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miércoles, agosto 5, 2020
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    El legado fundador de Rocamora

    La plaza central y su entorno eran clave para la perspectiva organizadora del espacio y la vida de las comunidades que caracterizó las urbanizaciones promovidas por Tomás de Rocamora. Se ve con claridad en los casos de Gualeguaychú, Concepción del Uruguay y Gualeguay.

     

    Mariana Melhem/[email protected]

     

    La propuesta es acercarnos al patrimonio urbano, ampliando la mirada más allá de un edificio, para entender a la ciudad como construcción patrimonial colectiva. La ciudad, que es el mayor producto de la cultura construido por una sociedad a lo largo del tiempo y que representa la acción conjunta de hombre y naturaleza, es por tanto un organismo vivo y como tal, crece y se transforma, es un paisaje cultural que identifica a cada comunidad. El crecimiento se puede dar por sustitución, por agregación o por extensión y en cada uno de nuestros núcleos urbanos podemos descubrir dichas modalidades.

    Cabe preguntarse entonces, qué es lo que permanece en nuestras ciudades y pueblos. Tanto aquellas que deben su origen a un acta fundacional como las que se han configurado de manera espontánea en torno a algún elemento de la producción, el transporte o a algún componente de la naturaleza favorable a su establecimiento (un río, por ejemplo), cuentan con una estructura subyacente que permanece; es esa que permite que el crecimiento se desarrolle en un sentido y con una forma que le es propia. Esa estructura está determinada por su trazado que a su vez puede ser de naturaleza geométrica (ortogonal, radial, etc.) u orgánica.

    El “modelo” Rocamora, que luego las comunidades fueron interviniendo.

    El toque Rocamora 

    En Entre Ríos existen solo tres ciudades fundadas durante el Período tardo colonial Rioplatense – durante el Virreinato del Río de la Plata -, esto no quiere decir que no hayan existido otras previamente, pero no responden a un proyecto de fundación.

    Hablamos de San Antonio de Gualeguay, Concepción del Uruguay y San José de Gualeguaychú, que fueron fundadas por Tomás de Rocamora entre marzo y octubre de 1783, en cumplimiento de una resolución emitida por el Virrey Vértiz. Si bien existían pobladores en las proximidades de las actuales ciudades, estos estaban dispersos en torno a capillas parroquiales.

    A Rocamora se le encomendó la regularización de esos poblados, seleccionando un sitio apropiado que permitiera contar con agua potable, puerto de embarque y un territorio no inundable que favoreciera el crecimiento a lo largo del tiempo.

    Las tres (Gualeguay, Gualeguaychú y Concepción del Uruguay) fueron trazadas bajo el mismo diseño, respondiendo a lo establecido por las Leyes de Indias, en tanto le fue posible al fundador, que por cierto se lamentaba de no contar con un ejemplar de dicha legislación.

    El núcleo fundacional consiste en una plaza central compuesta de 4 manzanas desde cuyo centro nace y se desarrolla la cuadrícula.

    La Casa de las Rejas, en Gualeguay, aún hoy es uno de los puntos más visitados.

    “Que la plaza se coloque de suerte que sus cuatro ángulos se fijen en los cuatro puntos cardinales; que tengan en ella solares la Iglesia, Casa del Concejo con Cárcel, y tiendas destinadas para los propios; como el que de la misma Plaza salgan con la correspondiente anchura, las cuatro calles centrales y las ocho angulares de tal suerte que desde el medio o esquina de la Plaza, prolongada la vista en rectas, descubra despejados los extremos de aquellas calles principales, está muy bien…” (Rocamora).

    El fundador además consideraba, que las casas debían construirse en el centro de los solares, dejando entre cada vecino un espacio abierto, para prevenir la propagación de incendios ocasionados por los fuegos que permanentemente estaban encendidos para preparar el mate (“que se toma todo el día”) y el asado.

    Rocamora utilizaba el mismo plano para los tres casos repitiendo las medidas y el criterio de localización próximo al río. Este caso permite comprobar que el carácter identitario de cada lugar se moldea en sociedad, en cada una de estas ciudades lo único que permanece es el trazado, la configuración del espacio está constituida por diversas arquitecturas de distintos momentos históricos y sigue en construcción aportando también la vegetación un carácter particular.

    Imagen de la plaza central de Gualeguaychú. Gentileza: Archivo Histórico Casa de los Haedo.

    Iguales pero diferentes 

    En Gualeguaychú (18/10/1783) la construcción más antigua del entorno de Plaza San Martín, es la vivienda Haedo, que data de principios del siglo XIX y que se distingue por sus austeras líneas y sus paredes encaladas además de ser la única construcción sin ochavas.

    El resto del recinto se fue configurando y transformando a lo largo del tiempo. Así destaca la iglesia San José construida a mediados del siglo XIX, la Jefatura de Policía a finales de dicho siglo, los Tribunales y la Escuela Rawson, entre otros edificios realizados en el mismo período.

    En Concepción (25/6/1783) dominan el espacio tres obras representativas de la Confederación: la Basílica Inmaculada Concepción, el Colegio Nacional del Uruguay y la Casa urbana de Urquiza, junto a la pirámide que se encuentra en el centro de la Plaza Ramírez desde 1827, mientras la jefatura de Policía y algunas viviendas del entorno (realizadas entre fines del siglo XIX y principios del XX) conviven con el centro cívico donde se encuentra la sede de la Municipalidad realizado en la década de 1970.

    En Gualeguay (19/3/1783), emerge central la columna dedicada a la Constitución que le da nombre. Completan el espacio: los Tribunales, la casa de las Rejas, la iglesia San Antonio, el Club Social, la jefatura de policía (todas ellas realizadas entre fines del siglo XIX y principios del siguiente), junto al Jockey Club (década de 1930) dos viviendas racionalistas, un edificio de pisos de la segunda mitad del siglo XX y otras obras residenciales y comerciales de distintos momentos.

    La estructura es lo permanente; las arquitecturas se transforman, pero el espacio moldeado entre hombre y naturaleza a lo largo de la historia de los pueblos es lo que los identifica y cuenta su historia.

    La casa Haedo, para muchos la más antigua de Entre Ríos, es parte del entorno de la plaza San Martín en Gualeguaychú.

    Un extranjero valorado

    Don Tomás de Rocamora era oriundo de Granada de Nicaragua, perteneciente al Reino de Guatemala. Desarrolló una incansable obra social, económica y militar en Entre Ríos, desde que el virrey Manuel Vértiz le encargara en 1782, la erección de villas en los cinco partidos: Gualeguay, Arroyo de la China, Gualeguaychú, Nogoyá y La Bajada.

    El Colegio del Uruguay, valioso patrimonio de La Histórica, no sólo arquitectónico. Foto: Julio Blanco.

     

     

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