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martes, agosto 4, 2020
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    ¡Que vuelvan los lentos!

    Muchas historias de amor comenzaron con una canción  a las cinco  y media de la mañana, hora que marcaba el final de una velada pero que, en muchos casos, también marcó el inicio de anhelos amorosos que comenzaron en alguna pista de baile.

     

    Por Paola Netto

     

    Muchas historias de amor comenzaron con una canción  a las cinco  y media de la mañana, hora que marcaba el final de una velada pero que, en muchos casos, también marcó el inicio de anhelos amorosos que comenzaron en alguna pista de baile.

    Los 90´ marcaron una época musical que hoy recordamos con mucha nostalgia. El sonido de la guitarra inconfundible de Eric Clapton en Wonderful Tonight,  el piano melancólico de Lerner acompañando sus frases inolvidables, los matices de las coristas de Vilma Palma, el singular toque italiano en las baladas  de Eros Ramazzotti, los acordes en compañía de la voz de Cerati diciendo que no quiere “soñar mil veces las mismas cosas”, sonaban en las discos y allí comenzaba el vaivén de miradas.

    Y sucedía lo obvio. Momentos de ansiedad, confusión, ternura, adrenalina y el “¡Dale Dale!” de los amigos arengando  la invitación a la pista.

    “Hay algo que te quiero decir y no me animo. Yo sé que puede ser el miedo a que me digas que no” cantaba Alejandro Lerner, uno de los artistas nacionales que habitualmente aportaba la  cuota de romanticismo a las noches de los sábados.

    Alguno seguramente se animó a susurrar al oído “hoy canto para vos y mis palabras vuelan ya” aunque es improbable que haya sonado igual a JAF.

    Y jamás importó que los protagonistas no estén “Solos en América”. Bastaba sencillamente con la ambientación de los destellos tenues de aquellas luces que apenas alumbraban el suelo, para que las canciones inspiraran deseos y lo demás sea sólo un paisaje secundario.

    Ya nos anunciaba Fabiana Cantilo que “Nada es para siempre” y por algún insólito e inesperado motivo las madrugadas de los domingos ya no sonaron igual.

    En los últimos años sólo se encienden de a poco las luces de brillantes colores y ¡taza, taza! cada quien para su casa (para su casa, ¿ok?).

    Hoy estamos en un contexto que nos es absolutamente extraño, estamos atravesando un espacio de tiempo en el que la distancia social  nos imposibilitaría bailar y disfrutar estos clásicos como se hacía 30 años atrás.

    Pero nunca está de más recordarlos y hasta tararear esas baladas que cuando cerramos los ojos se convierten en personas.

    A los millennials hay que explicarles que en los 90´ las noches en las discos finalizaban con los lentos que nos emocionan aún hoy. Y que sería hermoso poder recuperar y revivir esos momentos en los que todos estaban de acuerdo en que “Bailar pegados es bailar, igual que baila el mar, con los delfines. Corazón con corazón…”

    “No sé tú, pero yo, no dejo de pensar”, sería una buena posibilidad  para darle inicio a la tan ansiada “Nueva Normalidad”.

    Los 90´ marcaron una época musical que hoy recordamos con mucha nostalgia. El sonido de la guitarra inconfundible de Eric Clapton en Wonderful Tonight,  el piano melancólico de Lerner acompañando sus frases inolvidables, los matices de las coristas de Vilma Palma, el singular toque italiano en las baladas  de Eros Ramazzotti, los acordes en compañía de la voz de Cerati diciendo que no quiere “soñar mil veces las mismas cosas”, sonaban en las discos y allí comenzaba el vaivén de miradas.

    Y sucedía lo obvio. Momentos de ansiedad, confusión, ternura, adrenalina y el “¡Dale Dale!” de los amigos arengando la invitación a la pista.

    “Hay algo que te quiero decir y no me animo. Yo sé que puede ser el miedo a que me digas que no” cantaba Alejandro Lerner, uno de los artistas nacionales que habitualmente aportaba la  cuota de romanticismo a las noches de los sábados.

    Alguno seguramente se animó a susurrar al oído “hoy canto para vos y mis palabras vuelan ya” aunque es improbable que haya sonado igual a JAF.

    Y jamás importó que los protagonistas no estén “Solos en América”. Bastaba sencillamente con la ambientación de los destellos tenues de aquellas luces que apenas alumbraban el suelo, para que las canciones inspiraran deseos y lo demás sea sólo un paisaje secundario.

    Ya nos anunciaba Fabiana Cantilo que “Nada es para siempre” y por algún insólito e inesperado motivo las madrugadas de los domingos ya no sonaron igual.

    En los últimos años sólo se encienden de a poco las luces de brillantes colores y ¡taza, taza! cada quien para su casa (para su casa, ¿ok?).

    Hoy estamos en un contexto que nos es absolutamente extraño, estamos atravesando un espacio de tiempo en el que la distancia social  nos imposibilitaría bailar y disfrutar estos clásicos como se hacía 30 años atrás.

    Pero nunca está de más recordarlos y hasta tararear esas baladas que cuando cerramos los ojos se convierten en personas.

    A los millennials hay que explicarles que en los 90´ las noches en las discos finalizaban con los lentos que nos emocionan aún hoy. Y que sería hermoso poder recuperar y revivir esos momentos en los que todos estaban de acuerdo en que “Bailar pegados es bailar, igual que baila el mar, con los delfines. Corazón con corazón…”

    “No sé tú, pero yo, no dejo de pensar”, sería una buena posibilidad  para darle inicio a la tan ansiada “Nueva Normalidad”.

     

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