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miércoles, septiembre 23, 2020
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    Cuarentena: ¿Y ahora cuánto falta?

    Ignacio Grünbaum

     

    Cuando era chico e iba en el asiento de atrás del auto en algún viaje, como todo niño que se precie de tal, siempre preguntaba “¿cuánto falta? ¿Falta mucho? ¿Y ahora cuánto falta?”.

    Recuerdo la paciencia que me tenían mis padres… que se iba agotando a medida que avanzábamos. Hacia el final del trayecto, mi padre ya no tenía tanta paciencia, por no decir que ya estaba re podrido. A punto de abrir la puerta del auto y gritar “¡recreo!”.

    La cuarentena me encontró en familia, con mis hijos de 4 y 2 años. La diferencia principal con aquellos viajes en auto fue que los gurises preguntaron un par de veces cuánto faltaba para que se terminara el encierro y se olvidaron.

    Pero yo volví a sentirme niño cuando me empecé a preguntar “¿cuánto falta? ¿Falta mucho? ¿Y ahora cuánto falta?”. Mis hijos perdieron la paciencia al toque.

    Eso fue al principio. Ahora ya no mido el tiempo en días, sino en soles y lunas. El tiempo pasa distinto cuando estás mucho tiempo con las mismas personas. Nunca pasé tanto tiempo con mi padre como mis hijos pasaron conmigo. Pobrecitos. Pensándolo bien, nunca nadie pasó tanto tiempo con la misma gente en la historia como nosotros ahora. Mis hijos ya me perdieron el respeto, pero bueno, eso fue mucho antes de la cuarentena.

    Con los niños es fácil, si jugás un rato con ellos, todos contentos. Pero cuando se termina ese rato los pibes se aburren. Y tienen hambre. Entonces ponés una peli para que se entretengan. Y tienen hambre. Vos querés hacer un pan casero, porque estás en cuarentena. Y ellos tienen hambre. ¿Cuánta hambre pueden tener estos gurisitos? Por favor te lo pido. Qué difícil que era.

    Descubrí que tengo el síndrome del nido lleno. Tengo miedo de que mis hijos se acostumbren tanto a estar en casa que ya no quieran irse nunca más, terminen tomando la casa y seamos mi pareja y yo quienes nos tengamos que ir. Es lógico, si antes partir del nido era “lo correcto” hoy eso sería quedarse en la casa. Así que, por las dudas, empecé a mirar alquileres.

    Aprendimos a respetar los gustos del otro. Pero los niños de hoy en día se fanatizan con cada porquería. Ver a la cerdita Peppa o tomarse una pepa es casi lo mismo. Si hiciste una, es como haber hecho las dos. Los colores brillantes, la perspectiva rara, animales antropomórficos que terminan riéndose mientras se revuelcan en el barro. La vida misma.

    Dibujitos eran los de antes, con cyborgs mitad halcones mitad humanos. O felinos humanoides que querían ver más allá de lo evidente. La cosa sana, realista.

    Este tiempo de aislamiento en familia nos enseñó que hay que disfrutar de los momentos juntos, dejar que el tiempo transcurra y vivirlo a pleno. Sólo me queda una duda sobre la cuarentena y es ¿cuánto falta? ¿Falta mucho? ¿Y ahora cuánto falta?

     

     

     

     

     

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