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viernes, agosto 7, 2020
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    De la cama al living

    Nuestra identidad como argentinos está construida a partir de oposiciones binarias: civilización y barbarie, unitarios y federales, peronistas y antiperonistas, a favor y en contra de la cuarentena y así con todo. A cada  paso surge “la grieta”.

     

    Por Belisario Ruiz

    Unos aplauden a los profesionales de la salud, otros los amenazan para que dejen el edificio. Un eterno pendular que va de un extremo a otro y uno está tentado a encontrar la verdad en el medio pero la verdad es que “la verdad” no está en ningún lado. Incluso los infectólogos van y vienen. Yo, por las dudas, para protegerme del virus me tomé un Norton.

    Una nueva grieta surge, es entre los que cumplimos años en cuarentena y los que podrán festejar (a menos que esto dure un año). Cumplí 40 en el 2020 (20+20=40), el 30/4 justo cuando se cumplieron los 40 días de cuarentena. ¿Coincidencia? No lo creo. ¿Alineamiento planetario? Tal vez. ¿Exceso de porro? Seguramente.

    Y surgen preguntas: ¿Por qué festejamos los cumpleaños y gastamos dinero? ¿Por costumbre? ¿Para celebrar la vida? ¿Para reunirnos con los seres queridos? No, yo festejo para recuperar los envases que fui perdiendo en los otros cumpleaños, así que no sé cómo voy a recuperarme. Pero principalmente festejamos para que nos inviten a los otros cumpleaños, que son los divertidos. Es como pagar las entradas todas juntas y en efectivo. Pero para que esto funcione se necesita reciprocidad y ahora tengo miedo de que los que puedan celebrar no nos inviten.

    Pero en esta cuarentena sentí aflorar “la grieta interna”, mis propias dualidades y contradicciones, que todos tenemos pero que ahora se ven más claras. Cuando esto arrancaba, en 4 días pasé de reírme de los exagerados a quejarme de los imprudentes.

    Lo más sorprendente me pasó con la limpieza. Siempre tuve mucha tolerancia al desorden. Soy vago para limpiar y ordenar pero lo hago, es el precio que tengo que pagar para vivir en sociedad. Porque ordenar es inútil y solo sirve para ahogar momentáneamente la angustia metafísica que implica aceptar que en el universo reina el Caos y por más que nos esforcemos siempre gana.

    Además, si lo piensan a nivel planeta, limpiar es cambiar la mugre de lugar. Limpiás tu casa, sacás la basura y ensuciás el mundo. O sea que no soy vago, soy ecologista. Y la mugre que sacamos vuelve a entrar por la ventana y las puertas y así ad infinitum. Ordenar y limpiar es una ilusión, una lucha inútil, como la piedra de Sísifo.

    Tengo una máxima: “Las cosas que se usan todos los días no se guardan” y tengo una teoría “El desorden es como el ruido, recién cuando se va te das cuenta que te estaba molestando”. Incluso lo uso como una estrategia de seguridad: mi secreto es dejar la casa tan desordenada que si llegara a entrar un ladrón pensaría que se le adelantaron. Si Marie Kondo entra a mi casa le da un infarto.

    Pero desde que arrancó la cuarentena algo cambió. Limpio todo el día pero siento que sólo sirve para mantener la casa moderadamente sucia, una especie de “roña digna”.

    Incluso soñé que Alfonsín venía a casa a limpiar y antes de irse me decía «Beli, la casa está en orden». Estoy preocupado, estoy encontrando cierta satisfacción, cierto goce en lavar y colgar ropa. Todo el día huelo como recién salido de la pileta pero es lavandina. Antes del Covid 19 el olor a lavandina me parecía horrible, hoy participa del 57,6% de mis fantasías sexuales, me excita.

    Ya no sé si estoy de acuerdo con esto que escribí, no me aguanto más. Esa es mi grieta ¿Cuál es la tuya?

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