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miércoles, septiembre 23, 2020
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    La justa ubicación de la ciudad

    Paraná: Ayer y hoy. 31 grados y 44 minutos de latitud sur; 60 grados y 31 minutos de longitud oeste. ¿Por qué nació aquí, exactamente aquí, nuestra ciudad? ¿Qué fuerzas de la época impulsaron esta localización humana?

    La Avenida Estrada, acceso al Puerto Viejo, motor del crecimiento de la ciudad.

    Blanca Gioria
    [email protected]

    Estudiar un centro urbano implica, entre cosas, preguntarse porque nació y porqué en el lugar en que se ubica. En el caso de Paraná hay causas geoestratégicas y económicas precisas que lo explican: la existencia de un valioso recurso natural; la lomada, entre el Antoñico y La Santiagueña, para el poblamiento; el río menos turbulento en ese tramo; y la mejor ubicación geográfica para conectarse con la vecina ciudad de Santa Fe y con el área continental, dan una respuesta lógica y simple.

    Las canteras ubicadas en esas barrancas contenían un atractivo económico muy preciado y escaso en la época. Las barrancas entre los arroyos y la mansedumbre del río, ofrecían el lugar propicio para el fondeadero de los barcos; y esas mismas barrancas los protegían de los vientos del Sudeste y de los pamperos del Sur. El sitio de poblamiento estaba, así, casi predestinado por la naturaleza. El resto lo puso el esfuerzo del hombre, a pesar de la precariedad de recursos tecnológicos y financieros.

    El área entre los arroyos, dotada de una altura de unos 70 metros sobre el nivel del mar, dominaba el horizonte de manera despejada, y permitía una mejor fortificación y defensa ante los ataques indígenas, muchos de cuyas tribus vivían en zona cercana a la ciudad, incluso en la Bajada, tal como lo señala César Pérez Colman en el cap. VII de su historia (1).

    En el punto más alto y seguro de ese trozo de tierra llegó a establecerse, precisamente, una empalizada de protección, en cuyo centro se levantó, en 1730, una modesta capilla en homenaje a la Virgen del Rosario. Exactamente en ese mismo sitio, 180 años después, se instaló, como símbolo, la hermosa Catedral. Hacia 1860 el viajero francés Martín De Moussy (2) dijo, reafirmando lo precedente: “la industria principal de Paraná consiste en la fabricación de cal, que se produce en ocho hornos apoyados sobre las barrancas mismas del río. Cerca del puerto la de baldosas y alfarería”.

    Ubicuidad

    La actividad portuaria fue el gran impulso que tuvo la Paraná de los inicios.

    Paraná proveía de su cal a la vecina Santa Fe, a Rosario y a Buenos Aires.
    El lugar constituyó, desde el comienzo, un importante sitio de encrucijada (3) en la relación entre la Mesopotamia y la parte continental de la actual Argentina. Era el único sitio logísticamente apto del río Paraná para unir ambos territorios.

    Constituía, además, el punto de inicio y término del camino Paraná–Asunción del Paraguay, que bordeaba la margen izquierda del río, por donde transitaban viajeros y carretas de carga. Desde la Bajada se trasladaban a Santa Fe, en balsas construidas anudando canoas, vigas de madera dura usadas para la fabricación de carretas, y para edificios de Córdoba, Mendoza, Tucumán, Salta, Jujuy.

    La riqueza natural asentada en sus barrancas calcáreas, la excelente condición portuaria durante los siglos de la Colonia e Independencia, la lomada entre los arroyos, y su posición espacial estratégica entre Asunción del Paraguay y Santa Fe (por ende, con la parte continental de la Argentina), constituyeron factores fundamentales de la presencia y vigencia de Paraná en el tiempo.

     

    El presente

    La ubicación en el sistema del río Paraná fue vital para que se resolviera instalar un puerto por aquí.

    ¿Qué fuerzas actúan hoy, en este siglo XXI? La ciudad cobija más de un cuarto de millón de habitantes, muestra una diferencia abismal con la realidad de los 600 hombres y mujeres existentes en momentos de instalación de la 1º capilla en 1730, y a los también escasos 4000 habitantes (4) que mostraba al momento de alcanzar la categoría de Villa.

