Adolfo

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Adolfo Argentino Golz falleció este jueves, a los 90 años.

COLABORACIÓN / Luis César Bourband

 

Dicen que cuando un amigo se va, queda un espacio vacío. Seguramente cuando un hermano parte, ese espacio se agranda considerablemente. Y es que, hace muchos años, a él se le ocurrió que, como ambos éramos hijos únicos, nos proclamaríamos hermanos. De esas humoradas, ocurrencias inacabables y permanentes, se valía para seducir a quienes fuimos sus amigos. Con cada uno tenía algo en común y a cada uno brindaba su material periodístico y cultural que recibía diariamente en forma de diarios, revistas, suplementos. En muchos casos, él mismo se encargaba de distribuirlos. Quedará en el recuerdo su andar cansino recorriendo las calles de Paraná o, en los últimos tiempos, motorizado con la ayuda de Jorge. Estableció en su vida, una serie de vínculos que generaron amistades de todo tipo, que él se encargó de propiciar permanentemente, como un hábil tejedor que conoce su oficio y que incrementó luego de la partida de su amada Estela. Como el caso del grupo de los catorce amigos que tuvimos el privilegio de celebrarle sus noventa años.

Incesante generador de actividades culturales, artísticas, literarias y en el ámbito histórico, que, junto a su pasión de toda la vida, el periodismo, fueron conformando su personalidad y trayectoria que lo sitúan entre los hombres más destacados de la provincia y el país. Quizás por todo esto, no asombre observar en el living de su casa, tantos reconocimientos, distinciones y trofeos que recibió en su extensa vida.

Atrás queda una vorágine de hitos que vale mencionar en ecléctica descripción: el INTA y sus viajes a otros continentes, artículos memorables en varias publicaciones, el espacio de arte que lleva su nombre en un lugar muy amado por él, fruto de su férrea amistad con Julio, médico y consejero. Sus recuerdos de Austria, Nogoyá, sus cuentos alrededor del mate, su pasión enfermiza: Boca. Sus damas amigas. Su increíble biblioteca, su hemeroteca, que como una enredadera gigante, le fue ocupando cada sector de su casa. Sus raídes culturales junto a su ahijado artístico, Roberto. Su paso por entidades, instituciones, fundaciones a las que dedicó su asesoramiento. La radio, la televisión y tantas otras cosas que lo mostraron entusiasta y comprometido. Y aunque él, en cada entrevista o reportaje, reiteraba aquello de: “un periodista no tiene fecha de vencimiento “, ésta vez, esa señora que establece la finitud de nuestra existencia, le presentó el camino para que vuele a lugares donde seguramente, se reencontrará con muchos seres queridos. Aquí quedamos los amigos, colegas, instituciones y entidades que, por esta tremenda pandemia, no pudimos acompañarlo como hubiera querido y como se lo merecía. El periodismo está de luto. La cultura está de luto. Los amigos estamos de luto. Se nos fue Adolfo Argentino Golz.

¡Buen viaje, amigo y hermano!

El periodismo y las letras de Entre Ríos  perdieron a uno de sus decanos

 

Adiós a un periodista de la vieja guardia