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viernes, septiembre 25, 2020
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    Total, ya volvemos a la normalidad

    La cuarentena se asemeja a esos amigos/as que se instalan en tu casa “unos días hasta que consigan algo” y después de cuatro meses continúan ahí y cada vez más aquerenciados. Los primeros días es toda algarabía: cocina artesanal y cerveza industrial como para agasajar a la “visita”, total uno piensa que es un breve lapso y después volvemos a la normalidad. Con el correr de los meses uno intuye que esa visita llamada cuarentena no está dispuesta a irse tan fácil y la nueva dieta a base de harinas no refinadas tampoco.

    Por Mateo Izza

    La cuarentena se asemeja a esos amigos/as que se instalan en tu casa “unos días hasta que consigan algo” y después de cuatro meses continúan ahí y cada vez más aquerenciados. Los primeros días es toda algarabía: cocina artesanal y cerveza industrial como para agasajar a la “visita”, total uno piensa que es un breve lapso y después volvemos a la normalidad. Con el correr de los meses uno intuye que esa visita llamada cuarentena no está dispuesta a irse tan fácil y la nueva dieta a base de harinas no refinadas tampoco.

    El primer tramo del aislamiento lo transité con cierta serenidad descansando en la idea que había que aguantar unos días, así que ocupé la mayor parte de mi tiempo en pensar mis ambiciosos proyectos 2020. Esta ardua reflexión fue perdiendo terreno en manos de otros dos interrogantes, los cuales se transformaron en bisagras de cada jornada: ¿qué comemos al mediodía? y ¿qué comemos a la noche?

    Quizás producto de la ansiedad, me levantaba a la mañana pensando qué podíamos cocinar al mediodía y después de degustar el último bocado, empezaba el debate sobre la cena. En el medio, intentaba con poco éxito realizar alguna actividad física a través de videos de Fausto o Ai Lee de Strong by zumba, pero por suerte ellos no se daban cuenta cuando los abandonaba en el medio de la clase. Si bien en un principio había que aplanar la curva de contagios, ahora hay que hacerlo con la curva corporal.

    La vida en mi casa se fue transformando en una gran montaña rusa de emociones, pasando de llorar todos juntos viendo Tarzán a bailar zumba con un tutorial de You Tube, todo en el lapso de una hora. En cuanto a la relación con mis hijos fue interesante cómo fue mutando con el correr de los días.

    Siempre pensé que con el trajín laboral que transitamos la mayoría de las personas perdíamos muchos momentos con ellos, después de esta cuarentena concluyo que los extremos nunca son buenos. El aspecto positivo de esta situación es que fui incorporando nuevos métodos de retos: “ordenan la pieza o volvemos a Fase 1!”, “se portan bien o disminuimos la circulación de juguetes y témperas”, “no salgan a la calle a la siesta que anda el virus”.

    Todo el tiempo escuchamos en los medios que no vamos a ser los mismos después de todo esto. Por mi parte siento que tuve dos grandes cambios: por un lado, pertenecer a una cofradía entre los que nos hicimos corte de pelo casero antes que habiliten las peluquerías. Cuando iba al almacén de barrio, solo con intercambiar una mirada nos dábamos cuenta con otras personas que esas cabelleras irregulares habían transitado procesos similares. Por otro lado, en este tiempo de cuarentena me empezó a caer bien Guido Kazcka, sus gritos ya no me irritan y lo extraño los fines de semana.

    En líneas generales, la pandemia ha producido una gran incertidumbre y la pérdida de la espontaneidad de la vida, es decir, cuando uno mira hacia adelante ve que los días se van a asemejar bastante entre ellos. Los únicos cambios oscilarán entre flexibilización y restricción hasta que llegue una vacuna. La creatividad y la iniciativa obligadamente ganaron terreno para pasar lo mejor posible esta situación.

    A diversas actividades les sirvió para repensar su forma de trabajo, ejecutar cambios que de otra manera hubiesen sido más difíciles. Muchas personas, entre las que me incluyo, transitamos esta etapa actuando de una manera anormal, pensando “total, ya volvemos a la normalidad”, lo que no entendimos precisamente es que el concepto de normalidad cambió.

    Mientras tanto, con los compañeros de Litoral Stand Up Comedy nos estamos preparando para volver a los escenarios en cuanto alguna normalidad nos lo permita.

     

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