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martes, agosto 11, 2020
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    Dos años sin Claudia Rosa

    ¡Cuánto extrañamos el lúcido pensamiento sonoro que estallaba con la traviesa carcajada de Claudia!

     

    Leonardo Senkman

     

    Dos años sin oír la voz de Claudia.

    La comunidad universitaria entrerriana (UNER – UADER) y correntina (UNNE) dejó de escuchar sus clases magistrales; dos años que el campo intelectual litoraleño no le textos de la brillante crítica y antóloga de libros memorables sobre Carlos Mastronardi y Arnoldo Calveyra.

    Y hace ya dos años que sus colegas en EDUNER y la colección El País del Sauce añoran su entusiasmo arrebatador para ponderar nuevas propuestas, prólogos, y poemas descubiertos en varios archivos.

    ¡Cuánto te extrañamos, querida Claudia!

    Volver a leerla hoy, en este segundo aniversario, algunos de los luminosos ensayos de Claudia es mucho más que un homenaje: es recuperarla un poco si todos los amigos que la quisimos y admiramos logramos releerla en la intimidad pública desde EL DIARIO.

    TRAMAS

    Tres ensayos suyos me despiertan un profundo deseo de des-entrelazar, en algún lugar del recorrido que invito lo emprendamos juntos, varios de los sentidos entramados en ellos.

    Inevitablemente, vamos a empezar con Carlos Mastronardi: Obra completa, Edición de Claudia Rosa y Elisabeth Strada (Universidad Nacional del Litoral, 2010).

    Ana María Gramuglio ponderaba “un nacionalismo-no-nacionalista” en Mastronardi, pero Claudia Rosa logró descentrar este ya tradicional dilema al repensar otro eje semántico: el re-posicionamiento de autor en la lectura del público:

    “La singularidad de Carlos Mastronardi se configura sobre uno de los dualismos fundantes de la historia política, social y económica americana: Capital-Interior. Se trata de una de las vicisitudes específicas de la oposición ciudad-campo que se ha expresado, en términos culturales, a través de un sistema de circulación y convalidación nacional de las producciones desde la ciudad capital” (C. Rosa, “Estrategias de posicionamiento de Carlos Mastronardi en el sistema literario argentino”, Ciencia, Docencia y Tecnología, página 46, 2013).

    Ya no la díada regionalismo- nacionalismo literarios: Claudia proponía leer la obra del poeta entrerriano poniendo en diálogo todos sus escritos éditos e inéditos, poéticos y ensayísticos, desde su Valéry o la infinitud del método (1955) a Formas de la realidad nacional (1961) y Memorias de un provinciano (1967). El tono, la sintaxis y modulación de la voz de Mastronardi remitían a un clasicismo, a un conceptismo irónico reacios a intelectuales academicistas y, mucho menos, a lectores populistas que procuraban descripciones polarizadas, mediante atajos y recetas fáciles. Además, la poética de Tierra Amanecida y Luz de provincia (1926) era refractaria a una escuela poética entrerriana, como la caracterizaba Luis Alberto Ruiz, de un supuesto “sentimiento de comunión con la tierra, en la virtual impregnación del alma entrerriana por su paisaje”, tanto en su proyección “metafísica, cósmica, panteística, y ontológica”.

     

    CORRER LÍMITES

    Pero también el paisajismo provinciano de Mastronardi fue leído por Claudia superando la caracterización de Beatriz Sarlo del “regionalismo-no-regionalista” en Juan L. Ortiz. La puesta en diálogo -a veces subrepticia- de todos los materiales de Mastronardi disponibles gracias a los dos volúmenes que organizó Claudia  Rosa para la editorial de la U.N. del Litoral, continúa y avanza la línea de investigación de Alberto Giordano; por primera vez, cada lector puede hacer su propio recorrido en un continuo que va de indagaciones en problemas del método y la creación literaria en los Cuadernos, el diario que escribe Mastronardi desde 1930, hasta sus tres ensayos más conocidos, y prolongados, además, de numerosos artículos periodísticos y en dos ensayos inéditos del escritor incluidos por Claudia Rosa: Historia de una experiencia y Nota analítica”.

    Pero la obra de Mastronardi no hubiera podido ser puesta en diálogo sin el profundo, riguroso trabajo de localización y recuperación del archivo del testigo y protagonista provinciano en las redes literarias metropolitanas y europeas de Borges, entre otros escritores; paciente trabajo de investigación y de repertorio archivístico gracias al cual Claudia Rosa logró descubrir un cuaderno entero de apuntes de Mastronardi sobre sus vínculos personales e intelectuales con Borges, nada transparentes .

