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miércoles, agosto 5, 2020
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    Nuestros testimonios orales son una fuente de identidad

    Debajo de los adoquines, que libera del asfalto una cuadrilla de operarios, brotan a borbotones relatos de tiempos idos que, sin embargo, nos habitan. Los mayores los portan: el padre los comparte con el hijo, la abuela con la nieta. Y, así, de testimonios empieza a llenarse eso que llamamos nuestra identidad.

     

    Griselda De Paoli

    [email protected]

    Los seres humanos somos actores sociales, inmersos, desde el nacimiento, en un fluido de modelos mentales elaborados por lasgeneraciones que nos precedieron y por las interacciones con otros innumerables actores contemporáneos. Es esa inmersión en la diversidad de experiencias las que produce en nosotros una visión particular de los hechos, de las cosas, de las relaciones sociales.

    Ante una historia que se desvanece indefectiblemente, cada día, fijar esas huellas diversas y particulares de los actores sociales, de los protagonistas de la historia se constituye en la posibilidad de generar fuentes para el futuro.

    La memoria histórica se elabora sobre eldeseo -o sea, la voluntad- de honrar a unapersona, a un grupo, proponer un modeloo reparar una injusticia de forma moral.

    Por tanto, la memoria histórica se fundamentaen lazos afectivos con aquello quese memoriza o recuerda. En suma, no estamosante un acto de conocimiento, sinoante una actuación de la voluntad.Lo que persiguela memoriahistórica es llenarde sentido el presente,el de unoo el de muchos.

    La historia oral como fuente se caracteriza por su subjetividad y espontaneidad de los testimonios individuales en los que los relatores eligen los hechos de acuerdo con su memoria, personalidad y circunstancia, transmitiéndolos en un lenguaje que en oposición a la palabra escrita es espontáneo y poseedor de una gran carga emotiva y sus testimonios pueden ser utilizados tanto en forma complementaria como comparativa. Es precisamente esta dimensión comparativa la que puede representar una nueva aproximación a la objetividad histórica.

    Haciendo nuestra la afirmación de Silvie Vincent “la historia oral debe ser vista como una reflexión de un grupo dado sobre los acontecimientos de su pasado y evidentemente de su presente” consideramos que esta reflexión difícilmente pueda sernos ofrecida por otras fuentes.

    La historia oral requiere del relato, de ese relato subjetivo, particular y rico, requiere del empleo de un lenguaje hablado y luego escrito. Representaen efecto una extensiónformidable de las posibilidades de alcance de nuestra memoria. De hecho, gracias a eso, está en condiciones de salir afuera de los límites físicos de nuestro cuerpo para depositarse ya en otras memorias, ya en un archivo.

    Viejas publicidades, anuncios, fotografías, los relatos de memoriosos, detonan recuerdos y particularidades de nuestra mirada y enriquecen el patrimonio del colectivo social a que pertenecemos.

    Tal vez allí entendemos cabalmente el sentido de la expresión de María del Carmen Agulló Díaz: “La voz y la palabra tuvieron una importancia decisiva en los inicios de la historia. Su configuración como disciplina científica comportóque fueran desplazadas por los documentos escritos, considerados más objetivos. En la actualidad la reivindicación del sujeto y la subjetividad,otorgan un lugar relevante a las fuentes orales”.

    El paso del tiempo esculpe lentamente y a veces de manera agresiva los perfiles de la ciudad. Foto: Gustavo Cabral.

    El barrio mío

    En 1975, la Imprenta Oficial de la provincia de Entre Ríos publicó “Paraná de mis recuerdos”, de Antonio Serrano, el arqueólogo nacido en Paraná el 7 de marzo de 1899. Vale la pena regresar a algunas de las tantas perlas compartidas.

    “Yo no sabría decir qué es lo que abarcaba mi barrio. Creo correcto limitarlo hacia el este por la calle Buenos Aires y hacia el sur por la calle España. Pasando la calle Tucumán desde Santiago del Estero empezaba el llamado barrio de la puñalada, oscuro y temerario por las noches y según se decía quien entraba a él no salía ileso. Lo cierto es que la luz eléctrica y poco tiempo antes la de gas no se extendía más allá de la calle Tucumán. Hacia el oeste la iluminación pública era de kerosén y todos los atardeceres pasaban por casa los faroleros con su escalera a cuestas y un candil, a encender las lámparas de aquellas oscuras calles. Mi barrio formaba parte de la jurisdicción policial llamada ‘la cuarte de fierro’ debido a la severidad de su comisario el señor Acosta, amigo de mi padre.

    En algunas cuadras al oeste, en el macrocentro, algunas construcciones mantienen referencias de lo que Paraná fue.

    Era un barrio tranquilo, de vecinos amables, cordiales y respetuosos los unos con los otros que no dejaban sentir diferencias sociales, que las hubo, como hubo también diferencias económicas más perceptibles.

    Muchas familias estaban establecidas en él desde antes de la Confederación. Conocí ranchos de adobe, algunos amplios y cómodos como unas casas que fueron residencias de estas viejas familias.

    En la esquina de Urquiza y Córdoba vivía D. Casiano Calderón y su familia. Su escribanía era por herencia, la más antigua de Paraná y, si mal no recuerdo, su registro llevaba el número uno. La casa era muy amplia, de grandes patios y numerosas ventanas. No era de arquitectura uniforme y seguramente fue ampliada a medida que la familia crecía, como era práctica entonces.

    En el patio de la casa había una gran araucaria que según la tradición había sido plantada por el sabio francés Augusto Bravard. Bravard vino a Paraná traído por Urquiza durante su gobierno y desempeñó las funciones de director del Museo Nacional”.

    La ciudad era otra al comienzo del siglo XX; lo que no significa que fuera ideal

    AL MARGEN. Siempre es oportuno reflexionar sobre la ciudad. El desafío en este caso ha sido enriquecer una acción conjunta llevada adelante entre EL DIARIO y la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader. De esta experiencia participan docentes, alumnos e invitados, con la idea de poner en valor los bienes comunes y también repasar los asuntos pendientes. Para comentarios y contribuciones, comunicarse a [email protected], [email protected] y/o [email protected].

     

     

     

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