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sábado, agosto 8, 2020
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    La importancia de los médicos en el uso terapéutico del cannabis

    ¿A qué desafíos se enfrentan los profesionales de la salud que deciden informar a sus pacientes y acompañarlos en la decisión de usar cannabis? ¿Cuáles son los riesgos de negar información a los pacientes que consultan? NOSOTROS entrevistó a Maximiliano Gutiérrez, un médico de Paraná que acompaña y realiza seguimientos a personas que utilizan cannabis terapéutico.

     

    Guillermina Ferraris

     

    En nuestra región, al igual que en todo el país, la lucha por la regulación del uso terapéutico de la planta de cannabis avanza a pasos agigantados. La comunidad sabe que el dolor no espera.

    Durante el mes pasado, en la vecina provincia de Santa Fe se presentaron dos propuestas, una provincial y otra municipal, para regular estatalmente el autocultivo de la planta con fines terapéuticos, entre otras demandas relacionadas. Ambos proyectos son iniciativas y antecedentes fundamentales que marcan un rumbo de trabajo colectivo que involucra a distintos sectores.

    NOSOTROS indagó sobre la situación controversial en la que se encuentran aquellos que deciden acompañar a algunos de sus pacientes en el uso de la terapia cannábica, pero que a la vez deben lidiar con las consecuencias del paradigma prohibicionista en la legislación de nuestra región.

     

    Un saber colectivo

    Maximiliano Gutiérrez es médico, vive en Paraná y es uno de los pocos profesionales de la salud que abiertamente acompaña a sus pacientes que deciden tratarse haciendo uso de los distintos fitoderivados de la planta de cannabis.

    Forma parte de una propuesta impulsada por el Centro de Salud Manuel Belgrano: el Equipo de Derecho y Salud, con el que buscan profundizar en estrategias con abordaje territorial, para garantizar derechos vulnerados en materia de salud.

    Maxi cuenta que cuando él cursó la carrera de Medicina se encontró con una currícula que invisibilizaba el sistema endocannabinoide y un dificultoso acceso a la poca evidencia científica que había en ese momento. Al mismo tiempo, se encontró con mucha gente que no estaba esperando grandes resultados de trabajos científicos, gente que tenía la urgencia y la necesidad concreta de paliar un dolor.

    Pese a la falta de estudios clínicos, los resultados del cannabis medicinal comenzaron a ser increíblemente alentadores. Desde ese entonces, decidió involucrarse en este escabroso pero prometedor terreno, formarse y acompañar a sus pacientes cueste lo que cueste.

    Algo que destaca particularmente del caso argentino es la estrategia de construcción de conocimientos que se dio de manera colectiva y organizada a través del tiempo. «Si bien comencé a comunicarme con otros profesionales y a formarme en la materia, también empecé a entender que no todas nuestras prácticas están respaldadas por una fuerte evidencia científica, como son los metaanálisis por ejemplo. Hay una fuerte presencia de saberes populares que cobran un valor muy importante porque terminan respaldando nuestra práctica de algún modo», detalló el doctor.

    Reducir riesgos dentro del consultorio

    El paradigma prohibicionista atraviesa todos los espacios sociales y la academia no está exenta de esto, mucho menos la profesión médica. Gutiérrez afirma que con la excusa de que “no hay evidencia suficiente” muchas veces se niega totalmente la atención y el seguimiento a quienes ya están siendo usuarios.

    «Sin embargo, cuando uno niega la información o una escucha activa o un acompañamiento en las conductas que está decidiendo tomar el paciente, independientemente del posicionamiento ideológico del profesional, se lo está exponiendo a una situación de vulnerabilidad, porque va a seguir utilizándolo aunque uno no acompañe esa práctica”.

    Hacia el final, confiesa que la mayoría de las veces quien padece un dolor o una patología crónica ya ha probado con múltiples tratamientos y no ha obtenido los resultados esperados.

    “Ya vienen con una decisión tomada que es probar con cannabis, independientemente del marco legal, lo van a utilizar. Sin embargo, a la hora de prescribir o acompañar a una persona en esa práctica, es complejo. Se torna sumamente dificultoso garantizar la posibilidad de acercar un aceite de calidad, seguro, elaborado responsablemente. No nos olvidemos que sigue siendo una sustancia prohibida para los márgenes de la ley”, explica Gutiérrez.

    El prohibicionismo y la actual ley de cannabis medicinal sólo dejan abierta la posibilidad de acceder a cannabinoides sintéticos o cannabinoides aislados que tienen un altísimo costo, requieren muchísimo esfuerzo burocrático para poder conseguirlos y en muchos casos no obtienen los resultados que se logran con los fitoderivados.

    Sobre esta cuestión Maxi destacó que “una de las cosas que también me parece importante es poder estimular el cultivo, porque en ese contacto con la planta, en el producir la propia medicina en la propia casa, ya hay un elemento terapéutico involucrado, más allá de acercar un aceite ya listo, que es otra posibilidad”.

    Primero, para la epilepsia

    La evidencia científica data de 1964, cuando el científico israelí Raphael Mechoulam aisló y determinó la estructura y síntesis total de la molécula THC, principal componente psicoactivo del cannabis.

    Allí se demostró por primera vez que la utilización terapéutica para la epilepsia refractaria tenía resultados muy alentadores. En nuestro país tuvieron que pasar 30 años para que se haga un estudio con seguimiento de casos, en un hospital como el Garrahan.

     

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