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miércoles, agosto 5, 2020
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    Con un ritual fúnebre buscan despedir a las mascotas

    Como un correlato inevitable de la compañía, el cariño y la seguridad que brindaron durante años, a ritmo lento pero de manera sostenida, localidades como Paraná, Crespo, Santa Fe y Aldea María Luisa, demandan el servicio de sepelios para sus mascotas, para brindarles una despedida significativa y al mismo tiempo, contar con un espacio donde visitarlos.

     

    Valeria Robin / [email protected]

     

    Como se sabe, son numerosos los beneficios que brindan las mascotas en la vida de las personas. En efecto, los estudios científicos han dejado en claro que los animales domésticos otorgan una mejor calidad de vida, disminuyendo el estrés, siendo una compañía, y fortaleciendo vínculos humanos.

    El sitio fue pensado como alternativa para aquellas personas que desean darle una despedida significativa a sus mascotas.

    Las mascotas con los chicos suelen ser buenas ideas para jugar, ser compañeros y hacer travesuras.

    En el caso de los adultos mayores, la convivencia con una mascota puede mejorar la autoestima, favorecer el intercambio con otras personas y sostener una rutina activa.

    Como se ve, el vínculo que se tiene con los animales es casi tan cercano como el que se construye con los amigos, los hijos, los compañeros de trabajo, y la pareja; acaso porque cuando se incorpora un miembro no humano a una familia o a la vida de una persona que vive sola, se está en permanente negociación. Desde el primer día, el nuevo integrante pondrá de su parte para satisfacer sus necesidades, y al mismo tiempo no sobrepasar las reglas de la casa; y quien aloja, tendrá que ceder aquello que está establecido, para llegar a una mejor convivencia.

    Todas estas cuestiones afloran cuando uno piensa que a alguien se le puede ocurrir instalar y tener en funcionamiento un cementerio de mascotas; por eso EL DIARIO entrevistó a Rubén Zabala, uno de los administradores de “El Cielo”.

    Ubicado a unos 20.5 km de la ciudad de Paraná, el sitio fue pensado como alternativa para aquellas personas que desean darle una despedida significativa a sus compañeros de vida no humanos –ya se trate de un perro, un gato, un loro o un cobayo– y también para que el proceso de duelo en los niños no sea tan doloroso.

    Desde la capital, se accede de manera directa a través de la Ruta Nacional 12, hasta que el cartel que indica que se está llegando a Sauce Pintos sugiera dirigirse hacia la izquierda; una vez hecha la maniobra, en la ochava, otra indicación advertirá la cercanía con el Cementerio de mascotas. A unos 300 metros de la entrada a Sauce Pinto, se llega a destino.

     

    ORIGEN

    –¿ Cómo se les ocurrió la idea?

    –Surgió en 2008; charlando sobre nuestras mascotas con Eduardo Reggi y Liliana Altamirano, que son mis amigos. Ellos se encargaron de la planificación y concreción de la idea, yo me dedico a todo lo referido al mantenimiento,  hago los traslados, y los servicios.

    –¿Por dónde arrancaron?

    –En primera instancia se elaboró un protocolo junto al Colegio de Veterinarios de Entre Ríos, porque desde un comienzo se pensó en un cementerio ecológico;y para eso fue necesario interiorizarse sobre algunos aspectos, como por ejemplo que los animales no deben ser sepultados con ningún elemento que no sea degradable, como son los collares, bolsas, etc.

    Después pusimos en conocimiento de nuestro trabajo a las veterinarias; recorrimos una por una, presentándonos, y les dejamos el teléfono de El Cielo; desde entonces ellos se comunican con nosotros para brindar el servicio de cementerio; o le sugieren al dueño de la mascota fallecida que se comunique si desea centrarnos de forma particular.

     

    SERVICIOS

    –¿En qué consiste el trabajo?

    –Brindamos dos servicios: el común y el individual. El común es una sepultura en tierra sin placa; y el individual es el que lleva la placa con el nombre de la mascota, la fecha en que falleció, y una de las cinco frases que tenemos para que elijan, como por ejemplo Gracias por tu compañía, y Fuiste mi fiel compañero.

    También hacemos traslados; hemos ido a buscar mascotas a la Aldea María Luisa, Santa Fe, Paraná, y Crespo.

    –¿Se puede decir que había una necesidad de contar con el cementerio?

    –Sí; a pesar de que las mejoras vinieron con el paso del tiempo, de que costó hacernos conocer, hoy por hoy es cada vez más la gente que nos convoca, y cada vez menos la que se asombra cuando se entera que existe un Cementerio de mascotas. De hecho, nos han manifestado muchas veces que de haber sabido que contaban con esta alternativa nos hubieran llamado antes.

    La gente se siente a gusto al poder tener un lugar donde visitar sus seres queridos, incluyendo en este grupo a sus mascotas.

    La mayoría de las personas que nos solicitan son de Paraná, y por lo general se trata de padres que quieren que sus hijos visiten el lugar, para realizar la despedida, y personas mayores que viven en departamentos, que no saben qué hacer una vez que fallece su mascota.

    –¿Qué proyectos tienen en un futuro cercano?

    –Nos consultan mucho por la cremación, por la necesidad de tener las cenizas en la casa, y así sentir más cerca su mascota. Anhelamos algún día poder hacerlo; pero hemos averiguado y es un procedimiento muy costoso; se necesitan permisos específicos, y una instalación costosa. En función de nuestras posibilidades sería imposible lograrlo en corto tiempo si no fuera a través de algún convenio con la municipalidad, o algún particular.

     

    Motivación

    “Desde que el proyecto estaba en papeles fue pensado especialmente para niños y adultos mayores”, indicó Zabala, antes de explicar que, “cuando una persona muere los seres queridos hacen la ceremonia de despedida en el cementerio y luego pueden volver para visitar a la persona que ya no está; pero con las mascotas la situación es distinta”. Ante el pedido de precisiones señaló que “los niños preguntan dónde se fue, cómo es ese lugar en el que ahora está; y los padres muchas veces se las tienen que arreglar inventando historias convincentes para que los más chicos entiendan y asuman la partida de un perro amado por ellos”. Fue entonces cuando expresó que “muchos adultos resuelven decirle a los niños que su mascota se fue al cielo, por eso es que le llamamos así al cementerio, para que aquel sitio tenga una representación concreta, y no sea tan chocante la despedida para los más chicos”.

    El diálogo también sirvió para deslindar otro aspecto.  “El cementerio también apunta a personas grandes que viven en departamento, y no saben qué hacer cuando muere su animal de compañía, ya sea porque no tienen espacio o porque lo extrañan mucho”, explicó el entrevistado, antes de decir que “se puede ir a visitar a la mascota, y recorrer el predio, porque es un lugar amplio y de mucho verde”.

    Ante una consulta de El Diario, Zabala aseguró que “quien decide llevar su mascota a un cementerio es porque realmente la quiere mucho; es una forma de devolver la compañía, que muchas veces cuenta años”.

     

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