feria

    “Hace casi 2 años empezamos con la feria. La idea siempre fue generar una reciprocidad. Nosotras necesitábamos generar ingresos para solventar otros proyectos, había mucha ropa que no estábamos usando y la necesidad de hacer espacio.

    Nosotras no compramos ropa, lo que vendemos son prendas que eran nuestras o de la familia. Decidimos vender a bajo costo para que la ropa circule fomentando también la ecología, la ayuda comunitaria y el intercambio; muchas veces nos encontramos con otros emprendedores con los que hacemos trueque. También, las bolsas que entregamos las hacemos con retazos de tela para no tener que invertir en eso y para que se puedan reutilizar.

    Nuestro equipo siempre es muy grande pero en la base somos dos personas las que nos encargamos de la estética, las fotos, la publicidad, la reparación y limpieza de las prendas, el envío y la administración en general. También trabajan circunstancialmente con nosotras amigues y familiares.

    Con la pandemia tuvimos que repensar muchas cosas. Se estancó nuestro proyecto de hacer una feria abierta y con las prevenciones tuvimos que frenar las ventas. Paramos 3 meses no sólo para reorganizarnos sino porque teníamos miedo al contagio. Cuando pudimos volver mejoramos nuestro sistema de envíos, hicimos un plano para visualizar las zonas y extendimos el radio de reparto. Antes hacíamos sólo envío en bici pero con todo esto tuvimos que agregar una moto para los envíos más lejanos. Tratamos de no hacer citas en nuestro lugar pero a veces las personas eligen o prefieren ahorrar el costo del envío.

    La mayoría de las personas que nos compran son jóvenes que se vinculan por Instagram; no de un sector específico sino más bien movilizado por varios factores: la moda cíclica, los precios y la consciencia de consumo sumado a que tratamos de generar un ambiente libre de estereotipos. Nos compran todo tipo de prendas y ahora estamos pensando en sumar también accesorios.

    Después de esos 3 meses de inactividad repensamos la imagen y la comunicación acentuando nuestro mensaje y postura no sólo con respecto a los precios y al reciclaje sino también contemplando el cambio de paradigma en cuanto a las identidades. Pertenecemos al colectivo LGBTIQ+ y nos es imperioso crear un espacio seguro y respetuoso para todos, todas y todes.

    Si bien tuvimos pérdida económica creemos que en este tiempo de cuarentena hemos tenido una gran repercusión que asociamos no sólo a la necesidad económica de la gente sino también a nuestras nuevas formas de expresión”.

     

    Luciano, de Feria Prodigy Vintage

    “Además de Prodigy Vintage, tengo un showroom con un amigo, en el que revendemos ropas de marcas conocidas. Cuando empezamos con ese emprendimiento nos fue bien, pero al tiempo necesitamos dinero para invertir y seguir creciendo, y fue ahí que vi la feria vintage como alternativa.

    En el barrio es común ver ferias temporarias que se instalan en las viviendas,  o el caso de alguna persona que vende sus propias prendas en la plaza; creo que es una costumbre que tiene muchos años, pero nunca había alcanzado tanta fuerza como ahora. Aprovechando esta situación y que siempre me interesó el tema porque estudio diseño de moda, me decidí encarar la venta como una fuente de ingreso para mis gastos.

    Comencé hace unos siete meses, por iniciativa propia y gracias a que tengo un amigo que me apoya desde su página, porque la mayoría de las ventas se concretan a través de internet.

    Vendo ropa mía, de mi papá, algunas que me han donado y otras que fueron intervenidas con diseños propios.

    Con la pandemia cambió la relación con los clientes: antes podían pasar por casa a probarse la prenda, y ahora directamente les envío un cadete, para cuidarme y cuidarlos.

    Las ventas, lejos de decaer, se han incrementado durante el aislamiento; y lo que más se ha vendido son remeras, porque suelen ser las prendas más accesibles.

    El sector que motoriza las compras son las mujeres; especialmente aquellas que no se dejan llevar por la moda y que se visten como quieren; mis clientas suelen ser personas que consideran que la ropa no tiene género.

    Hoy por hoy, gracias a la feria cuento con el dinero para algunos gastos inevitables como la cuota de la facultad.

     

    Sol y Eli, de Lemon’s Feria Vintage

    “El nuestro es un pequeño emprendimiento entre hermanas que se pensó y desarrolló en cuarentena.Si bien nos dedicamos a otras actividades, estar tanto en casa hizo que buscáramos diversos pasatiempos, como ordenar la ropa, que fue el que más nos entretuvo y nos motivó a crear este Showroom Online.

    Solemos donar ropa a distintas organizaciones, y también suelen acercarse familias a las que desde hace muchos años ayudamos conropa. Además, nos ha pasado de comprar cosas que después no terminamos usando por distintos motivos: o no nos queda como pretendemos, o es grande, chica, o no sabemos cómo combinarla, etc. y la terminamos guardando porque creemos que vamos a usarla y eso no sucede. Hoy disponemos de prendas, calzados y distintos accesorios que son prácticamente nuevos y que hemos adquirido con bastante esfuerzo, por lo que decidimos comercializarlos, porque también creemos que merecen una segunda oportunidad.

    Lemon’s es una feria vintage (y no tan vintage) que se destaca por tener un showroom 100% online y envío a todo Paraná. Todas las prendas publicadas tienen una descripción muy precisa porque no tienen devolución (esta política de venta surge porque muchas veces las prendas devueltas no se encuentran en las mismas condiciones en las que fue entregada). Cuando nos contactan por mensaje directo solemos enviarles más fotos (de excelente calidad) a nuestros clientes para su tranquilidad. Asimismo, contamos con facilidades de pago, ya que mediante mercado pago se pueden financiar las compras en cuotas. Nuestro objetivo, con respecto al envío, es que sea rápido y eficaz, por eso entregamos todos los días por la tarde.

    En relación a nuestros clientes, no existe un rango de edad ni sexo que compre más; en general la mayoría de las personas tienen disposición a la hora de consultar y comprar. En ese sentido, creemos que en parte se debe a nuestra forma de trabajar, porque lo hacemos como amor y esfuerzo”.

     

     

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