    MÉTODO

    Tal labor silenciosa, paciente, amorosa y también ética – como bien advirtió Analía Gerbaudo- no siempre es valorada cabalmente en las recensiones críticas de obras poéticas y dramáticas de autores argentinos. El pionero trabajo de archivo de Claudia Rosa sobre Borges en Mastronardi y de Mastronardi en Borges, abre sendas no siempre transitadas por editores de obras completas. Esta perspectiva de lectura complejiza ciertas semblanzas superficiales. Ni crítica literaria ni biografía intelectual, los apuntes de Mastronardi, a la vez relegados y atesorados, tienen algo que para Claudia Rosa en cierto modo los aproxima a un género elusivo e inquietante: el retrato: “Género anacrónico que en una de sus formulaciones más clásicas participa del homenaje y de la rivalidad, y que a menudo deriva de una proximidad en la cual las manifestaciones generosas del amor, la amistad o la admiración se enturbian”.

    Claudia Rosa caracterizó sagazmente de pre-texto la “fabulación de una amistad”, después de haber descubierto en el archivo Mastronardi en posesión de la familia Ossman de Gualeguay la doblez y fingimiento del vínculo intelectual entre los dos poetas,el porteño y el entrerriano. Este pre- texto inédito que Claudia Rosa denominó B, funge como borrador del libro Borges de Mastronardi, el cual será editado póstumamente por la Academia Argentina de Letras (2007), basado, a su vez, en textos de archivo cuyos originales Mastronardi había dejado al cuidado de su amigo, el poeta Jorge Calvetti (Claudia Rosa, “Borges y Mastronardi: la fabulación de una amistad”, Variaciones Borges, 27, 2009).

    Ahora bien: el proyecto de Claudia Rosa de organizar en un volumen la dispersa obra teatral del dramaturgo entrerriano-parisino Arnoldo Calveyra, no fue únicamente por su admiración lírica y amistad personal; a la crítica de estudios culturales indudablemente le interesaba investigar la persistencia del contrapunto multicultural Entre Ríos-París que condensa todo el lenguaje dramático y poético de la obra escrita en castellano (traducida al francés y publicada por la editorial Actes-Sud). del gran escritor emigrado en 1960.

     

    POÉTICA TEATRAL

    Teatro Reunido congrega por primera vez en castellano la obra dramática de Arnaldo Calveyra (UNER, 2012). Su directora, Claudia Rosa, pone en diálogo piezas escritas y estrenadas durante treinta años: “El diputado está triste”, “Moctezuma”, “Latin American Trip”, “La selva”, “Cartas de Mozart” y “El eclipse de la pelota”. El prefacio es de Sergio Delgado y el postfacio de Marilyn Contardi, con ensayos de Gabriela Olivari, Renée Saurel, Florence Delay, Simone Benmussa y textos del propio Calveyra.

    A Claudia Rosa le fascinó indagar por qué la actividad teatral de Calveyra “comenzó en la adolescencia, con la actuación, y gran parte de su trabajo como escritor giró en torno a ella”; sin embargo, a fines de la década del 80 el dramaturgo comienza a escribir cada vez menos piezas teatrales: ella creía quizá “porque su producción había cumplido su cometido llevándolo más lejos en el proceso de elaboración de su escritura poética”. Franqueando fronteras de los géneros teatral y poético, la perspicaz directora del volumen se interrogaba sobre la posible relación de elementos dramáticos en la poesía de Calveyra y, a su vez, si se trataría de “un vínculo con una experiencia poética extrema que no ha dejado de escribirse y que ha atravesado toda su producción”.
    Pero hay un aspecto teórico multicultural y universal que me interesa recuperar en la indagación de Claudia Rosa en su Teatro reunido: porque si el espacio poético siempre deviene espacio escénico y su función es el encantamiento, el teatro de Calveyra atraviesa fronteras étnicas, lingüísticas y religiosas; la obra del entrerriano nacido en Mansilla y viviendo medio siglo en París donde trabajó con Peter Brook, “retoma las tradiciones del nuevo teatro contemporáneo y convoca a tradiciones antiguas de la representación”. Su teatro, afirma Claudia Rosa, “es de base antropológica-política y busca en la belleza formal el impacto. Desarrolla más que un lenguaje corporal un lenguaje del gesto y del espacio entre tiempos teatrales. Una técnica más cercana a la de un kabuki japonés a la criolla”.

    EN FUGA

    El «calveyrismo» -prosigue- tiende a construir un narrador cuyo punto de mira como testigo deviene partícipe necesario de la escena a la que asiste: “Para ello insiste en recurrir a figuras retóricas no canónicas como el tartamudeo, debilitar la gramática, plegar los tiempos sobre los espacios y viceversa, decir guarangadas, carcajearse, tomar el pelo o usar giros de viveza criolla. Además, adopta del «moreirismo» el gusto por la pantomima y el mimodrama -proclives a lo payasesco criollo y a la sátira política-, la irreverencia por la cultura clásica, la recuperación de una oralidad popular”.

