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lunes, agosto 3, 2020
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    Motta guarda esperanzas en el crecimiento industrial

    El tesorero de la Unión Industrial Argentina, el entrerriano Héctor Motta, propone aprovechar la crisis por la pandemia para acordar y planificar un modelo de desarrollo diversificado y federal de las distintas cadenas productivas argentinas, sobre la base del agregado de valor. El dirigente llama la atención, igualmente, sobre la gravedad de la situación.

     

    REDACCIÓN EL DIARIO / [email protected]

     

    “La Unión Industrial se fundó hace 133 años, es una de las entidades más antiguas y rectoras del país”, caracterizó Héctor Motta, que ha transformado un apellido de trabajadores en marca registrada a nivel nacional. Atendió a EL DIARIO desde su despacho, en Ramírez y Belgrano, en Racedo, sede de la empresa agroalimentaria del sector avícola que lo tiene como referente indiscutido.

    La UIA, por cierto, integra el influyente Grupo de los Seis, junto a la Cámara Argentina de Comercio y Servicios, la Sociedad Rural, la Cámara de la Construcción, la Bolsa de Comercio y la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino. De su organización se desprende la convivencia de grandes empresas, cámaras y uniones provinciales, como la UIER en Entre Ríos. Actualmente, Motta es tesorero de la UIA, designación que ostenta desde hace cuatro períodos. “En el plano operativo, el presidente y el secretario ocupan un lugar fundamental; luego está la Junta Directiva –con miembros titulares y suplentes– y el Consejo de Administración, que van articulando las posiciones de los asociados y que no han dejado de funcionar pese a la cuarentena”, explicó, al referir que “la UIA representa desde las micropymes a las grandes industrias”. De acuerdo al modo oficial de caracterizarlas, en función entre otros factores de la facturación y la mano de obra ocupada, el 98% de las firmas son pymes; más allá de que el impacto de las medianas y grandes empresas en la toma de decisiones sea evidente.

    Antes de la pandemia, se tenía por corroborado que el sector producía entre 1,1 y 1,2 millones de puestos de trabajo y juega un papel fundamental en el agregado de valor, tanto para el mercado interno como para el internacional.

    El entrevistado hace dos décadas que participa activamente de la UIA e integra el puñado de dirigentes que empuja los cambios, en toda ocasión y circunstancias, en la producción de diagnósticos y de propuestas. “A partir de mediados de 2018, la actividad industrial comenzó un ligero retroceso que se fue agudizando: ese nivel de caída no pudo ser modificado durante el segundo semestre de 2018, todo el 2019 y los meses de enero y febrero de 2020”, caracterizó.

    –Y entonces llegó la pandemia…

    –La situación generada por el Covid-19 provocó un cimbronazo muy profundo en toda la estructura productiva y la industrial fue una de las actividades más afectadas. Aunque en un contexto general adverso desde el punto de vista de la circulación de bienes y servicios a escapa local y global, sólo quedaron exceptuadas del parate las firmas que operaron en los rubros considerados esenciales.

     

    DAÑO

    –¿Y qué teme?

    –Puede que estemos entrando en la peor crisis, la más profunda de los últimos 120 años. Tal vez que no hayamos tomado dimensión del daño que la pandemia ha provocado en la estructura productiva argentina. Salir nos va a costar muchísimo trabajo y no será posible sin un esfuerzo muy grande.

    La UIA ha trabajado codo a codo con el gobierno nacional desde el minuto cero porque entendíamos que, ante una situación de esta naturaleza, no sólo debíamos actuar en representación de los industriales sino colaborar además en la administración de la crisis.

    Hemos hecho muchas sugerencias en ese sentido, en los casi 120 días de cuarentena que llevamos. Pero además de atender la coyuntura a partir de la constitución de un comité de crisis, todos los departamentos que funcionan dentro del Centro de Estudios de la UIA se pusieron a trabajar en un documento que se entregó el viernes 3 de julio al presidente de la República, Alberto Fernández, que se llama “Propuestas para la reactivación productiva”.

     

    LINEAMIENTOS

    –¿Qué se plantea allí?

    –Entre otras cosas, el programa se apoya en seis puntos que consideramos fundamentales para cuando salgamos de la pandemia. El primero es la necesidad de incentivar nuevas inversiones y empleo; el segundo, la oferta de líneas de financiamiento para la producción; el tercero es la recuperación de las exportaciones industriales y el impulso de su crecimiento; la cuarta es la reactivación de la obra pública para la dinamización de la demanda; la quinta, impulsar el fomento de la industria 4.0 y la incorporación de nuevas tecnologías; y, el sexto, es propiciar un desarrollo pyme federal, en el que tanto insistimos los representantes de delegaciones del interior.

    –Dado el alcance global de los efectos del Covid-19, ¿qué escenarios imaginan para los mercados internos y externos?

    –Es claro que la crisis es mundial. En ese contexto, casi todas las economías en el período pandémico han comenzado a mirar hacia adentro y a priorizar lo propio, inquietas por la necesidad de administrar la precariedad.

    De manera que la salida de esta coyuntura no va a encontrar el mercado mundial en plena expansión que teníamos antes de la llegada de la pandemia. Muchos países del mundo tendrán que lidiar con fuertes restricciones económicas, es la realidad.

