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lunes, julio 6, 2020
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    El magnicidio que conmocionó al país y que aún tiene claroscuros

    En «Aramburu. El crimen político que dividió al país. El origen de Montoneros», María O’Donnell reconstruye el secuestro y asesinato del militar y líder de la autodenominada “Revolución Libertadora”. También expone las raíces y el contexto que llevó a un grupo de jóvenes a radicalizar su acción en un escenario atravesado por persecuciones y violencia política. En una entrevista con EL DIARIO la periodista expresó su deseo que este libro sea un aporte “para reflexionar sobre el costo que implica tener un país tan dividido políticamente”.

     

    Carlos Marín / [email protected]

     

    El 29 de mayo de 1970, hace hoy 50 años y dos días, en una osada operación, Montoneros se daba a conocer públicamente con el secuestro de Pedro Eugenio Aramburu. El hecho generado por esa agrupación desconocida hasta entonces, conmocionó al país y operó como parteaguas avivando añejas disputas entre sectores adheridos a diferentes posiciones políticas. Disputas saldadas de trágica manera: el escarnio y la eliminación física de otro, el adversario; en última instancia el enemigo.

    Cuatro días después, el 1 de junio, Montoneros informaba en un comunicado que había pasado por las armas al militar y ex presidente De facto quien en 1956 había dispuesto por un lado el fusilamiento del general Juan Jose Valle y de un grupo de civiles por sublevarse contra el gobierno de la autodenominada “Revolución Libertadora”, y por otro el robo del cadáver de Eva Perón.

    A medio siglo del secuestro, María O`Donnell ha dado a conocer “Aramburu. El crimen político que dividió al país. El origen de Montoneros”. En este libro –editado recientemente por Planeta- la periodista e investigadora da a conocer el resultado de un concienzudo trabajo de cuatro años. En él presenta y analiza aquel suceso cuyos ecos permanecen, resonando soterrados en el tablero histórico-político del país.

    En 28 capítulos escritos con ritmo ágil y fluido, con información precisa y sistematizada, además de reconstruir el secuestro, O´Donnell despliega un marco para comprender las fuentes de las cuales abrevó el grupo fundador de Montoneros. Además contextualiza el panorama nacional e internacional en el cual aquellos jóvenes –porteños y cordobeses- adhirieron a una posición que los llevó a radicalizar sus estrategias y acciones en un escenario atravesado por persecuciones y violencia política.

    Para la periodista, “la operación implicó para este grupo de jóvenes colocarse como interlocutores de Perón frente a la resistencia peronista. Aún con todas las dificultades de ser un líder en el exilio, Perón elegía quiénes eran sus intermediarios. En ese contexto, los integrantes de Montoneros irrumpen y se apropian de ese rol. Hay toda una literatura académica acerca de cómo la resistencia peronista queda muy tapada cuando este grupo se gana el protagonismo de la noche a la mañana. Básicamente se ponen a la cabeza de un proceso de resistencia peronista que llevaba 15 años de lucha”.

    LOS PROTAGONISTAS

    Desde el inicio, en que la periodista da a conocer -como una anécdota- un episodio en el Cementerio de La Recoleta en Buenos Aires que la llevó a tomar la decisión de comenzar el trabajo, en “Aramburu”  se plantean hipótesis en un esfuerzo por aportar a la inteligibilidad de aquella etapa. Con maestría, la investigadora desata para el lector los nudos de una trama compleja, atravesada por múltiples dimensiones.

    La investigación recorre lo que pasó en un tono equilibrado, respetuoso, y también firme al momento de sostener puntos de vista, como se demuestra en el intercambio epistolar que O`Donnell mantiene con Mario Eduardo Firmenich -sobreviente de la célula inicial de la agrupación que concretó el secuestro de Aramburu-, a quien la periodista entrevistó en 2017 en Vilanova i la Geltrú, pequeña población próxima a Barcelona.

