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lunes, septiembre 28, 2020
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    Los sueños inconclusos de la calle del entubado

    Al costado del Centro Comunitario “Mitre”, una calle ha logrado vincular orillas que permanecieron distantes por décadas, en una especie de abismo urbano que estuvo conformado por sus avenidas circundantes.

     

    Víctor Fleitas / [email protected]

     

    Ese paralelogramo dibujado a mano alzada que constituyen las avenidas Pronunciamiento y Alvarado, Ejército y De las Américas, ha alimentado desde que se tenga memoria las referencias al deterioro urbano en Paraná.

    Para la ciudad que se despliega desde las vías hacia el río ha sido la piecita del fondo en el patio trasero, esa que se esquiva cuando a una visita se le enseña la casa. Semiescondido entre murallones ferroviarios y tapiales castrenses, el sector ha sido también uno de los depositarios predilectos del prejuicio ciudadano y, en la misma medida, fue tradicionalmente olvidado por las políticas públicas.

    Por cierto, el arroyo Antoñico dividía como un tajo esa barriada -de este a oeste- y, al hacerlo, agregaba una pared más al laberinto. Se la podía bordear con doble sentido de circulación por el norte inhóspito, el sur intimidante, el este de paso y el oeste residencial; y hasta era frecuente revolear desde el puente sobre Avenida Ejército las bolsas de residuos de familias que hacían un culto al decoro y las mejores costumbres paranaenses. Pero internarse en sus calles era una ignominia.

    La convivencia con la basura y los roedores, el rancho con piso de tierra, la militancia social y política, los que se tiraron del tren con lo puesto y se fueron quedando, la satisfacción de ver los chicos divirtiéndose con un programa de excepción que incluía chocolate patrio y carrera de embolsados, el senderito fétido para llegar al hogar, el empuje con rostro de mujer que ningún cartel nombra, las ansias testarudas de progreso, la que estudió para maestra, las hiladas -una a una- para quien está en camino, el trabajo en la penumbra de las leyes, la presencia oportuna de la “asistente social”, la biclicleta o el triciclo como expresión de lujo, el sacrificio de una generación para que la siguiente no pase por lo mismo no son expresiones huecas o lugares comunes en estas manzanas, cuya morfología parece inexplicable para los que sólo la analizan desde los capítulos iniciales de los tratados de geometría. Así es, estas apelaciones afloran como relatos encarnados en las historias individuales, apenas se descascara la pintura a la cal de la comunicación circunstancial.

    Aún hoy que el arroyo es una referencia soterrada, la trama vial parece brindar un mensaje: probablemente seamos la confluencia de aquello que deseamos y lo que nos dejan ser, quién sabe; pero no hay mañana sin horizonte y no hay viaje que se precie de tal si no se está dispuesto a dejar en el pasado lo que ya no sirve como porvenir.

     

    ASPECTO CAMBIADO

    En la nueva trama vial hay calles que han cobrado un notorio protagonismo porque permiten una transitabilidad ágil. Su máximo aporte es que ayudan a sortear un sistema de pasajes sin continuidad, algunas veces incluso circulares, como si el camino hubiera encontrado un obstáculo insuperable, al que es mejor rodear que enfrentar.

    Una de ellas es Tomás Guido, cabeza de una víbora ciega que se llama Pascual Palma cuando cruza el ferrocarril y le suelen decir General Espejo después de un pequeño distribuidor sobre la veloz Pronunciamiento. Es una arteria muy utilizada, con nodos de peligrosidad vial, que no obstante permite llegar rápido al hospital de la Baxada y, desde allí, al sureste de la ciudad.

    Esa arteria, sencilla, corriente, es parte también de un modesto relato épico: da cuenta de la voluntad y la decisión por romper el mito de invulnerabilidad que pesa sobre algunos tabiques urbanos en Paraná.

    La calle del entubado y Tomás Guido han conformado una nueva centralidad sectorial. Foto: Gustavo Cabral

     

    COLUMNA VERTEBRAL

    La otra calle que ha adquirido un alto valor es una especie de continuación de Galán al este, desde el cruce semaforizado con Avenida Ejército. Es un atajo al que se accede luego de una curva y contracurva. Arranca al costado del Centro Comunitario Mitre, en un entorno donde predomina el espacio verde, carácter que irá menguando y que desaparecerá más allá de la segunda rotonda, cuando forme parte de una misma correntada con Gutiérrez.

    La calle en cuestión no tiene nombre. La llaman Del entubado. Es un sector en transformación, donde se alternan frentes de casas de material y tapiales o patios traseros de lo que supo ser esa parte que las propiedades compartían con el arroyo.

    Luego de Gutiérrez (cuya traza es paralela a Galán), la calzada se reducirá, el cantero central se esfumará en un desdichado pase de magia y los pocos juegos infantiles existentes empezarán a ser mirados desde lejos, mientras los árboles serán sólo los que cada propietario haya plantado.

     

    PROCESOS

    Desde entonces y hasta Tomás Guido la calidad constructiva promedio irá decreciendo. Como una marca, los tejidos perimetrales dejarán asomarse a las características que asume la convivencia de familias numerosas en estrechas superficies cubiertas y se hará habitual la presencia de aguas servidas produciendo musgo junto al cordón cuneta.

    Esta calle, sin denominación, de la que hablamos, tiene una paralela hacia el sur: Emilio Caraffa. Una y otra traza parecen dibujadas por el mismo niño, con crayón oscuro sobre un papel afiche anaranjado. Caraffa debe tener méritos que acaso no se perciban a primera vista. De hecho, vehículos de todo tipo la transforman en trayecto elegido.

    Los líquidos cloacales recorren tanto Tomás Guido como Caraffa y la calle del entubado. Foto: Gustavo Cabral

    Cuenta, eso sí, con una nota característica: las bocas de inspección de las instalaciones cloacales brotan como si fueran aguas termales del infierno.

    Lo hacen a toda hora, con impudicia, con exageración, con indiferencia. En esta ochava, en aquella vereda. No les importa si el reportero gráfico transforma su devenir apestoso en postal periodística. Sencillamente fluyen, constituyéndose en uno de los índices de que por aquí falta mucho por hacer aún.

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