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viernes, agosto 7, 2020
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    María Esther de Miguel, una prócer de la novela histórica

    La escritora fue una referente del auge de la novela histórica y una de las autoras más leídas de los últimos tiempos. También fue maestra, religiosa y periodista cultural.

     

     

    Un canto a la esperanza, que supo transmitir tanto en sus obras como en su personalidad, cálida y transparente, caracterizó la vida de María Esther de Miguel.

    Su figura menuda, de ojos expresivos, y su estilo narrativo llano, coloquial, en el que no faltaban un lenguaje vivaz y muestras de agudo ingenio, cautivaron a los lectores, que la consagraron como una de las voces literarias femeninas con público propio.

    Muchas de sus obras, ambientadas en momentos significativos de la vida argentina, contribuyeron a consolidar en el país el género de la novela histórica.

    María Esther de Miguel recorrió el mundo y conoció la fama. Pero, fiel a sus raíces, nunca abandonó su tierra natal ni las profundas enseñanzas de su familia.

    Sin dudas, la oriunda de Larroque fue una referente indiscutida del boom de la novela histórica en los ‘90, en las que buscaba mostrar a los próceres como personas normales, con defectos y virtudes

    Con un pasado como maestra, María Esther se mudó a Buenos Aires para convertirse en religiosa y perfeccionar su escritura. Además, se desempeñó como periodista cultural y ocupó cargos tales como la titularidad del Fondo Nacional de las Artes y la Fundación El Libro, organizadora de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

    Entre sus obras, se destacan: “Los que comimos a Solís”, “Espejos y daguerrotipos”, “En el campo las espinas”, “El general, el pintor y la dama”, “Las batallas secretas de Belgrano” y “La amante del restaurador”.

     

    PRIMEROS AÑOS

    María Esther de Miguel nació el 1 de noviembre de 1925, en la localidad de Larroque, departamento Gualeguaychú, en el sur de la provincia de Entre Ríos. Hija de un inmigrante español, encargado de la usina de esa ciudad, y de madre judía, era la mayor de cuatro hermanos. María tuvo vocación por la escritura desde pequeña y con tan sólo 8 años ganó un concurso literario por una composición en la revista Figuritas sobre las islas Malvinas.

    Luego de recibirse y trabajar como maestra en zonas rurales, partió a Buenos Aires y a los 25 años se consagró como laica en la congregación de las Paulinas de la Obra Cardenal Ferrari, donde fortaleció su profunda espiritualidad y cultivó su pasión por la escritura. Durante ese tiempo estudió letras en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

    Además, en la propia congregación religiosa dirigió la revista “Señales”, una publicación cultural católica. Ella le dio una orientación más literaria y abrió sus páginas a escritores de distintas tendencias y convicciones, como Jorge Luis Borges, José Bianco, Humberto Constantini, Abelardo Castillo, Dalmiro Sáenz, Federico Peltzer y el autor chileno José Donoso, entre otros. Condujo la publicación desde 1957 hasta 1964, año en que se retiró de la Compañía de San Pablo.

    María Esther de Miguel fue una gran difusora en el país de la novela histórica.

    COMO ESCRITORA

    Luego de recibir una beca para estudiar literatura en Italia, María Esther de Miguel regresó y abandonó su vocación religiosa. A partir de allí, trabajó en la Justicia y también como periodista cultural. De hecho, fue directora del Fondo Nacional de las Artes, miembro del Consejo de Administración de la Fundación El Libro y crítica literaria del diario La Nación y El Cronista Comercial.

    En 1961, obtuvo el premio Emecé por su primera novela “La hora undécima” y logró convertirse en una de las escritoras argentinas más leídas, con un promedio de 50.000 ejemplares vendidos por obra.

    A partir de 1980 llegaron las producciones literarias que le dieron mayor notoriedad. Ese año escribió “Espejos y daguerrotipos”, galardonado con el Premio Municipal de Literatura, y más tarde “Jaque a Paysandú” (1984), con el que inició la serie de novelas históricas. En 1991 escribió una biografía de Norah Lange.

    Comenzó a aparecer en las listas de best seller con “La amante del restaurador” (1993), galardonado con el Premio Nacional de Literatura, y fortaleció la adhesión de los lectores con “Las batallas secretas de Belgrano” (1995). Su consagración llegó con “El general, el pintor y la dama” (1996), distinguida con el premio Planeta de novela y que lleva vendidos más de 150.000 ejemplares en varias ediciones. Sus últimas novelas fueron “Un dandy en la corte del rey Alfonso” (1999) y “El Palacio de los Patos” (2001).

     

    LEGADO Y MUERTE

    La entrerriana se destacó por sus novelas históricas, donde buscaba mostrar a los próceres como personas comunes, con defectos y virtudes. Además, estaba atenta a las cuestiones de género, ya que formaba parte de “Las mujeres del libro”, grupo en el que predominan las editoras y que compartía con Marta Díaz, directora de la Feria del Libro y amiga suya.

    En sus últimos años, en 1998, donó su casa-quinta “La Tera” a la comunidad larroquense para que la convierta en centro cultural. Hoy en día se encuentra abierta al público y con la posibilidad de recorrer el interior, donde se aloja su biblioteca personal.

    Desde la década del ‘60, estaba casada con el editor Andrés Alfonso Bravo. La reconocida entrerriana falleció por causa de cáncer de colon. Luego de semanas internada murió a los 73 años en Buenos Aires, el 27 de julio de 2003. Sus restos descansan en el cementerio de su pueblo natal, a pocos metros del lugar elegido por la escritora para dar vida a sus cuentos y sus novelas.

    Su casa en Larroque fue convertida en un espacio cultural.

    UNA BIOGRAFÍA

    “Invitados al paraíso de María Esther de Miguel” es el nombre que eligió Daniela Churruarín para el libro que reúne y sintetiza la vida y obra de la escritora entrerriana.

    En efecto, el trabajo es una biografía literaria en la cual, a través de la investigación en archivos periodísticos, tanto de la autora como de diversas instituciones, sumados los aportes de familiares y entrevistas realizadas con escritores y periodistas, Churruarín reconstruye el camino de María Esther de Miguel desde sus primeros pasos en la educación formal y su vida religiosa, hasta su desarrollo en el ámbito de la escritura y la cultura, que la llevaron a consagrarse como destacada figura nacional en la literatura argentina.

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