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viernes, agosto 7, 2020
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    El deseo sexual, ¿en cuarentena?

    Creo que nunca imaginamos estar confinados más de 100 días en nuestras casas. El trabajo, la enseñanza en casa, los vínculos, los roles y el cansancio del encierro formaron parte del día a día adentro de cada hogar. A más de 100 días del inicio del período de distanciamiento social en Argentina ¿Qué pasó con nuestro deseo sexual?  ¿Nos sentimos igual emocionalmente que cuando todo comenzó? ¿Cómo influye el desconcierto, la incertidumbre económica y la situación sanitaria en la actividad  y la motivación sexual?

     

    Por: Paola Netto

    El deseo sexual se construye desde diferentes lugares. La autoestima es un factor preponderante, personas con autoestima baja por lo general tienen un deseo sexual bajo, porque parte de ese deseo tiene que ver con “gustarme a mí mismo”.

    Ese mismo deseo sexual se incrementa en la medida que estamos a gusto con nosotros, explica la psicóloga y sexóloga Silvana Musso. Cambios corporales, envejecimiento, no sentirse cómodo con nuestro cuerpo, crisis emocionales o económicas son factores que disminuyen el deseo sexual.

    ¿El deseo se construye  desde el plano meramente individual o puede ser “edificado” desde la pareja?

    “Es individual y debe construirse con la pareja. Se deben dar las dos cosas, el deseo sexual no es sentir internamente el “me muero de ganas” es simplemente sentirme “disponible” para el encuentro íntimo. Las mujeres preguntan mucho por la falta de deseo sexual y en el consultorio se trabaja fundamentalmente la emoción y la predisposición. Desde lo físico el cuerpo se dispone, se lubrica, se excita cuando hay una disposición para el encuentro con el otro. Pero muchas veces esta disposición no se da desde el plano emocional o mental, con pensamientos como “es tarde”, “no da porque están los chicos en la casa”, “ahora no porque tengo que trabajar temprano”.

    En los hombres hay una relación bastante directa entre el sentirse capaces, potentes, vitales sexualmente y el aspecto económico. Cuando la actividad laboral y el dinero está en crisis, muchas veces empiezan a aparecer las dificultades sexuales y falta de deseo.

    El contexto de encierro trajo de todo a nivel sexual. El primer mes, despejados ciertos temores desde lo económico, fue para muchas parejas un buen momento para el encuentro sexual, porque el momento se dio más distendido,  la pareja estaba más relajada, sin horarios a la mañana, sin necesidad de correr al trabajo todos los días, los convivientes con hijos en casa incluso pudieron disfrutar más libremente de su sexualidad. Ya no.

    Esas mismas parejas que el principio de la cuarentena se encontraron muy bien refieren en el consultorio que ya no tienen las mismas ganas, los atraviesa otras preocupaciones, están cansados, se quejan de la rutina, los espacios pasionales si hay hijos ya se perdieron, etc.

    El estar 24 horas juntos durante más de 110 días, encerrados en la misma casa, también disminuye cuota de “novedad” necesaria para encender el deseo, y mantenerlo.  En muchos casos,  los pacientes refieren más cansancio en general por más que no deban salir de sus hogares. Hay personas agobiadas por el confinamiento. Esto se debe al el aumento sostenido de actividades que antes descansaban en otras personas (maestros, profesores, compañeros de trabajo, familiares, etc).

    Diagramar y concretar momentos para dos

    La especialista menciona que es importante, así tengamos una pareja desde hace 20 años o un amor reciente, imaginar y concretar “espacios” para compartir en compañía del otro, no sólo pensando en los encuentros sexuales. Detenerse en el tiempo y mirar una película, tener series que disfruten ambos, charlar, tomar un café. Pensar, tomar la iniciativa y generar momentos para volver a mirar al otro, detener la vorágine de la vida diaria.

    El autoplacer y la soledad

    El deseo en soledad no debe significar un conflicto. El autoerotismo, la masturbación es un recurso maravilloso, estemos o no atravesando un momento de soledad. Hay que habilitar la posibilidad de tener orgasmos, más allá de tener una pareja y del encuentro sexual con otra persona.

    Para nuestro organismo es una  experiencia hermosa de relajación, que genera endorfinas, dopamina, oxitocinas que nos hace bien siempre, en cualquier contexto. Además de posibilitar el desarrollo individual de la fantasía sexual, la autoexploración y el autoconocimiento.

    La paciencia y el respeto son claves

    La vida “normal” desapareció por completo de un momento a otro y hay que poder visualizar y hacer consciente que podemos sentirnos impactados por este gran cambio. En este contexto la sexualidad también va a experimentar vaivenes y eso no quiere decir que la pareja esté atravesando un mal momento. Hay que ser paciente, saber esperarse, mimarse, respetar los tiempos de cada uno.  Hay que aprender a tener una mirada amorosa de cada vínculo que compartimos.

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