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martes, agosto 11, 2020
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    Golz, “el Adolfo de la gente”

    El título de esta nota es prestado de una frase con la que siempre lo nominaba su colega Ezequiel Re. Su vida fue, en gran parte, ser “el Adolfo de la gente”. En estos días desde su muerte las expresiones de tristeza, de congoja por su partida se han multiplicado. Este hecho señala el afecto que supo ganarse en la ciudad y en la provincia entre las distintas generaciones que lo conocieron, algunos de los bocetan facetas que lo perfilan en distintas situaciones.

     

    REDACCIÓN EL DIARIO / [email protected]

     

    Boquense fanático y argentino a carta cabal. Su recorrida diaria por las calles céntricas de Paraná –con parada obligada en EL DIARIO- lo llevaban por un circuito planificado meticulosamente. Pero que admitía la flexibilidad de lo imprevisto, de la charla espontánea, del beso obligatorio con que saludaba al conocido. Ayudado por cualidades como su memoria y su vocación de mensajero, se construyó como `tejedor´ de vínculos sociales –un moderno “Mercurio” como aquel ancestral de la Mitología Helénica-. Melómano, fue un apasionado por la Opera y la música clásica, narrador de chistes a toda hora, autor de coplas y allegado al mate, del que además de escribir reunió una valiosa colección. Hacedor infatigable y persistente, Adolfo Argentino Golz fue un hombre dedicado a narrar a través de la escritura la vida y algunas de sus circunstancias. “El Adolfo de la gente”, como lo llamaba su colega Ezequiel Re, regresa en esta evocación, retratado en las voces de sus contemporáneos que lo despidieron luego de su fallecimiento, el 9 de Julio pasado. Es la palabra de Re quien abre los testimonios.

    MEMORIA Y GENEROSIDAD

    «Estimado E.R. (no es Entre Ríos): te dejo el material que te interesaba. Te recomiendo foto y señalador que son de mi archivo. Un abrazo. Adolfo». Era marzo o tal vez abril de 2019. No recuerdo bien. Tiempo previo había realizado un viaje a Córdoba y visité el Museo Manuel Mujica Lainez, en plenas sierras. Me sorprendió encontrar en un lugar de pertenencias del escritor y periodista un cenicero con la inscripción EL DIARIO. Si, entre boligrafos, su DNI, un anillo, una reliquia del matutino paranaense. Acaso un obsequio de alguna visita a Paraná. ¿Quién podía saber sobre esa relación entre Manuel Mujica Lainez, EL DIARIO y ese cenicero?. Si. Adolfo Golz. Al que veía de pequeño cuando él salía por Canal 13 de Santa Fe. Al que conocí en la redacción de EL DIARIO. El que con sus 80 y picos de pirulos me ayudó a escribir un libro. Con el que subimos al escenario del Teatro 3 de Febrero para contar historias deportivas. El que tenía 90 años y el que en una fría tarde de julio de 2020 se durmió para siempre. La cuestión es que Adolfo, en ese marzo o tal vez abril, me sacó la duda sobre el cenicero. Nos cruzamos en EL DIARIO, siempre tipo 9 de la mañana cuando él iba a buscar todo tipo de material periodístico. El saludo de siempre, algunas palabras junto a Marcelo Miño y Juan Carlos Grandoli, trabajadores del lugar y compañeros de mate para hablar de fútbol. Adolfo se prendía con algún recuerdo. Una historia. Una anécdota. Nos cruzamos siempre, menos ese día. Entonces Me dejó su escrito a máquina de escribir y al no encontrarme escribió «Estimado E.R. (no es Entre Ríos)…».

    La misiva a Ezequiel Re, con un mensaje manuscrito al final, es una de las facetas del autor fallecido: su generosidad con colegas y quien lo consultara. Nunca dejó de emplear la máquina de escribir, tal como puede verse en la tipografía.

    La idea era publicar la historia. Pero el tiempo fue pasando. Quedé en deuda con Adolfo. Si bien ese papelito iba de aquí para allá entre mis carpetas desordenadas, nunca salieron a la luz esas letras. Tal vez por una razón. Vital, clave. Hoy están aquí en su homenaje. Adolfo, el de andar lento, el libro abierto. Justamente, con su muerte sentida, se cerró una página del periodismo de máquina de escribir, de bohemias y tangos con una fina melancolía, como una garúa que hoy sería necesaria para tapar esa lágrima rezongona que se escapa, como el tiempo de las manos».

     

    GESTOR CULTURAL

    Para Roberto Romani, a quien conoció desde comienzos de la década de los 80, Golz fue una figura consular y su “padrino” artístico. El poeta larroquense aceptó de buen grado ese rol de “ahijado” y mantuvo con el escritor fallecido una amistad profunda.

    Para Romani, “el querido Adolfo fue, esencialmente, un gestor cultural, un apasionado emprendedor de los ámbitos creativos de la provincia”.

