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miércoles, agosto 5, 2020
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    Es otra la plaza que vive en nuestras evocaciones

    Por la plaza 1º de Mayo hemos pasado en innumerables ocasiones y acaso no siempre veamos cómo lentamente la dinámica del paso del tiempo va borrando algunas estelas que parecían difíciles de olvidar.

     

    Griselda De Paoli

    [email protected]

     

    Un recuerdo del pasado se constituye en factor fundamental de la permanencia de la ciudad a través de las difusas líneas de su transformación física y social. Las narraciones que lo transmiten integran un tipo de patrimonio, intangible, invisible, diferente del visible, material, que estamos habituados a reconocer. Aportan a un imaginario múltiple, diverso, del que tomamos fragmentos y -dice el escritor, profesor, antropólogo y crítico cultural argentino, Néstor García Canclini- “los combinamos en nuestro grupo, en nuestra propia persona, para armar una visión que nos deje poco más tranquilos y ubicados en la ciudad, para estabilizar nuestras experiencias urbanas en constante transición”.

    Es claro que el patrimonio de una ciudad es distinto para diferentes habitantes, las miradas, las perspectivas y las experiencias de los ciudadanos son indudablemente diferentes y están en relación directa con los distintos sectores de la ciudad y apelando nuevamente a García Canclini podemos decir que los relatos difícilmente hablan de la ciudad en su conjunto, referencian pequeños espacios o sectores de la ciudad relacionados con la vida cotidiana o aquellos espacios públicos de la experiencia en común, pero siempre resultan un recorte.

    En torno a la plaza se erigían los edificios más imponentes, tal como la fotografía confirma.

    RETAZOS

    El que compartimos hoy es un relato del profesor Carlos Gluglich, que data de 1994. Nuestro invitado tituló su texto “Alrededor de nuestra Plaza de Mayo” y representa precisamente esto que veníamos señalando, la referencia a un espacio de la ciudad, la Plaza y su entorno, al rescatar un itinerario propio. Al leerlo seguramente agregaremos, en nuestro propio itinerario, referencias, nombres, imágenes. Lo que sigue es el relato de Carlos Glücklich.

    En este pequeño relato habrá omisiones porque mi memoria no recuerda. En la década del año 20, la Plaza de Paraná era muy distinta a lo que es hoy (1994). Empezando por la vieja Escuela Normal, con sus dos entradas, una por calle Urquiza y la otra por Andrés Pazos que daba directamente al Salón de Actos. La conocí circunstancialmente en 1926 cuando Paraná celebraba su centenario como ciudad. Digo la conocí porque yo era alumno de quinto grado en la Escuela del Centenario y había en ésta no sé qué clase de refacción y temporalmente pasamos todos los niños a la Escuela Normal. Continuando por Monte Caseros existió una pizzería de propiedad de unos griegos, estaba casi pegada al Arzobispado. Cuando iba al cine, compraba los sandwiches allí y después corría al cine Mayo. Esto tiene que haber sido alrededor del 30. Y, en la esquina de 25 de Mayo, había una famosa tienda, Casa Mayo. Al lado de la pizzería estaba la farmacia que tenía muebles muy antiguos que están en una foto del libro de Zanini.

    Enfrente, cruzando 25 de Mayo, estaba el viejo correo que fue la residencia del Gral. Urquiza. Se trataba de un viejo edificio de dos plantas con los pisos de madera ancha y amarilla por el uso. Yo no sabría cómo decir que los listones, cuando caminábamos, crujían, por lo viejo que eran. En el centro del patio, un aljibe adornado con dos cabezas de leones que aún hoy se pueden apreciar como ornamentación sobre dos calles del edificio moderno.

    Desde la plaza 1º de Mayo, frente a lo que hoy sería el edificio del Instituto del Seguro.

    OTRA VEREDA

    Cruzamos calle Monte Caseros. Donde hoy está el edificio del Banco de Entre Ríos, funcionaba el Cine Rodrigo, con su confitería o bar al frente y sus mesas redondas y sillas para ver las películas mientras se tomaba algo. Desapareció con un incendio a fines de esa década del 20, permaneciendo muchos años como una esquina abandonada.

    Siguiendo por 25 de Mayo hacia el oeste, había una vieja librería -no me acuerdo cómo se llamaba- falta completar acá que Agua y Energía tenía un edificio enorme ahí, donde está la heladería Dacol y de ahí pasaron a calle Urquiza, debajo de Pérez Colman. Bueno, entonces estaba la oficina de Agua y Energía, la pollería Bosch, la confitería, el cine Mayo, con el Centro Comercial que aproximadamente se construyó en el año 30. Terminando esta cuadra, a ver si lo conocen -porque yo no lo conocí- el viejo Banco de Londres que fue reemplazado por el edificio de casa Preston. En la esquina de enfrente, San Martín y España, en la planta baja muy amplia, la primera Casa era Del Acqua y después Casa Rosa. En la parte superior habitaba la familia de los hermanos Rosenbrock, propietarios de todo el edificio que aún se conserva, con modificaciones en la planta baja y sin la cúpula que lo adornaba. Cruzando calle España estaba el anterior edificio del Banco Nación con planta baja solamente.

    Cuando se construyó el edificio nuevo el Banco alquiló una casa en la esquina de Pellegrini y Urquiza, donde estuvo la Caja de Ahorro. Había un viejo edificio de un señor García que vivía a la vuelta en calle España. Tenía un bazar, una casa grande. Ahí se fue el Banco Nación. Ahí después estuvo casa Padilla.

    Una San Martín vehicular justificaba que en el cruce con Urquiza hubiera un agente ordenando el tránsito.

    COORDENADAS

    Terminando esa cuadra -San Martín entre Urquiza y 25 de Mayo- se construyó en 1901 el gran hotel Gransac, luego Plaza Hotel, con entrada por calle San Martín. En la esquina de enfrente, Urquiza y San Martín, donde hoy está la galería Almendral, funcionó una gran confitería, ahí fui en el año 38. ¿Saben por qué? Porque mi hermana conoció al que fue su marido en ese lugar, en el 39 se casaron y me acuerdo patente que siempre iba ahí: tenía una orquesta para deleitar a los concurrentes. Cruzando la calle, en la otra esquina estuvo mucho tiempo Casa Gath y Chaves, actualmente lo ocupa el banco.

    No sólo la Plaza cambió, también su entorno y la ciudad misma, si se mira hacia el horizonte.

    AL MARGEN

    Siempre es oportuno reflexionar sobre la ciudad. El desafío en este caso ha sido enriquecer una acción conjunta llevada adelante entre EL DIARIO y la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader. De esta experiencia participan docentes, alumnos e invitados, con la idea de poner en valor los bienes comunes y también repasar los asuntos pendientes. Para comentarios y contribuciones, comunicarse a [email protected], [email protected] y/o [email protected].

     

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