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miércoles, agosto 5, 2020
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    Y vos… ¿qué querías ser cuando eras chico?

    “Todos nuestros sueños pueden convertirse en realidad si tenemos la valentía de perseguirlos”, y -fantasía o realidad-, es de pequeños cuando más nos animamos a soñar con valentía y no tener límites. ¿Es importante darnos el espacio para volver a pensarlo y sentirlo? Aún hoy, ¿podemos pensar nuestro ser en múltiples profesiones, oficios, espacios y actividades?  ¿Qué rol cumplen los adultos en este proceso? Una invitación a repensar nuestro pasado y presente y, por otra parte, analizar el acompañamiento de los adultos en el aprendizaje y desarrollo de los niños y niñas.

    Por Paola Netto

    “Reflexionar acerca de qué queríamos ser cuando éramos chicos es una acción que nos permitimos en algunos momentos de la vida. A veces con la sola intención de recordar con humor nuestros deseos o sueños de aquel entonces, y otras veces como la expresión de aquella materia pendiente, aún hoy…” explica la psicóloga Florencia Riani.

    “Muchas personas encuentran cierto interés por repensar este tema, remontándose a pensamientos y sensaciones típicas de la infancia, en la que por medio del juego, siendo niños nos animábamos a soñar, crear, fantasear… despojados de inseguridades, miedos, condicionantes, que en otras etapas como la adolescencia o adultez pueden limitarnos. Difícilmente de niños imaginábamos obstáculos que nos impidieran alcanzar esos sueños, de modo que nos permitíamos fluir en una cadena de pensamientos y conductas concretas, en las que a veces actuábamos como sí… Profundizando encontramos claramente la importancia del contexto en el que está inmerso el niño, la idealización de un personaje, la historia familiar, las expectativas de los demás, una película o cuento que operó como disparador de ese deseo, el tener habilidades artísticas o deportivas y querer dedicarse a eso, etc, casi siempre orientado a la vida laboral o profesional”.

    “La realidad que construya ese niño estará mediada por la información que reciba y le resulte significativa, la imaginación, aspectos afectivos, cognitivos, además de obviamente el acompañamiento de los adultos”, agrega la terapeuta.

    –En este contexto, ¿qué rol  adquiere el padre, la madre  o el adulto a cargo en la formación sobre los gustos personales y qué importancia tiene en el desarrollo de habilidades?

    –El rol de una madre, padre o algún otro adulto significativo es realmente importante en el desarrollo de habilidades. A mi más que de “estimulación” me gusta referirme a la importancia de “facilitar”, de generar oportunidades, acompañar el desarrollo de los niños y en este caso de sus sueños o deseos, validando toda aquella opinión que el niño pueda referir.

    Es una obviedad que la relación entre padres e hijos tiene una gran influencia en la mayoría de los aspectos del desarrollo del niño; pero no siempre nos detenemos a pensar si estamos facilitando u obturando ese deseo. O si estamos depositando parte de nuestras expectativas en él o ella.

    Aquellos adultos que son receptivos, brindan afecto positivo y calidez, validando las expresiones y necesidades de los más pequeños en este sentido, tienden a proporcionar una base más sólida de apoyo para el niño.

    Aceptar sus intereses, escucharlos, hablar sobre sus gustos, jugar, ensayar roles… todo eso, colabora con un acompañamiento respetuoso de los deseos en la infancia.

    No nos olvidemos que mucho puede acompañar el entorno, pero todos construimos nuestra personalidad también en base a lo que “traemos”, es decir, confluye en esto lo genético, hereditario, así como la crianza, la educación, los aprendizajes y el medio ambiente familiar y social.

    Todo este entramado complejo hace que no podamos pensar el deseo de “quien queremos ser de grandes” basados solamente en una variable.

    –En muchos casos se escucha a adultos mencionar  como un sueño inconcluso o directamente sin cumplir actividades relacionadas al ámbito artístico, aprender un instrumento, bailar, ser actor o actriz, brillar en escenarios y sentir el calor del  público ¿Qué impacto tiene el consumo cultural? ¿Cómo acompañar ese aspecto tan importante y determinante para la vida?

    –Reflexionar nos lleva a distinguir que Ser no es lo mismo que Hacer. El Ser, si bien se va desarrollando, es mucho más estable, y es muchísimo más que la ocupación o profesión en términos laborales. Así, el Hacer refiere a aquello que el Ser puede emprender en un momento determinado y eventualmente cambiar. En ese punto también podemos detenernos a pensar que quizás no es tarde para tomar clases de baile, aprender guitarra, sumarnos a una clase de pintura, etc…

    Si estamos interesados en cuestionarnos algo de esto, para saber qué quiere hacer uno en el futuro, se vuelve esencial distinguir entre ambas cuestiones. De esta forma, le quitamos cierto peso a esa decisión que pareciera por momentos ser única e inamovible.

    Crecimos pensando en qué queremos Ser en términos de ocupación y quizás dejamos pasar oportunidades… ¿Nos deteníamos a pensar en múltiples actividades que podían interesarnos y que perfectamente podían coexistir en nuestra vida? Dedicarnos laboralmente a las ciencias duras y elegir como pasatiempo el arte, por ejemplo. Es que crecimos en medio de un paradigma anterior en el que la profesión definía a una persona.

    En ese punto la cultura juega un papel importantísimo, y es tarea de los padres, docentes y demás adultos significativos, ayudar a los niños de hoy a descubrir sus intereses, escuchándolos, compartiendo y validando.

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