    En algunas ocasiones, cuando el actual embajador cultural de la provincia ocupó el cargo de Subsecretario de Cultura de Entre Ríos, Golz lo acompañó para participar en actividades programas en distintas localidades. “Cuando recorríamos grandes ciudades y pequeños pueblos con el ciclo Editorial con alas, de la Secretaría de Cultura, pude comprobar con marcado beneplácito de qué manera Adolfo disfrutaba del encuentro con sus hermanos, no exento del humor y la picardía criolla que adornaban su hermosa personalidad”.

    Para Romani, “mientras podamos multiplicar la alegría por las calles de Paraná y gritar apasionadamente un gol de Boca, mantendremos vivo el ángel del entrañable amigo”.

     

    VALORAR AL OTRO

    Julio Federik, escritor, poeta, integrante de la Sociedad Argentina de Escritores –entidad que tuvo a Golz como Socio Vitalicio y que lo lloró con un mensaje conceptuoso- la muerte de su colega no lo dejó indiferente. Apenas conocida la noticia, Federik no pudo ocultar su congoja y los despidió con un último y sentido saludo a través de redes sociales a lo que adjuntó una foto de un encuentro casual en medio de una de las habituales recorridas de Golz por las calles de la ciudad: “Recién me entero de su muerte. Esta foto es de fines del año pasado. Iba a una audiencia y me encontré en la calle con Adolfo. Luego de la charla nos sacamos nuestra ultima foto.  Tengo tantos recuerdos y anécdotas vividas con este escritor amigo que abro el cofre y se me vienen al instante. En todos estos momentos –remarca Federik- está él apoyando o incitando a publicar nuestros trabajos, y a que nos sintamos valorados”.

    En ese sentido, concluye, “fue sin dudas Un incansable propulsor de la literatura y apoyo a nuevos escritores hasta el final de su vida”.

    En plena recorrida diaria por el centro de la ciudad, encuentro espontáneo entre Julio Federik (izq.) y Adolfo Golz der). La imagen expresa el modo de ser llano y abierto, siempre dispuesto al encuentro con los vecinos y amigos del escritor fallecido.

     

    DESPEDIDA INSTITUCIONAL

    𝐀𝐝𝐨𝐥𝐟𝐨: 𝐭𝐞𝐬𝐭𝐢𝐠𝐨 𝐲 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐞 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨𝐫𝐢𝐚

    Luego de conocerse el deceso del veterano periodista, la Secretaría de Cultura de Paraná lo evocó a través de redes sociales con este texto en que se rescatan algunas de sus facetas cotidianas:

    “¿Quién puede hablar con propiedad de las visitas de Jorge Luis Borges a Paraná? ¿Quién puede contar el inicio del programa deportivo emblema de la radiofonía regional, Tribuna deportiva? ¿Quién puede revelar qué hacían en quiosquito de calle Laprida las firmas estampadas en la pared de Mujica Lainez, Borges y tantos otros?

    “En cualquier redacción de Paraná, ante preguntas semejantes, seguramente alguien respondía: llamalo a Adolfo.

    “Adolfo Argentino Golz nació en Nogoyá, pero al poco tiempo sus padres se mudaron a Viena. En Austria, a los 5 años, vio pasar a Adolfo Hitler en su caravana marcial. Más adelante volvió a la Argentina y estudió en la Escuela Belgrano, de Paraná.

    “Se dedicó al periodismo desde la primaria y también a la literatura, pero no se mencionaba escritor. `Soy un periodista que escribe´, solía decir. Tenía un lunar oscuro en la sien y el deseo de compartir su experiencia y su archivo desbordado.

    “Fue un entrañable amigo de María Esther de Miguel, el padrino de Roberto Romani y consejero de todo periodista que necesitara de su auxilio. Por la mañana, llegaba a la redacción de EL DIARIO repartiendo recortes de artículos que creía de interés para tal o cual colega. Lo gobernaba, por alguna razón, el mandato de compartir, tanto como la pasión por ejercer su oficio. “Un periodista no se jubila”, repetía, en un encuentro casual por la calle, después de sacar el cálculo de sus años en ejercicio.

    “Adolfo Argentino Golz murió este 9 de julio en Paraná. Algunos le decían `el decano del periodismo paranaense´. Era un señor sencillo, que reconocía de inmediato a las nuevas generaciones de periodistas y se volcaba a la conversación y a la escucha.

    “En su extenso peregrinar, Adolfo dejó sus obras de cuentos, sus coplas del mate y una infinidad de historias que reflejan parte del acontecer de la ciudad, pero especialmente lo que queda por aquí es su inagotable deseo de andar, observar, preguntar y tratar de contar lo que sucedía en su lugar. De qué otra cosa se trata el oficio después de todo.

    “De ahora en adelante se va a sentir su ausencia de muchos modos. Va a permanecer, en la calle, en las redacciones, en las bibliotecas, la inspiración de su nombre junto a la imagen de un señor en permanente movimiento que quiere contar y compartir lo que pasa: Adolfo quiso ser parte de la historia de su pueblo y pudo hacerlo”.

     

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