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viernes, septiembre 25, 2020
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    Tener actitud es la clave

    En los negocios, en la vida, en el deporte, tener una actitud ganadora asumiendo riesgos es primordial para lograr lo que perseguimos.

     

    Por Carlos A. Sosa

     

    “Dejame decirte algo que ya sabés, hijo. La vida no es un arco iris y nubes rosas. Es un lugar malo y salvaje. Y no le importa lo duro que seas, te golpeará y te pondrá de rodillas, y ahí te dejará si se lo permites. Ni vos ni nadie golpeará tan fuerte como la vida. Pero no importa lo fuerte que puedas golpear, importa lo fuerte que pueda golpearte y seguir avanzando, lo mucho que puedas resistir, y seguir adelante. Eso es lo que hacen los ganadores. Ahora, si sabés lo que valés, andá y conseguí lo que valés. Pero debés ser capaz de recibir los golpes y no apuntar con el dedo y decir que sos lo que sos por culpa de ese o el otro. ¡Eso lo hacen los cobardes! ¡Y vos no sos un cobarde! ¡Vos sos mejor que eso!”.

    Son frases de una película tal vez muy elemental para muchos, con poco guión cinematográfico, pero seguramente, para quienes la recuerdan, una escena de mucha actitud y emoción en la vida.

    La misma pertenece al famoso Rocky Balboa en una gran lección que da a su hijo en la popular Rocky III.

    Estas palabras son contundentes por su simpleza, representan el verdadero significado de lo que entendemos por actitud.

    En los negocios, en la vida, en el deporte, tener una actitud ganadora asumiendo riesgos es primordial para lograr lo que perseguimos.

    Nada se logra sin la actitud de hacer, contar con voluntad y paciencia ya es media batalla ganada. Los conocimientos técnicos y la inteligencia analítica son sustanciales, pero sin transpirar la camiseta, todo aquello es en vano.

    Lo obtenido producto del esfuerzo es un camino de ida y pasa a ser un círculo virtuoso para nuevos logros.

    Tradicionalmente, venimos de una cultura –familiar, en educación, deportes y las empresas– que pone especial hincapié en el rigor técnico, en los conocimientos, en un marco teórico.

    En el alto rendimiento deportivo se hace un homenaje al destacado técnicamente; en el mundo laboral actual se elige a la gente por su currículum; los colaboradores solo aceptan jefes que sepan más que ellos; los maestros felicitan por las respuestas gratificando el saber de sus alumnos; los padres incentivan más que sus hijos estudien y pasen de grado.

    Pero luego la vida nos pega una bofetada, un viso de realidad; resulta que las organizaciones despiden a la gente por su carácter, cuando la habían tomado por su currículum; las paradas difíciles en el deporte las llevan adelante los jugadores con actitud y temperamento, pero se les rinde pleitesía a los técnicamente iluminados, con cierta tibieza actitudinal.

    Los colaboradores se quejan de la severidad técnica y falta de empatía de los jefes que eligieron respetar por su saber. La educación evalúa si un alumno aprobó, valora sus respuestas; no se interesan por si el estudiante aprendió o realizó preguntas audaces.

    Los padres observan el boletín de calificaciones, no se interesan por las lecciones aprendidas por sus hijos. El conocimiento y la educación han tenido y tienen un lugar primordial, que es una base muy sólida, sin lugar a duda.

    Pero en el mundo actual de los negocios, de competencia creciente, con una conectividad digital sin límites, la diferencia está en la actitud.

    En el deporte, especialmente en el fútbol, la intensidad y agresividad competitiva que demandan un alto componente actitudinal son solicitadas cada vez más por los entrenadores.

    En el futuro inmediato, la supervivencia de las organizaciones y el crecimiento de las personas va a depender casi exclusivamente de su actitud.

    En el deporte, lo que hace distinto a un equipo de otro es su mentalidad, su actitud, que es una fórmula o componente difícil de imitar por los rivales o competidores.

    Reiteramos: el conocimiento es clave, pero cada vez más forma parte de un piso, de un mínimo necesario, pero no suficiente, para crecer y aprender.