    De manera que lo más razonable para la Argentina será mirar el mercado interno, reactivarlo, fortalecerlo para que se dinamice el consumo, el intercambio de bienes y servicios y la circulación de la riqueza. Ahora, nuestro país no puede dejar de participar de los mercados internacionales, sencillamente porque necesitamos que el país se haga de divisas y la única manera de hacerlo de manera genuina es a través de la exportación.

    En ese contexto, el agregado de valor juega un rol fundamental para lo cual es vital observar detenidamente las fortalezas y debilidades de las más de treinta cadenas productivas argentinas y, entre ellas, no hay dudas de que la agroalimentaria está llamada a abrir las puertas de un mundo que necesitará estos productos con premura.

     

    LOCALÍA

    –Es interesante por el perfil de la industria entrerriana…

    –Es verdad, la economía de Entre Ríos está fuertemente atravesada por la actividad agroindustrial. Creo que hay que imaginar que la Argentina puede ser la gran fábrica de alimentos para el mundo. El sector no sólo está operativo y es competitivo, sino que tiene posibilidades de crecimiento a nivel mundial.

    –Ese diagnóstico general sobre la situación de la industria, ¿se replica automáticamente en Entre Ríos?

    –No, en Entre Ríos hubo un cese total cuando se decretó la cuarentena y luego de un tiempo, con anuencia de la Nación, la Provincia empieza administrar de un modo diferente a lo que ocurre en el Área Metropolitana de Buenos Aires y en otros distritos. Entiendo que con buen criterio se han liberando algunos tipos de actividades porque Entre Ríos no puede estar completamente paralizada.

    No obstante, la industria del turismo está sufriendo de una manera tremenda el hecho de que las personas no puedan circular por seguridad sanitaria. Es una picardía porque Entre Ríos tenía una actividad y una infraestructura importante y necesitamos que se reactive cuanto antes. Lamentablemente, sin apoyo no podrá salir adelante ese sector una vez que salgamos de la pandemia. Y así será imposible recuperar los puestos de trabajo que tenía. Ojalá Entre Ríos pueda regresar a esa situación en la que era una de las preferidas entre los destinos turísticos.

    Aquí también cobra extraordinario valor la reactivación de la obra pública, porque pone a funcionar una maquinaria que beneficia al conjunto, incluyendo los ingresos del Estado, por supuesto. En síntesis, apalancar lo que está funcionando a bajo o moderado ritmo y sostener los sectores que se han visto paralizados por la crisis.

     

    Propone, acordar, negociar

    “¿Hay en la provincia escenarios de intercambio como asegura que existen a nivel nacional?”, preguntó EL DIARIO. “Nuestra entidad natural que es la UIER participa a partir de sus delegados de todas las discusiones de la UIA y, a su vez, transmite las propuestas acordadas a nivel nacional al gobierno provincial, con quien además interactúa para las cuestiones estrictamente locales”, expuso Motta al añadir que “de ese modo, estamos presentes en la discusión y la redacción de los documentos y en el accionar institucional, en los distintos niveles”. Apuntó entonces que “naturalmente, tanto el gobierno nacional como el provincial luego deciden qué toman y qué no de lo que sugerimos”.

    –Pero proponen medidas con la idea de que sirven para salir…

    –Ese es el ánimo sí y esperamos que se entiendan cabalmente las dificultades a las que nos estamos enfrentando. Para afrontar esta crisis severísima, peor que cualquier otra del siglo XX, debemos trabajar muy fuerte en la generación de consensos, deponer actitudes personales para la búsqueda de acuerdos generales y, en esa dinámica, no tengo dudas de que surgirán ideas y programas que nos permitan visualizar las salidas adecuadas. Ojalá lo hagamos ya, así en 2021 tanto la Nación como la Provincia recuperen el lugar que merecemos.

     

    Capitalizar fortalezas

    En el documento “Hacia una nueva normalidad: propuestas para la reactivación productiva”, la Unión Industrial Argentina destacó que la Argentina cuenta con el tercer entramado industrial de América Latina y con potencial suficiente para avanzar en su desarrollo y expansión. Indica en ese sentido que “los recursos naturales en agro, energía y minerales, la calificación de los trabajadores, las capacidades científicas y del sector de servicios basados en el conocimiento son algunos de los activos de los que el país dispone para encarar esta nueva etapa”.

    Así las cosas, “contar con una industria diversificada que puede abastecer al mercado de los bienes esenciales, así como del equipamiento médico y de nuevas soluciones tecnologías, resultó estratégico durante estos primeros meses de la pandemia. Lo será aún más en los tiempos que se avecinan”.

    La propuesta reconoce la conveniencia de “avanzar en la construcción de consensos e instituciones para lograr políticas duraderas y previsibles. Es urgente consolidar una estrategia macroeconómica integral que tenga como objetivo central la agregación de valor, la generación de divisas y la creación de empleo”.

    Según la UIA, esos acuerdos demandan una política monetaria que fomente el ahorro en moneda local y busque gradualmente salir de los controles y regulaciones cambiarias; una política cambiaria previsible que sustente la agregación de valor en la producción; una política tributaria que promueva la inversión y el empleo con políticas e incentivos focalizados; y una política de ingresos que reduzca la nominalidad de la economía y establezca precios relativos estables que brinden mayor previsibilidad para todos los sectores.

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