    Pero tal ubicuidad estética y lingüística, temporal y espacial del dramaturgo entrerriano sigue a pie juntillas el mandato lírico que Calveyra le recuerda a Claudia Rosa en un verso de otro poema suyo: “No te olvides de estar en varias partes a la vez”.
    También el último ensayo de Claudia Rosa sobre el otro gran poeta de Gualeguay radicado en Resistencia, demuestra que Alfredo Veiravé no se olvidó de estar en varias partes a la vez.

    Texto póstumo, “Alfredo Veiravé y sus paisajes laterales” (Cuaderno Lírico, 18, 2018) es la ponencia que Claudia Rosa leyó en el coloquio internacional Le fleuve et la ville. Possibilités descriptives d’une transformation permanente (París, 2-4 de marzo de 2017), organizado por la Universidad Paris Est-Créteil, la Universidad Paris 8 y la Universidad Nacional de Entre Ríos. A este segundo coloquio del fascinante proyecto El País del Sauce, que dirige Sergio Delgado, yo también tuve la alegría de participar junto a Claudia Rosa.

     

    DINÁMICAS

    Fue allí, en París, la última vez que nos vimos. Su texto empezaba así: “El mal que aqueja a la literatura argentina no es la extensión sino la apropiación de la cultura de la pampa húmeda, que alcanza la forma de lo nacional por sobre las producciones literarias de otras regiones del país”.

    Pero a diferencia del anterior eje semántico capital federal-provincia del libro sobre Mastronardi, la producción poética del último Veiravé y del trabajo de archivo realizado en su casa, estimuló a Claudia a rotar en torno de un nuevo eje, de naturaleza intergaláctica, en la región del Chaco.

    A la primera estación de esta travesía poética cosmogónica llegó Veiravé después de un itinerario retórico-espacial de latinoamericanización de la zona chaqueña (El Imperio Milenario,1974) escrito en Resistencia, donde vivió, reflexionó, enseñó en la UNNE y publicó desde 1970, luego de mudarse de su Gualeguay natal.

    La segunda estación de su tránsito está condensada para Claudia Rosa en un discurso de alta complejidad cultural en los libros Historia Natural (1980) y Radar en la tormenta (1985), transidos de lenguajes marginales de diversos géneros y disciplinas, fuertemente experimental y de carácter tecnológico transnacional.

    La tercera y última estación que descubre Claudia Rosa en las mutaciones del poeta gualeyo es de índole galáxica: dicho con sus propias palabras “redoblar la apuesta de Francisco Madariaga para dejar de ser un criollo universal y ser un litoraleño interestelar”.

    Claudia Rosa formula la nueva estética del poeta entrerriano descubierta en el Chaco del siguiente modo: “Esta es otra de las fronteras de Historia natural. Si tenía el infinito esencialista juaneliano por una frontera y el criollo universal por otra, debía cuidarse bien de no quedar atrapado en los muros del vitalismo post-Residencia en la Tierra”.

    Indudablemente, tal revelación poética va mucho más allá de una nueva estética: al cabo de indagar primero en los avatares de la identidad nacional -occidental en Mastronardi, y luego de incursionar en el trans-nacionalismo y multiculturalismo en la obra de Calveyra, Claudia Rosa adoptará una perspectiva contrapuntística entre identidad regional y pertenencia cósmica.

    Claudia Rosa, recordada docente e investigadora.

    PROYECCIONES

    En esta nueva visión del universo, lo regional anhela lo universal, lo micro se prolonga en lo macro: la apertura intergaláctica del último Veiravé, afirma Claudia Rosa, hace detonar incontables esferas pequeñas: “Lo minúsculo se desvanece en lo macro. Una vez más: la micro esfera es un lugar en donde se instala un sentido y a través de las series se va manteniendo una semiosis que tensa hacia lo macro: lo intergaláctico”.

    Al final de su travesía crítica en el análisis de la obra de tres grandes poetas entrerrianos, Claudia Rosa en vísperas de su propio viaje intergaláctico y sin retorno, nos revela luminosamente la concepción del sentimiento de pertenencia cósmica de una nueva poesía que había nacido regional: “No existe la región pequeña porque lo que es ‘la vida’ actúa ilimitadamente, conformando espacios de diversas maneras, no es sólo porque cada una de las mónadas tenga su propio entorno, sino más bien porque todas están ensambladas con otras vidas y se componen de innumerables unidades. La vida se articula en escenarios simultáneos intergaláctico, imbricados unos en otros”.

    Para finalizar, una confesión personal: cuando hace dos años me comunicaron de la totalmente imprevista muerte de Claudia, pocos días atrás había leído el final de un poema de Calveyra que le gustaba a la amiga:

    “morir será
    encender una lámpara
    en la casa desconocida” (Canción del marinero inmigrante)

    Desde entonces, mi consuelo irresistible es imaginarme que en esa casa desconocida Claudia logró encender la lámpara con luz intergaláctica.

    ¡Bendita sea tu memoria, querida Claudia!

     

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