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martes, agosto 4, 2020
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    La centenaria biblioteca, que sufre como Sísifo

    Sobre calle Buenos Aires, la sede de la Biblioteca Popular del Paraná es, desde 1910, una construcción emblemática de la capital provincial. Con más de un siglo de historia, necesita una puesta en valor integral que implica trabajos de fondo. Sin embargo, pese a que han estado a punto de comenzar en al menos tres oportunidades, las tareas se han visto pospuestas. Mientras tanto, advierten con inquietud sus directivos, el impiadoso y constante trabajo del tiempo y el ambiente continúan su tarea y ubican al lugar en una situación crítica.

     

    Carlos Marín / [email protected]

    Este es el relato de un proceso largo, complejo, plagado de marchas y contramarchas en pos de un propósito: conservar uno de los edificios emblemáticos de la capital provincial. Como aquel texto célebre del Nobel Irlandes Samuel Beckett –“Esperando a Godot”- o aquel otro de Raúl Scalabrini Ortiz –“El hombre que está solo y espera”-, el centenario inmueble también aguarda. Mientras tanto la intemperie y los elementos naturales continúan su incesante tarea.

    Este es un relato que permite visualizar en parte el devenir de un país ¿condenado irremediablemente? a tropezar con los mismos obstáculos una y otra vez. Un país en que la distinción entre Gobierno y Estado aún no es vislumbrada claramente en la definición de los grandes trazos que delinean las políticas estratégicas de mediano y largo plazo. Un país en que por momentos pareciera ¿casi imposible? consensuar acuerdos de fondo sobre aspectos basales de un proyecto común.

    Este es, también, el relato de una larga marcha para mantener de pie a una construcción representativa de un momento en la historia del país, la provincia, la ciudad: la Biblioteca Popular del Paraná

    Iván Brizuela es presidente de la Comisión Directiva de la Biblioteca Popular desde 2008. A poco de iniciar su gestión, a fines de ese año, debió tomar una ingrata determinación: cerrar el salón auditorio de la entidad debido a problemas estructurales en el edificio de la institución. Ya por entonces el bellísimo y emblemático inmueble, actualmente Monumento Histórico Nacional, exhibía síntomas evidentes de agotamiento en su estructura. Desde filtraciones importantes en techos, hasta problemas en sus sistemas eléctricos y sanitarios.

    Pasaron 12 años y la situación sigue sin modificarse. “En la biblioteca no quieren que deje el cargo hasta que no se reabran nuevamente las puertas del auditorio”, dice Brizuela en una entrevista con EL DIARIO. La risa acompaña sus palabras, a modo de bálsamo, para hacer más digerible las alternativas de esta historia. Es que, por un lado, la posibilidad de contar con ese salón –decorado originalmente en un estilo rococó- implicó una merma significativa en el ingreso de recursos económicos genuinos para la institución. La sala era alquilada para diversos eventos culturales y educativos. Tras cerrarla, la entrada de fondos se redujo casi a la mitad. “Fue un momento muy duro”, recuerda el sociólogo.

    Por otra parte, que el salón continúe cerrado es el ejemplo claro de sucesivos esfuerzos institucionales que –por diversas razones- han caído en saco roto. Ocurre que la rehabilitación de ese lugar es parte de un proyecto mayor: el de la restauración y puesta en valor integral de todo el edificio ubicado en calle Buenos Aires 256.

    Las gestiones para concretar la intervención comenzaron hace más de una década, con ejemplar continuidad desde la administración de la Biblioteca. Y han naufragado una y otra vez. Como en el mitológico relato que narra el tormento de Sísifo, esta es la historia de un sinsentido. Sísifo fue condenado por los dioses a subir una roca por la ladera de una montaña sin poder alcanzar jamás la cima ya que cuando parecía llegar, la carga rodaba nuevamente hacia abajo y el titán debía recomenzar su tarea.

    En ese empeñoso trabajo, Brizuela y todo el equipo que lo acompaña han visto pasar las distintas gestiones de gobierno –en todos los niveles- sin que las imprescindibles obras hayan comenzado hasta ahora.

    Como Sísifo, el directivo de la entidad y sus colaboradores, han reiniciado una y otra vez el tránsito por la ladera administrativa, y han subido la empinada cuesta de los trámites, para alcanzar el objetivo. Y en cada oportunidad, cuando el logro anhelado estaba a punto de concretarse, un detalle hacía naufragar todo el proceso casi al llegar a puerto.

