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lunes, septiembre 28, 2020
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    Se multiplican los reclamos por una ley de humedales

    Pasan las semanas y lejos de resolverse el problema se producen nuevas quemas de islas que, en esta última semana, dejaron bajo una densa nube de humo a distintas ciudades de la región, incluyendo a Paraná. Mientras las protestas se suceden, con pedido de que una ley proteja adecuadamente los humedales.

     

    Guillermina Ferraris / [email protected]

     

    Ayer, entidades ecologistas que integran una Multisectorial se manifestaron en protesta por las quemas que afectan al Delta del Paraná. La caravana partió desde Casa de Gobierno y se concentró en la Plaza de las Colectividades, en la zona de la Costanera Baja de la ciudad.

    En paralelo, también hubo una manifestación en el enlace vial Victoria-Rosario. Los manifestantes que piden una Ley de Humedales, además del cese del fuego y el humo, se concentraron en la cabecera del puente por cuarta vez pero esta vez, cruzaron a pie hasta el peaje de Victoria.

    No son las únicas protestas. El 5 de agosto, luego de varios días de incendio que generaron una gran cantidad de humo y cenizas, que se fueron trasladando a varias ciudades del litoral, el Gobierno de Entre Ríos declaró la emergencia ambiental en la zona de islas del delta del río Paraná. Respetando el uso de barbijo y la distancia social, se realizaron concentraciones en las ciudades de Paraná, Santa Fe y Rosario, las principales afectadas por las quemas.

    Los incendios son una práctica muy naturalizada en nuestro país, que se ve enmarcado en una matriz productiva no sustentable. Sin embargo, esta vez lo llamativo fue que luego de que la noticia se expanda a nivel internacional, y de que se realicen marchas a favor de una Ley de Humedales en las ciudades de Rosario y Paraná, la quema de espacios verdes se multiplicó. Entre el martes y el jueves pasado, también se provocaron incendios en Santo Tomé, San José del Rincón y Arroyo Leyes (Santa Fe).

     

    POR QUÉ QUEMAN

    Laura Correa es estudiante de la Licenciatura en Biodiversidad, integrante de Ecoclub Paraná y de la Fundación Eco Urbano. En relación a los motivos, explicó a EL DIARIO que en la mayoría de los casos, estas quemas son generadas para la renovación de las pasturas, para el consumo de ganado. Ocurre que si las pasturas sobrepasan determinada altura ya no se pueden consumir.

    “En primer lugar ocurre por la expansión de la frontera agrícola. Nuestro país así como la mayoría de los países del mundo, sostiene un modelo de producción que vino a profundizarse en el año 96, con la caída de la soja transgénica y con un paquete de venenos que eran necesarios para la producción de la misma”, introdujo Correa y continuó señalando que “esto genera que se necesiten cada vez más tierras y terrenos para la expansión de la agricultura, entonces había que buscar otras alternativas para estos animales que antes se criaban en campos. Una de ellas es el feedlot, que consiste en mantener al ganado en un espacio reducido y engordarlo. Y otra que se encontró fue el traslado de los animales a las islas, para no ocupar esas tierras en la producción de ganado y sí en la plantación de soja o trigo”.

    En ese sentido, esta estrategia representa un beneficio económico muy grande para los grandes productores, porque no tienen que pagar el alimento del ganado, simplemente se los traslada a las islas, se queman las islas y ellos ahí se alimentan de las pasturas que van surgiendo.

    Sin embargo, también existen algunas causas que vuelven más intensas las quemas que estamos viviendo en este momento: por un lado la bajante histórica del río Paraná y por otro, el estar atravesando una estación seca, hace que el material inflamable que se encuentra en las islas intensifique el fuego. Laura explica que además “estamos viviendo un fenómeno de cuatro años en los que la intensidad y la cantidad de las lluvias va a ser cada vez menor. Otra cuestión es que en muchos lugares del Delta se han terraplenado los terrenos y se han obstruido los cursos de agua, que eran cortafuegos naturales. Ahora no pueden funcionar como tal”.

     

    EL ROL DE LOS HUMEDALES

    Nuestra entrevistada explica que por lo general, entendemos la biodiversidad como la variedad o la cantidad de especies que hay en un determinado hábitat, “pero nos olvidamos de que como seres humanos, también formamos parte de esta diversidad. A la hora de ver los impactos y de tomar medidas de prevención, es muy importante considerar todas las poblaciones asociadas y la cultura que tenemos en relación a estos ambientes”.

    Si hablamos de consecuencias directas de las quemas actuales, en primer lugar se encuentra la muerte de los seres vivos que allí habitan, o su desplazamiento por la destrucción de ese hábitat.

    Consultada por los beneficios de los humedales y qué pasaría si no los tuviésemos, Correa profundizó en que “funcionan como esponjas, absorben grandes cantidades de agua, la retienen y la van liberando de a poco. Esto permite que se regule el ciclo hídrico y que las grandes inundaciones o sequías no tengan efectos tan importantes para la vida. También tienen una gran cantidad de flora y fauna asociada, que ha evolucionado durante miles de años en conjunto con estos ambientes porque esta diversidad necesita ciertas características que le permiten vivir en períodos de inundación y períodos de poca agua”.

    Explica que también tienen la capacidad de filtrar las aguas y un valor cultural muy grande. En síntesis, la diversidad nos permite subsistir y adaptarnos a los nuevos desafíos que se nos van presentando.

     

    Por una ley efectiva

    En cuanto a la Ley de Humedales, el principal reclamo que se realiza desde las organizaciones sociales es que tenga una mirada sistémica o ecocéntrica, es decir que se tome al ambiente como un sistema completo, del que los seres humanos también formamos parte. “Todo esto incluye muchísimas aristas que generalmente no son previstas o no se toman en cuenta. Otra cuestión es que tenga una mirada preventiva, es decir que se puedan prevenir situaciones como la que estamos viviendo ahora” remató la entrevistada.

    Uno de los pilares fundamentalmente ineludibles, para concretar la expansión de una mirada sistémica es la participación ciudadana, que incluye tanto a la sociedad civil, como las universidades, a las y los investigadores, los pescadores o personas que habitan y trabajan este territorio, pero también a las organizaciones sociales y ambientalistas.

    La cuestión presupuestaria resulta algo crucial para enfrentar los desafíos de la época. “Sabemos muy bien que por lo general la parte ambiental nunca tiene un presupuesto suficiente para poder solventar y solucionar los problemas actuales. Es un punto importante, al igual que los monitoreos de los espacios privados. Necesitamos que sea una realidad, porque como bien sabemos en Entre Ríos existe una legislación que prohíbe las quemas, pero esto no está sucediendo y las quemas se generan igual. Por último el fomento de una producción sustentable, que no mate nuestra diversidad y que incluya a todos los que habitan el territorio”.

     

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