Un viaje por las entrañas americanas derivó en un proyecto multicultural

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Emiliano Ríos es docente de Uader.

Ya está disponible el tercer capítulo de Conexión Originaria, una producción audiovisual y musical que reúne registros de raperas y raperos del continente americano (Abya Yala). Uno de los productores, que dialogó con EL DIARIO, aseguró que la propuesta contará con unos siete capítulos.

 

Valeria Robin / [email protected]

 

Como parte del trabajo de campo para una tesis doctoral en Ciencias Sociales, un docente de la Facultad de Humanidades de la Uader tuvo una idea original: vincular a pueblos originarios del continente para que se expresen a través de un estilo musical que acaso no tenga una conexión directa con sus ancestros; sin embargo fue un vehículo preciso para que las distintas comunidades puedan dar cuenta de sus realidades e inquietudes.

Para conocer más en profundidad la propuesta de la que también forma parte el productor audiovisual mexicano Nicolás Hernández, EL DIARIO dialogó con Emiliano Ríos, docente de Uader y coordinador general.

–¿ Cuál es la historia del proyecto?

–Surgió a partir de un viaje que realicé por el Centro y Sur de Chile. Venía con la idea de generar algo desde lo musical y también desde lo audiovisual desde viajes anteriores, pero recién en éste, el más largo, pude irme con los recursos que hacen falta: una computadora, una placa de sonido, un micrófono condenser y una cámara GoPro.

El objetivo en principio no era realizar algo de la dimensión y características que tomó el proyecto que luego se llamó Conexión Originaria; si no, una canción con algunos raperos que fuera encontrándome en el camino. Pero debido a la repercusión que fue tomando el proyecto, la intención original se fue ampliando.

Conexión Originaria es una producción audiovisual y musical que reúne registros de raperas y raperos del continente americano.

–¿Cuál fue el propósito de los registros?

– Apostar a generar una conexión, que entre ellos se pudieran conocer o producir algo en conjunto y que la gente vea que el rap es un movimiento que en los últimos años se viene consolidando. Y  que simplemente se presenten cada uno de los raperos y raperas, sin necesidad de hacerlo explícitamente y que, cada uno en su parte, dijera lo que considerara importante sin ningún lineamiento excluyente.

–¿ Qué aspectos aparecieron?

–Si bien las posibilidades eran amplias, se fue tejiendo un hilo que tiene que ver principalmente con la denuncia, no sólo de cuestiones actuales sino históricas, como procesos de emigración forzada, explotación y avance sobre sus propios territorios, y una fuerte crítica en relación al sistema actual, al modelo extractivista, y al daño terrible que se le está haciendo a la tierra en términos ecológicos.

Todos estos son aspectos aunados a  la propia cosmovisión de estos pueblos,  y está vinculado al apego que tienen por la naturaleza, que rompe con la lógica que nos ha inculcado Occidente, en donde prevalece una racionalidad instrumental que piensa a la tierra y la naturaleza como un objeto pasible de ser explotado.

–¿Cómo resolviste abordar este asunto desde las artes?

–Estudié música, aunque no me dedico de manera profesional. Aunque mi formación es en Ciencias Sociales, quise aprovechar las herramientas musicales con las que cuento, para para generar algo colectivo.

–¿Cuántos capítulos hicieron?

–En este último viaje producimos 4 capítulos; aunque el cuarto aún no salió a la luz. En esa producción van a encontrar la última parte de mi recorrido en Perú y Bolivia. En esta edición van a aparecer dos raperos quechua de la zona de Cusco,  también de Bolivia y raperos de Aymara.

Lo interesante de este capítulo es que hay raperos que incorporan también palabras en la lengua kunza.

Finalmente, el último punto del recorrido fue n la zona de Córdoba, Argentina, donde trabajé con unas raperas coya.

«El rap como herramienta musical ha ayudado a una revitalización lingüística y cultural», indicó Ríos.

–¿Qué tan importante es la música en tu vida?

–Hago música desde hace años; estudié la Tecnicatura en Instrumentista musical en Uader. Siempre me interesó abordar aspectos de la música y la cultura en general, desde la perspectiva de las ciencias sociales.

Por el rap en particular me fui acercando hace unos 9 años cuando realicé mi tesina de Licenciatura en Ciencias Sociales. Desde ese momento comencé a investigar y notar que había rap mapuche, rap aymara, rap quechua, hasta que empecé a descubrir que había más. Una treintena de pueblos haciendo rap podemos encontrar en las redes.

–¿Qué particularidades tiene este género?

–De alguna manera, el rap ha prendido más que otros géneros musicales por varias cuestiones. Primero, si bien es un género bastante ambivalente, nace en una coyuntura de lucha por los derechos civiles de las poblaciones afroamericanas y hay un fuerte carácter de resistencia (igual, no es algo homogéneo porque la industria cultural se ha metido en el asunto y ha construido ciertos estereotipos).

Desde esa mirada, sigue siendo utilizada como una herramienta para la resistencia. Otra de las razones por las que viene siendo adoptado por ciertos jóvenes de pueblos originarios de nuestro continente, es que se articula muy bien con la tradición oral de esos pueblos.

Me acuerdo cuando estuve por Oaxaca (México), en Juchitán Zaragoza, unos raperos zapotecas me comentaban que no les resultaba algo tan ajeno el rap porque en su cultura tenían una cierta manera de saludarse de manera improvisada a través de la rima. En tercer lugar, no hacen falta demasiadas herramientas técnicas para empezar a producir rap. Con un cierto sentido del ritmo y fluir de las palabras, con un micrófono y con beats e instrumentales de uso libre, se puede empezar.

–¿Cómo caracterizarías el proyecto?

–Es un proyecto multilingüístico. El rap como herramienta musical ha ayudado a una revitalización lingüística y cultural en este sentido. Este aspecto es novedoso porque son muchísimas las lenguas que suenan allí.