    Mantiene sus condiciones naturales, y la capacidad humana para proyectarse con fuerza al futuro, éste es su haber. Pero las fuerzas que actúan en el presente y que muestran cierta fragilidad, se basan en las políticas públicas de planificación urbana que deberían profundizar un proyecto que reafirme el derecho de las personas a la tierra, a la vivienda y a la ciudad. En especial, los instrumentos de planificación territorial de carácter normativo, convendría que se funden en la sostenibilidad del crecimiento urbano en todo su ejido.

    En una provincia absolutamente insular, el transporte fluvial era clave.

    Es necesario recuperar el sentido de ciudad como lugar que instaura la posibilidad del buen vivir para todos, hacer de ella el escenario que permita distintas alternativas de encuentro, de relación, de conflicto entre un grupo muy amplio y diverso de personas, para la construcción de la vida colectiva, donde todos dispongan del Derecho a la ciudad (5) apoyado en una dinámica de proceso y de conquista. Esta concepción tiene como condiciones necesarias la democracia política y la justicia social, que en términos territoriales abarca el acceso a la vivienda, los equipamientos, infraestructuras y servicios, la movilidad, la centralidad y los atributos de amenidad y seguridad urbana. Podría equipararse al concepto de “inclusión”, definida como el acceso de todos los sectores de la población a los atributos y beneficios que brinda la sociedad, en condiciones razonables de ejercicio y de continuidad.

    Revertir este presente debería ser prioridad de todos, y un verdadero desafío para quienes están a cargo de las decisiones y, aquellos que aspiran a tomarlas en el futuro, que tengan presente que detrás de los principios, los objetivos y los fines, detrás de las fórmulas de gestión, de la planificación urbana y detrás de las políticas de desarrollo también subyace una concepción de hombre, en la cual debe basarse el modelo social, y es ese modelo social y esa concepción humanista lo que da coherencia al diseño de la ciudad y al diseño del territorio para proyectarse con fuerza al futuro. Pero es imprescindible el cumplimiento de las precondiciones: ayer la naturaleza actuó a su favor; hoy todo está en manos de su gente.

    Puerto Viejo desde siempre vivió al ritmo del Paraná. Foto: Cirilo Amancay Pinto.

    Referencias bibliográficas:
    (1) Pérez Colman, Cesar: Entre Ríos. Historia: 1520 – 1810. Imprenta de la Provincia de Entre Ríos. Paraná. 1936.
    (2) De Moussy, Martín. Description géographique et statistique de la Confédération Argentine Tome Troisième. París, 1864. Librerie Firmín Didot.
    (3) Cervera, Felipe: Encrucijadas espaciales y procesos históricos en la Argentina. Junta provincial de estudios Históricos. Santa Fe. 2000.
    (4) Sors, Ofelia. Paraná, dos siglos y cuarto de su evolución urbana. 1730 – 1955. Editorial Colmegna, 1981. Págs. 25 y 36.
    (5) Lefebvre, Henri. (1978) El derecho a la ciudad, Barcelona: Península. Cuarta edición (edición original: 1968 – Le Droit à la ville, Paris: Anthropos).

    Puerto Viejo y la crisis del 30

    Algunos edificios que constituyeron el entorno portuario se mantienen hasta hoy. Foto: Gustavo Cabral.

    «Yo era chica. A mí me consta que todos los días, a la tarde, la familia, en ollas inmensas cocinaba para dar de comer a una cantidad inmensa de gente del barrio, que no tenía. Yo digo que, entre tantas cosas de antes, me parece importante también rescatar a esa gente que era tan generosa y que ha hecho tanto bien. Las mujeres de la familia que tanto hicieron por la Parroquia del Carmen que en esa época era como una villa…
    Las maestras que trabajaron con los chicos en la escuela del Puerto son joyas que hasta ahora usted las ve, de 80 o 90 años por lo menos, yo las oigo hablar y me entra un orgullo tan grande…l porque estamos en un momento que están despreciando al maestro. La Comisión Vecinal tiene el nombre de una de ellas, una de las señoritas Zubizarreta». (Del Taller de Historia Oral, que coordinara Griselda De Paoli en el Dpto de la Mediana y Tercera Edad de la UNER, en 1994)

    Postal del Puerto Nuevo, que se enviaba por correo.

    Al margen
    Siempre es oportuno reflexionar sobre la ciudad. El desafío en este caso ha sido enriquecer una acción conjunta llevada adelante entre EL DIARIO y la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader. De esta experiencia participan docentes, alumnos e invitados, con la idea de poner en valor los bienes comunes y también repasar los asuntos pendientes. Para comentarios y contribuciones, comunicarse a [email protected], [email protected] y/o [email protected]

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