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martes, agosto 11, 2020
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    Entre Ríos, una calle sin prisa que evoca al alfabeto morse

    Ventana sencilla por donde se filtra el amanecer, la calle Provincia de Entre Ríos es víctima de un descuido inexplicable que la fragmenta en mundos diversos, pese a su trayecto de suspiro.

     

    Víctor Fleitas / [email protected]

     

    Es absolutamente improbable que Samuel Morse hubiera podido imaginar que casi dos siglos más tarde, en un promisorio barrio de una ciudad capital de provincia en el Cono Sur, una calle emularía el invento por el que ha sido mundialmente conocido y gracias al cual se convirtió en un ciudadano acaudalado, además de influyente.

    Pero hay que ver para creer cómo la modesta Provincia de Entre Ríos, que surge y termina en sendos lotes, separados por 650 metros lineales, es capaz de contener semejante cantidad de tipos de suelo diferentes en tan escueto recorrido. A un breve arranque de hormigón le siguen cuadras de broza, jalonadas por un cruce asfaltado: punto, raya, raya, punto; un par de cuadras de pavimento flexible devienen en una intersección de tierra y cien metros de broza: raya, raya, punto, raya; y cuando el conductor se acostumbra al asfalto, inexplicablemente sobreviene una cuadra de tierra, que desemboca en una calzada de hormigón: raya, raya, punto, raya, punto.

    Dispuesta en dirección norte-sur, Provincia de Entre Ríos es el travesaño de una cruz imaginaria cuyo madero vertical es Brown, amplia avenida desde su nacimiento en Ramírez hasta la Circunvalación José Hernández, que viene desde el Túnel, dos cuadras más allá del cruce con Provincia de Entre Ríos.

    En el extremo norte, Provincia de Entre Ríos luce simplemente detonada. Foto: Gustavo Cabral

    FRONTERA

    Como suele ocurrir, la avenida divide la trama urbana del sector. Al sur de Brown y hasta Churruarín se despliega una cantidad impactante de barrios, de reciente amanzanamiento, con calles generalmente pavimentadas y en más de un caso sin que en las veredas la gramilla le haya ganado el tironeo a la tierra nivelada. En el tramo sureño de Provincia de Entre Ríos, las viviendas no son ostentosas, pero están hechas con materiales de corralón y en base a un notorio criterio de regularidad en su conformación espacial y su relación con el entorno.

    El predominio de debiluchos ejemplares en las hileras de árboles habla a las claras de que por esa zona los vecinos todavía se están conociendo. Los primeros en entablar vínculos son los niños que, arropados y todo, ensobrados en voluminosas camperas, tejen aventuras de pedal y manubrio, antes de posicionarse en el medio de la calle por la que pasan muy pocos autos, en una inocultable manifestación de poder infantil.

    La falta de cordón cuneta en esas cuadras los hace dibujar trayectorias caprichosas con sus metálicos corceles, en las que no falta el vertiginoso descenso desde la vereda o el manso deslizar por las planicies.

    Sin destellos deslumbrantes pero con adolescente fervor, un poco más allá unos muchachones derriten el frío en partido de fútbol de un solo arco. Campera sobre campera, buzo con capucha y gorra de lana parecen ser el producto de la negociación sostenida para que padre, madre o tutor responsable los dejen patear un rato. De pronto, la pelota brinca, juguetona, por alguna mata rebelde, antes de que se inicie una discusión interminable en torno a un gol repleto de polémica.

    En esa parte, Provincia de Entre Ríos divide el barrio 120 viviendas (hacia Circunvalación) del loteo Vista Hermosa (hacia el oeste). Los vecinos tienen distintas sospechas, pero nadie pudo establecer, pese a las gestiones realizadas, por qué quedaron ocho cuadras sin asfaltar en ese inmenso mosaico pavimentado. En el medio de esa burbuja de broza en suspensión se erige un establecimiento sanitario, cuyo nombre (Centro Privado de Medicina Respiratoria, según reza el cartel del frontis) constituye una enorme paradoja dentro de otra.

    En Provincia de Entre Ríos y Chacho Peñaloza espera una postal deslumbrante de Paraná. Foto: Gustavo Cabral

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    Del otro lado de Brown, Provincia de Entre Ríos continúa. A primera vista el que allí se despliega es un barrio de mayor antigüedad, con casas también unifamiliares pero de una solidez más notoria, propia de otra época. Los gurises ciclistas del tramo sur saben que no deben cruzar la avenida. Pero alguno lo ha hecho a escondidas y ha contado, en rueda de compinches, con expreso pedido de reserva para que los mayores no se enteren de la travesía, que la última cuadra, en declive, es tan riesgosa como descender por la ladera de una montaña. Y, la verdad, no exagera, salvo en mínimos detalles.

    Desde Gualeguay, principio norte de Provincia de Entre Ríos, no se ve la calle completa. Pero desde Brown sí. La circunscripta arteria se abre camino hasta su desembocadura, ante la oposición de un par de manzanas libres de mejora que impiden todo paso. Ahí, donde termina Provincia de Entre Ríos, en el cruce con Chacho Peñaloza, aguarda una postal del centro de Paraná que es impactante de día y maravillosa de noche, con el lucerío buscando primero un valle proletario y después la loma.

    Hasta Morse -que era pintor antes que inventor del alfabeto que lleva su nombre y del telégrafo- se habría deslumbrado con la belleza de ese aspecto de ciudad tomada por sorpresa, sin la sonrisa de ocasión con que suele hallársele en el Parque Urquiza, la Peatonal o el río.

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