    El último intento –cuando parecía que todo estaba final y definitivamente encaminado-, colapsó en diciembre pasado.

    Ahora, con la actual situación generada por la Pandemia de Covid-19 y sus consecuencias, Brizuela es cauto, aunque no pierde la esperanza. “En algún momento retomaremos los encuentros con las autoridades provinciales y nacionales para ver si podemos concretar este anhelo”, adelanta. Y ríe nuevamente con ganas, para espantar la desazón.

     

    El edificio, inaugurado el 27 de mayo de 1910, es una construcción emblemática de la capital provincial.

     

    HABÍA UNA VEZ

    Para rastrear el inicio de esta `historia sin fin´, que tiene visos de convertirse en otro `cuento de la buena pipa´, hay que remontarse a más de siglo.

    “Me interesa destacar la paciencia de los vecinos de Paraná. Expresa el presidente de la biblioteca”, destaca el directivo. Y comienza una historia que da su primer paso en 1907, cuando con una colecta entre los paranaenses, se realizó la compra del terreno en el que se levanta actualmente la institución.

    El edificio se inauguró en 1910, -luego de dos años de trabajo- en consonancia con los festejos por el Centenario de la Revolución de Mayo. En aquel momento, el Gobierno de Entre Ríos y el de la Nación se habían comprometido a financiar la totalidad del presupuesto que insumirían los trabajos. El acuerdo era que el Estado provincial y el nacional se hacían cargo, cada uno, de la mitad del costo de la construcción del inmueble. “Era una obra de las varias que se desarrollaban entonces en el marco del trabajo de una Comisión nacional Pro Centenario que llevaba adelante proyectos en distintas partes del país”, evoca Brizuela.

    En aquel momento, la administración entrerriana abonó la parte que había comprometido, mientras que el gobierno Nacional no lo hizo. Esa deuda por parte de la Nación nunca se saldó. Y este hecho, recuerda Brizuela “derivó en una situación lastimosa”.

    Sucedió que el constructor del edificio exigió que se cancelara la deuda por la construcción antes de la inauguración de la obra. Sino, no la entregaba. De manera que dos semanas antes de la apertura del inmueble, desde la Biblioteca, la Comisión Directiva de la entidad decidió acudir a una instancia de urgencia: se hipotecó el edificio con el entonces Banco de Italia y Río de la Plata –hipoteca que más tarde se trasladó a favor del Banco Hipotecario Nacional- con lo cual se obtuvieron los fondos para saldar el monto que reclamaba el constructor.

    Así el flamante edificio abrió sus puertas el 27 de mayo de 1910, con la presencia del gobernador y otras autoridades, tal como se había programado.

    A partir de allí, mensualmente la biblioteca debía abonar una cuota para cancelar el crédito. Por entonces los ingresos que obtenía la institución no alcanzaban para cubrir plenamente los compromisos generados por el préstamo. Por tal razón se llegó a una situación tal que, en 1922, el Banco Hipotecario Nacional, “paradojalmente, propiedad del Estado Nacional, que justamente no había aportado los fondos comprometidos en su momento para saldar el costo de las obras”, intentó rematar el edificio de la Biblioteca.

    En ese momento –recuerda Brizuela- el problema se resolvió mediante una gran colecta popular en la que personas de todas las condiciones sociales realizaron su aporte para solucionar la urgencia. “Existió una voluntad generalizada de preservar la biblioteca. Así que se hicieron donaciones de centavos, hasta otras muy importantes, de miles de pesos, como lo hicieron tres hermanos de la familia Rosembrock”. De ese modo la emergencia se resolvió. Tiempo después, Enrique Berduc concretó otro aporte significativo que contribuyó a hacer más sostenible el compromiso contraído por la biblioteca.

    La hipoteca se canceló finalmente en 1962, 52 años después de haberse contraído.

    “El episodio –reflexiona el directivo- es una nota de color interesante para pensar en cómo se realizó la distribución de los fondos con un sentido federal en nuestro país y en deudas históricas que nunca se han saldado por parte de la Nación”.