    Es más, la actitud tiene una parte cognitiva, pero no alcanza para desarrollar actitudes funcionales y positivas para nuestras acciones.

     

    Emociones y liderazgo

     

    La actitud es un estado del ánimo que se enuncia de una cierta forma, con un modo de comportamiento. La manera más obvia de evaluar la actitud de un colaborador y deportista, por parte de un líder, es observar su postura corporal.

    El cuerpo de una persona habla por sí solo. La actitud corporal transmite nítidamente si lo que está realizando lo está haciendo con ganas o a desgano y por obligación.

    El cuerpo refleja una disposición anímica. La actitud tiene una base cognitiva, pero fundamentalmente conductual, motivacional (emocional) y social.

    Los seres humanos somos seres emocionales; por lo tanto, todos tenemos actitudes que podrán ser funcionales o disfuncionales para tal o cual actividad.

    Podríamos aseverar que una persona que esté atravesando un período de mucha angustia tiene actitudes de inseguridad, ansiedad, tristeza y/o frustración; que probablemente no le están siendo funcionales para ser feliz.

    En el mundo actual, de alta competencia, se requiere de buenas actitudes que se transformen en competencias profesionales laborales o deportivas.

    Hay una estrecha relación entre lo que denominamos, en el mundo de los recursos humanos, competencias y emociones.

    Las competencias son características propias de la personalidad puestas de manifiesto en el ámbito laboral. Es decir, puedo ser una persona que tiene rasgos de sociabilidad, buen humor, extrovertido e impulsivo.

    Para que estas características de personalidad se transformen en competencias, tengo que verlas reflejadas en buenas actitudes en el campo laboral, artístico, deportivo, etc.

    Es decir, las competencias son dinámicas y prácticas; para que se manifiesten en el campo de acción, tiene que existir una conexión emocional con la actividad que realizo.

    Porque si no, tengo el rasgo de personalidad, pero no la competencia; en este caso, se supone que no hay buena actitud porque hay desmotivación.

    Pero como mencionaba al inicio, no todo es color de rosas en la vida; esto significa que no todo el tiempo vamos a estar haciendo lo que amamos o todas las actividades cotidianas son de nuestro agrado.

    Por ello, es fundamental aprender buenas actitudes para llevar a cabo lo que nos ocupa, para pelear y surfear las dificultades que se nos presentan.

    Si bien tener actitud es deseable para toda la vida, hay momentos críticos que las organizaciones, las campañas deportivas o los proyectos personales necesitan especialmente de buenas actitudes.

    Las organizaciones que atraviesan una etapa de nacimiento o están aún en el crecimiento, los emprendedores, líderes o colaboradores principiantes necesitan aprender buenas actitudes, más allá de la base de conocimientos y habilidades.

    La actitud es un valor intangible de las personas, de los deportistas y de las organizaciones, que la hacen sustentable en el tiempo.

    Las buenas actitudes se gestionan cambiando la forma negativa de conversar por una positiva, de expresarnos de manera optimista, abandonar la queja constante, efectuar propuestas, incorporar nuevos hábitos saludables y cambiar viejos hábitos, el ocuparnos en vez del preocuparnos, juntarnos con gente con buena energía, alejarnos de gente pesimista, ir tras los sueños, expresar y compartir las ideas propias con otros, fijarse objetivos, hacer actividad física y tener un buen descanso diario.

    Ejecutando todas estas acciones nos convertiremos en líderes de nuestro propio cambio. Si yo cambio mi actitud, todo cambia.

    Valiente

     

    Al final, es como dice Borges: “Entre las cosas hay una de la que no se arrepiente nadie en la Tierra. Esa cosa es haber sido valiente”.

     

    Sobre el autor

    Carlos A. Sosa

    Consultor de Empresas

    Contador Público Nacional. Mg. Administración de Empresas.

    Especialista en RRHH y Dirección de Negocios. Pos título de Neurociencias.

    Coach Ontológico. Neuroliderazgo.

    www.sosayasociados.com

     

     

     

     

     

     

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