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viernes, septiembre 25, 2020
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    “Los caballos te cambian la vida”

    Los integrantes de la fundación “Mi reino por un caballo” son un ejemplo de compromiso social. Desde hace 8 años, intervienen, auxilian, contienen a los equinos que, por diferentes motivos, sufren accidentes o padecen algún tipo de maltrato. Sueñan con la extinción de la tracción a sangre y apelan al cambio cultural para lograr un futuro mejor para los caballos de la ciudad.

     

    Textos: Paola Netto

     

    Jesica Gillij trabaja desde hace años interviniendo en acciones que posibilitan luego la recuperación de estos animales. Movilizada por la situación de indefensión a la que están expuestos cuenta  que “como toda acción voluntaria y solidaria uno arranca en lo individual involucrándose y accionando sobre lo que te moviliza los sentimientos. Así empezamos nosotras, desconociendo muchas cosas, en ese momento era muy difícil hablar de maltrato animal enmarcada en la ley 14.346. Nosotras éramos 4 o 5 que nos presentábamos con nombre y apellido para poder sacar un equino con signos de maltrato. De a poco se fue sumando gente y empezamos a tener contactos con otras rescatistas de equinos de otras localidades, varias ya constituidas legalmente y cuando nosotras le contábamos los problemas que se nos presentaban, siempre nos aconsejaban que nos hagamos una ONG.  A principio del año 2016 nos constituimos como Fundación con Personería Jurídica y damos fe que realmente las cosas son diferentes, para mejor en todo sentido”.

    El primer caso fue el de “Antares”,  un caballito de 2 años y medio con una gran infección  habiendo  perdido el casco, y dos falanges, quien se recuperó,  y debido a no tener un espacio físico donde tenerlo controlado por un tiempo más, enseguida tuvimos que darlo en adopción con el compromiso de que ante cualquier cambio se nos informase, aproximadamente un año después tuvimos que volver a traerlo ya que la infección avanzó y volvió a perder el casco. Unos días antes se había secuestrado  a “Hope”  una yegua de aproximadamente 16 años quien según nos cuentan se había lastimado. En ese entonces el propietario del Magic Circus (salón de eventos infantiles)  nos cedió el  espacio detrás de este, dándonos la oportunidad y la tranquilidad de tener un lugar donde recuperar los caballos.  Antares y Hope fueron la razón de tener un espacio físico para la recuperación, un lugar donde se formó la historia de “Mi Reino”. Para nosotros, ellos dos, Hope y Antares son los verdaderos fundadores. Tristemente les contamos que hace un mes y medio nuestra viejita Hope partió de este plano, dejándonos un vacío inmenso pero siempre será icono de fortaleza para nosotros”.

    Una mirada global e inclusiva

    “Desde la fundación estamos en contra de todo tipo de violencia y siempre intentamos dialogar con los carreros, para saber sus necesidades porque creemos que la única forma de que todo esto cambie es  tratar de a futuro lograr un cambio cultural  con inclusión social a través del trabajo digno y soluble.

    En relación a los caballos rescatados nos emociona ver su recuperación, como se dan cuenta desde el momento cero que uno los va cuidar, ni bien llegan enseguida te ven te relinchan como agradeciendo, sin duda verlos cien por ciento recuperados , y que cierren su ciclo siendo adoptados  nos estalla el alma, constantemente estamos recibiendo  fotos videos de los adoptantes que nos alegran los días, verlos libres perteneciendo a  su nueva manada nos da las fuerzas para seguir adelante, porque en este camino que elegimos muchas veces, también, hay golpes duros”.

    Su dedicación realmente emociona. El trabajo en la fundación es voluntario, los integrantes no reciben nada a cambio más que el agradecimiento de la comunidad y de los equinos, con quienes se llegan a “conectar” muy fuertemente.

    “Los vínculos que se generan no se pueden expresar con palabras, es un sentimiento que uno no puede explicar, sin duda que  se genera una energía increíble conectar con ellos es algo que solo se puede sentir, transmiten paz, tranquilidad, son amor puro, sabemos que ellos nos reconocen a su manera demuestran su amor y agradecimiento, sin duda el contacto con estos seres tan increíbles te cambia la vida, y no puede más que ser algo totalmente gratificante”.

    El trabajo durante el aislamiento

    Durante la cuarentena  no cambió mucho la rutina de la fundación.  “En todo este tiempo hemos intervenido en más de 10 rescates, y las tareas diarias en el predio se siguen cumpliendo teniendo los recaudos necesarios para cuidarnos”.

    Aprendiendo todos los días

    “Cuando un caballo está mal pasamos noches enteras haciendo  postas de guardias. En la diaria, con cada rescatado, es una enseñanza nueva, vamos aprendiendo de cada uno de ellos, y de cada uno de los integrantes de la fundación.  Esta también es nuestra “familia”, como nosotros le decimos y aprendemos de los errores que hemos cometido”.

     

     

     

     

     

     

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