     

    SEGUNDAS PARTES

    Cien años después de que comenzara su construcción, en 2008, los directivos de la entidad comenzaron gestiones ante el Gobierno de la provincia para que el inmueble –declarado Monumento Histórico Nacional en 2006- fuese puesto en valor y fuese remozado con trabajos de fondo, necesarios para su conservación.

    La iniciativa fue bien recibida por la administración entrerriana de entonces. Tanto que en el plan de obras públicas del año 2009, el entonces gobernador Sergio Urribarri anunciaba que la provincia realizaría la puesta en valor integral del edificio.

    La tarea era necesaria ya que en el transcurso de un siglo el inmueble ha sufrido diversas intervenciones. Una de las más importantes fue en ocasión de la Convención Constituyente, en 1994, cuando se realizaron trabajos de mantenimiento y mejoras para permitir que se concretaran actividades en el salón auditorio.

    “En 2009 lo que veíamos claramente –resalta el presidente de la Biblioteca- era que la sede necesitaba una puesta en valor integral. No podía continuarse con pequeñas intervenciones, sino que había que ir a fondo, cambiar los sistemas eléctricos, de seguridad, sanitarios. Es decir una serie de trabajos que excedía las posibilidades que podíamos encarar con donaciones o proyectos puntuales”.

    El primer paso se realizó entonces con colaboración de la provincia. Fue lograr que el Consejo Federal de Inversiones (CFI) financiara el desarrollo del proyecto Integral. “Hay particularidades en ese proceso, ya que al tratarse de una construcción protegida, cualquier intervención a realizar debe ser visada y autorizada por la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos”, explica Brizuela.

    La realización del proyecto se concretó entre los años 2010 y 2011 y trabajaron en él 14 profesionales residentes en Paraná. El equipo fue liderado por los arquitecto Rodolfo Castelo y Elisa Castro. En 2012 se elevó a la Comisión Nacional, que envió técnicos para observar el edificio y evaluar la aprobación. Luego de discusiones y sugerencias, se llegó a puerto en un proceso que presentó controversias, como la conveniencia o no de colocar un ascensor en el inmueble.

    En función de que la situación estructural –sobre todo en techos- se agravaba, se consensuó con los representantes de la Comisión de Monumentos Históricos y de ese modo se acordó la realización de los primeros trabajos, por entonces una necesidad urgente. Con ese visto bueno, en 2013 la provincia incluyó en su presupuesto la realización de la obra.

    Parecía que todo se encaminaba a una resolución. Sin embargo aún restaba atravesar escollos propios de los meandros administrativos-burocráticos. Es que en el ítem específico establecido en el presupuesto, se establecía que los fondos para los trabajos, provendrían de la Nación. Es decir –aclara Brizuela- que “recién cuando la provincia recibiese la partida correspondiente enviada desde Nación, se darían inicio a los trabajos, ejecutados por la provincia”.

    Así las cosas, en 2014 los problemas de techos eran muy acuciantes. En ese momento, recuerda el presidente de la Biblioteca, se logró que el gobierno entrerriano –con fondos propios- accediera a realizar una obra de emergencia: reparar la cubierta en el salón auditorio. El objetivo era frenar el grave daño que estaba sufriendo el sector, al punto que si no se concretaba la tarea, peligraba la propia puesta en valor integral del edificio. “Eso fue muy importante porque permitió frenar el deterioro”, reconoce el sociólogo.

    El edificio resguarda en su interior un fondo patrimonial que incluye valiosos ejemplares y colecciones.

    SE VA LA TERCERA

    En 2015, con administraciones renovadas a nivel de gobiernos nacional y provincial, como Sísifo, las autoridades de la biblioteca debieron comenzar a retomar la subida de la roca, otra vez “casi desde cero”.

    En 2016, la conducción de la Biblioteca retomó el contacto con el gobierno Nacional; en tanto que en ese mismo año la administración provincial no expresó interés en retomar las gestiones.

    “En ese momento tomó intervención la Dirección Nacional de Arquitectura, que es la repartición desde la cual se elaboran, se revisan y auditan los proyectos que se encara desde Nación”, puntualiza Brizuela.

    Nuevamente llegaron grupos de técnicos para evaluar el proyecto que ya estaba aprobado. Nuevamente se discutieron aspectos del planteo y se plantearon observaciones, sugerencias y aportes que modificaron el proyecto para mejor. Y nuevamente parecía que todo se resolvería.

