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miércoles, septiembre 23, 2020
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    Nuevas corporalidades

    En las últimas semanas la agenda mediática se vio interpelada por la necesidad de hablar de las corporalidades diversas. El video de Oriana Sabattini y la tapa de la revista Caras reavivaron el debate y pusieron de manifiesto la problemática cifra de trastornos alimenticios que caracteriza a nuestro país. En esta nota analizamos el escenario mediático y acercamos reflexiones de distintas referentes del activismo gordo.

     

    Textos: Guillermina Ferraris

    A medida que fueron transcurriendo los meses durante el aislamiento y particularmente durante las últimas semanas, las redes sociales se inundaron de reflexiones en torno a los trastornos alimenticios y la gordofobia disfrazada de humor, que se reproduce masivamente en nuestro país. Un chiste que se viralizó en infinidad de memes es el que hace alusión a «lo mucho que debemos estar engordando durante la cuarentena».

    Laura Contrera es abogada y profesora de Filosofía doctorada en Estudios de Genéro en la UBA. Además es activista gorda de la diversidad corporal y co-editora del libro «Cuerpo sin patrones» de editorial Madreselva.

    Su investigación aborda las corporalidades y subjetividades gordas, pone de manifiesto la resistencia de los cuerpos disidentes ante la tiranía del talle S y la delgadez hegemónica. Sobre el fenómeno mencionado opina que “en cuarentena se exacerban ciertos discursos y temores sociales en torno al cuerpo que, si bien ya venían con mucha fuerza, durante esta etapa de aislamiento se profundizan. No engordar en cuarentena es tan obligatorio como usar barbijo”.

    En ese sentido, el activismo gordx aparece en un contexto de insurrección, en el que nos preguntamos si cada uno de nuestros cuerpos resulta soberano en sus decisiones corporales, o en realidad nos encontramos frente a una serie de dispositivos de control determinan cuándo sí y cuando no se sufre una patología.

    La denuncia que lleva adelante este movimiento, pretende desmantelar las condiciones de opresión que son reproducidas constantemente por los repertorios culturales disponibles: desde las publicidades hasta el sistema médico hegemónico, la delgadez se ha constituido como un valor mediante el cual somos o no vistos socialmente.

    El estereotipo corporal visible

    Un dato clave para analizar este escenario es el que brindó un informe realizado por la Fundación La Casita en 2019: Argentina es el segundo país a nivel mundial con más casos de anorexia (el primero es Japón).

    Es posible que este dato explique el grado de masividad que tomó el video publicado hace una semana por la actriz e influencer Oriana Sabattini, quien decidió visibilizar en sus redes los trastornos alimenticios que la acompañaron durante más de 10 años. En menos de una semana, la filmación superó las ocho millones de reproducciones.

    El mensaje fue claro: una famosa mainstream, que es referente de muchas infancias y juventudes mostrándose «al natural», e intentando (incluso con esfuerzo evidente) mostrar sus supuestas «imperfecciones» corporales.

    El objetivo, ampliamente celebrado por la opinión pública, fue mostrar que detrás de esos cuerpos delgados, blancos, cis y funcionales, que las audiencias online consumen como un ideal imposible, también son humanos y presentan “fallas” que buscan aceptación.

    Sin embargo, una reflexión que vale la pena hacer, aunque incomode, es la que hace el activista gordx Nicolas Cuello, quien plantea que si bien estamos de acuerdo con que absolutamente todos los cuerpos importan, cabe preguntarnos ¿cómo se sienten las personas gordas, que sufren discriminación sistemática, frente a estos relatos de autosuperación que coquetean con la diversidad corporal? Quizás llegó el momento de que las figuras públicas y creadoras de contenido comiencen a hablar sobre diversidad corporal e incluso a nombrar el privilegio de la delgadez.

    El rol que juegan los medios

    Durante los días siguientes, el tema continuó en la agenda mediática por un titular publicado en revista Caras, que puso el foco sobre el cuerpo de la princesa de Holanda y heredera al trono de los Países Bajos, Catalina Amalia, de 16 años.

    «La hija mayor de Máxima luce con orgullo su look ‘plus size’” rezaba la tapa, que fue duramente criticada en redes sociales. ¿Será este un nuevo eufemismo para decir “gorda”?

    Lala Pasquinelli, creadora del proyecto Mujeres que no fueron tapa, analiza la importancia de una representación real de las mujeres en los medios de comunicación y asegura que “estas tapas normalizan el juicio sobre el cuerpo de la adolescente y de todas las mujeres”.

    ¿Desde cuando dejamos que nos nombren por el talle que usamos? ¿No es bullying señalar en la tapa de una revista el cuerpo de una adolescente indicando que “se sale de la norma” porque es “plus size”? ¿No son estas tapas y títulos los mecanismos que hace décadas habilitan el bullying y las críticas violentas hacia nuestros cuerpos, como si solo fuéramos el talle que ocupamos, o nuestra apariencia? Son preguntas reflexivas y necesarias que nos acerca esta referente.

    Tampoco es aceptable que esa sea la única forma que encuentren de exhibir cuerpos que a criterios de los editores salen de “la norma”, de lo aceptado y de lo que los cánones de belleza actual.

    Los medios tienen una responsabilidad central en la reproducción de un estereotipo de mujer, que termina volviéndose un requisito profesional, para tener circulación en el mercado del deseo, para ser elegidas y termina siendo lo que nos da identidad.

    Más allá de las buenas intenciones que puedan tener las distintas editoriales o medios tradicionales, el compromiso está en comenzar a dejar de poner el foco de atención en el talle de las mujeres, el peso o las medidas. Principalmente porque necesitamos ser valoradas por lo que hacemos, por lo que pensamos, por nuestro intelecto y nuestra capacidad.

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