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lunes, julio 6, 2020
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    A la cuarentena hay que hacerle el cuento

    Un docente y músico de Paraná, Horacio Lapunzina, ha conformado una galería sonora con más de 60 cuentos que ha subido a la plataforma ivoox. Lo que empezó siendo una iniciativa individual, de interacción con amigos y contactos, se transformó en una rica experiencia colectiva.

     

    Víctor Fleitas / [email protected]

     

    Casi sin querer, como surgen tantos buenos proyectos, el músico y docente Horacio Lapunzina, fue construyendo un elogiable archivo sonoro con más de medio centenar de cuentos. Los relatos, dichos por él, son de los más diversos en género y estilo, pero todos han estado esperando su oportunidad en los estantes de su biblioteca, por cuestiones que el confinamiento explica por sí solo.

    Lapunzina desde hace un largo tiempo está al frente del taller literario El Bache Gramático que tradicionalmente se desarrolla en el Casal de Catalunya y que en este 2020 sucede de manera virtual. En diálogo con EL DIARIO, comentó que los contenidos han estado siendo difundidos por Radio Barriletes, la emisora comunitaria de la ciudad de Paraná, y hoy están disponibles en una plataforma, sin costo alguno.

    A medida que la bola de nieve fue creciendo a Lapunzina le fueron acercando aportes de amigos y contactos y así, con el auxilio de internet, una iniciativa que surgió sin grandes pretensiones se convirtió en una experiencia colectiva meritoria.

    “Ojalá lo disfruten tanto como yo”, dijo el entrevistado, antes de aceptar ser parte del ritual en el que distintas preguntas buscan una respuesta propicia.

     

    –¿En qué consiste el proyecto Cuarentena literaria?

    –Esto que se denominó Cuarentena literaria no es otra cosa que una serie de cuentos grabados. Resultó casi de casualidad: un amigo, Juan Pablo Amarillo, me pidió unos cuentos para grabar que elegí al azar, sin ningún criterio de los habituales. Empecé por uno de Wimpi, Arthur García Núñez, el gran sembrador de sonrisas; el relato hablaba de una epidemia, justamente.

     

    –¡Justo!

    –Sí, venía al caso porque recién arrancaba la cuarentena. Lo concreto es que a ese cuento se los compartí a algunos amigos, grabado con un teléfono celular como los que le siguieron. La repercusión fue muy cálida, tal vez inspirada por el confinamiento también.

    Entonces, a pedido, emprendí con otros. Me propuse producir los registros de noche, abrazado al silencio. Durante el día, buscaba; por la noche, lo decía. Sin la posibilidad de salir a buscar libros, me volví un explorador de mi biblioteca, siempre nueva la conocida; y también de internet, claro.

    –¿Tenías un oyente en mente?

    –Fui pensando en una audiencia heterogénea, con una paleta de historias y estilos que pudiera satisfacer los distintos gustos. De todos modos, hicimos literatura de todos los puntos cardinales, sin olvidar los autores entrerrianos.

     

    –¿Quién le puso ese nombre?

    –El periodista Pablo Russo, amigo también. Un día me dijo que su hija quería escuchar mis cuentos para dormir, lo que me pareció sorprendente y fantástico. Como Russo es coordinador de la Radio Comunitaria Barriletes, la conexión con la querida emisora fue espontánea. Y luego de animarme, estuve las primeras semanas grabando todas las noches.

     

    –¿Y cuántos son a esta altura

    –Más de 60. Hay de ciencia ficción, fantásticos, en fin, de todo tipo. Han sido convocados Ray Brudbury y Brian Aldiss; los entrerrianos Javier Méndez, Ronaldo Vitas, Luis Luján; Liliana Bodoc y Samanta Schweblin; Luis Pescetti, Emilio Ferrero, Pablo De Sanctis, Julio Cortázar, Haroldo Conti, Franz Kafka, Juan Forn, Ítalo Calvino, García Márquez, Eduardo Galeano y tantos otros.

     

    –¿Y mientras tanto?

    –Mientras tanto, los micros seguían buscando quien los escuchara. Yo, sencillamente, los ofrecía. Hasta de España escribieron. Y si bien el riesgo de contagio del afuera era importante, la necesidad de revivir la añorada ceremonia de antaño se impuso. Y el milagro remoto de una voz contándonos una historia se reeditó. Es probable que los libros elegidos estén en las bibliotecas, pero es diferente escucharlos cuando son leídos por otro; entran en juego distintos elementos y todo parece nuevo.

     

    –Y las reacciones positivas deben incentivar a continuar…

    –Por cierto que sí. Lo sigo haciendo por eso, es verdad. De a poco estamos recuperando la posibilidad de satisfacer nuestra necesidad de movimiento y nuestras salidas, pero ahora llega la temporada de las bajas temperaturas y seguramente deberemos seguir inventando la convivencia y estos relatos apuntan a ello.

     

    –¿Y qué dice el Lapunzina lector?

    –En lo personal, esta experiencia me permitió regresar sobre distintos autores y conocer otros, como Jean-Pierre Vernant, que fue un historiador y antropólogo francés. Él aborda de un modo muy ameno los mitos griegos que, como sabemos, sostienen la dramaturgia occidental.

     

    –¿Algún título en particular?

    –El libro de Vernant se llama “Erase una vez… El universo, los dioses, los hombres. Un relato de los mitos griegos”. Lo curioso es que estaba en mi biblioteca, pero ahora que tengo el compromiso de buscar textos resulta que he descubierto la riqueza múltiple de ese trabajo.

     

     

     

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