    Por primera vez, en 2018 se consiguió el aval de autoridades nacionales para concretar el llamado a licitación por la obra completa, con la aprobación de la Comisión Nacional de Monumentos históricos.

    Parecía que finalmente, y por tercera vez, las cosas llegarían a buen puerto. Pero el devenir siempre es una caja de sorpresas, y una vez más las circunstancias conspiraron contra el propósito. El contexto económico marcó un ajuste y frenó inversiones en el sector público. El proyecto pasó “al freezer” en la nómina de prioridades. Así, quedó congelado.

    En 2019, recuerda Brizuela, un fenómeno meteorológico con una tormenta que descargó lluvia intensa en Paraná, agravó casi hasta el colapso la situación edilicia. Una cantidad importante de agua ingresó a la sala de lectura del inmueble. En ese punto crítico –y con las consecuencias de las sucesivas postergación de las obras a la vista- la Nación tomó la determinación de establecer prioridades y decidió comenzar a ejecutar la reparación completa de techos y también dar inicio a las tareas en el salón auditorio, situado en la planta alta.

    Se elaboraron los pliegos para ese subproyecto y se concretó el llamado a licitación. Hubo distintas consultas de empresas de Buenos Aires, Rosario y Santa Fe. El acto administrativo de la apertura de sobres se concretó y se presentaron dos ofertas –una de una firma de la ciudad de Buenos Aires y otra de Rosario especializadas en este tipo de proyectos edilicios-  que se encontraban “razonablemente dentro de lo previsto en las condiciones”.

    En esta historia, en la cual parecía que comenzaba a vislumbrarse una luz al final del túnel, un detalle apagó esa chispa de esperanza: la apertura con las ofertas en el marco del proceso licitatorio, se llevó a cabo el 17 de diciembre pasado.

    “Llegaron nuevas autoridades a la Nación y, como parece suceder con cada cambio de gestión y de estructuras, todo se `reseteó´ dentro del Estado y el proceso ingresó a una especie de limbo administrativo”, cuenta Brizuela. Y ríe nuevamente. Quizá para no llorar.

    “Será cuestión -dice ahora el presidente de la centenaria institución-, de armarse de paciencia”. Y comenzar otra vez a remontar la cuesta con el proyecto para ver si alguna vez se alcanza la cima. “Habrá que empezar a contar nuevamente la historia, las características del proyecto, a realizar gestiones”, añade.

    El último detalle en esta historia es la aparición de un actor que irrumpió de improviso en la escena: el Covid-19 y las consecuencias que la pandemia que generó implican en la concreción de un proyecto de estas características; en un marco en el cual, además, el Estado Nacional se encuentra abocado a tratar de –entre tantas otras urgencias- concluir un proceso de renegociación con acreedores de la deuda externa.

    “En todas las instancias se han realizado avances”, reconoce Brizuela, sin dejar que el desánimo gane la partida. Ahora, asegura “se trata de seguir moviendo el proyecto hacia adelante, retomarlo, volver a realizar la licitación, rescatarla, si las autoridades actuales así lo estiman pertinente”.

    Lo que importa, concluye el presidente “es que en algún momento los habitantes de Paraná y Entre Ríos podamos volver a disfrutar plenamente de este magnífico espacio como nos merecemos. Y que también las generaciones futuras puedan hacerlo”.

     

    LOS PLAZOS

    Realizar el proyecto completo, en forma integral, implica, según el presidente de la CD de la Bibioteca, un año de trabajo, “según lo previsto en el proyecto del año 2012”. Para ello es necesario el cierre del edificio y el traslado de algunas actividades a otro ámbito.

    En tanto en 2019, el proyecto planteado preveía la posibilidad que la Biblioteca no dejara de atender al público.

    “Estimo que si el proyecto se ejecutara todo de una vez, la tarea insumiría un año, año y medio”, desliza Brizuela. En cambio, si las obras se realizaran por etapas, “los plazos se extenderían y todo llevaría bastante más tiempo”, completa el directivo. De todos modos, en el estado actual de situación, admite que “si se plantease de ese modo, estamos dispuestos a aceptarlo, aunque creamos que lo mejor y más eficiente sea completar todo en una sola etapa”.

     

     

     

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