    En el libro están también nombres y hechos de personalidades que dejaron huella en la segunda mitad de la década del 60 y los primeros 70 del siglo pasado. Entre otros Francisco `Paco´ Urondo, periodista y poeta que lideró el comando de Montoneros que en 1974 robó el cadáver de Aramburu del Cementerio de La Recoleta para exigir la repatriación de los restos de Eva Duarte de Perón.

    A la escena, ingresan también en la reconstrucción de los hechos los nombres de Juan Carlos Onganía –que lídero el Golpe de 1966 contra el gobierno constitucional de Arturo Illía-; el ministro del Interior de aquél momento, Francisco Imaz;  el intelectual católico Juan García Elorrio y los sacerdotes Carlos Mugica y Alberto Carbone, entre otros.

    Al relato coral –técnica que la autora eligió para conformar la narración- se suman las voces, a través de entrevistas, de Eugenio Aramburu (h), Ignacio Vélez Carrera –otro de los integrantes del grupo que secuestró al militar- y Juan Manuel Abal Medina. También el testimonio de actores menos conocidos pero igualmente significativos, como Daniel Alcoba, Ricardo Grassi, Luis Losada, Jorge Cottone. Y el aporte de ciudadanos comunes, como los habitantes de Timote, localidad en que estuvo secuestrado y fue ultimado Aramburu.

    En una entrevista con EL DIARIO, O´Donnell, que en este nuevo trabajo retoma una inquietud que surgió a partir de una investigación anterior sobre el secuestro de los hermanos Juan y Jorge Born que concretó Montoneros en 1974, expresó su deseo que este libro sea un aporte “para reflexionar sobre el costo que implica tener un país tan dividido políticamente”.

    EL RECORRIDO

    -¿Cuál fue el comienzo de la investigación que concluye en este nuevo trabajo?

    -Durante el proceso que escribí el libro sobre el secuestro de los hermanos Born, me despertó mucha curiosidad el origen de Montoneros; ese grupo de jóvenes que se dio a conocer públicamente como agrupación con un magnicidio, con un hecho tan espectacular siendo ellos tan jóvenes. También me interesó por la incomodidad que genera ese mismo suceso; las divisiones que existen en torno al crimen de Aramburu y que llevan a que la calificación que dan algunos sectores sobre ese acontecimiento sea la de `ajusticiamiento´, mientras que otros hablen de `asesinato´.

    -Durante el proceso de investigación y elaboración de este trabajo ¿cuál fue el momento de mayor dificultad?

    -Lo más duro fue encontrar una estructura de narración para el libro. Porque esto es un hecho bastante conocido por toda una generación y por gente más joven que de alguna manera al indagar siempre se topa con esta información. Quería hacer una narración que contuviera el presente de los personajes que están mencionados. Y que a la vez recreara mucho aquella época, como un viaje hacia aquel momento. Por eso escribir este trabajo me insumió bastante más tiempo que otras veces. En eso me ayudó un taller que fue coordinado por Martín Caparrós. También me costó mucho tiempo conseguir un reportaje a (Mario) Firmenich, que incluyo en uno de los capítulos. Almorzamos y pude charlar con él. Pero después de ese encuentro se negó a seguir cooperando conmigo con información para el libro. Pero haber llegado hasta él fue un momento muy importante; aunque luego esa puerta se cerrara.

    -En las entrevistas con protagonistas de aquel acontecimiento ¿qué situaciones la impactaron?

    -Con Firmenich fue el momento en que respondió a una de las preguntas que yo tenía. Quería saber cómo era posible que Aramburu –de acuerdo a lo que se desprende del relato que los propios Montoneros dieron a conocer años después- hubiese dicho `proceda´ con un pañuelo dentro de su boca cuando le comunican que lo van a matar. Para responderme Firmenich hizo precisamente eso: se puso una servilleta tal como lo había descripto y repitió la palabra `proceda´.

    También me pasó algo similar cuando con el hijo de Aramburu recorrí -en la descripción realizada por Montoneros- los instantes finales de su padre. En ese momento su reacción me movilizó.

    Con Ignacio Vélez Carrera, otro de los integrantes del grupo fundador de Montoneros al que también consulté muchísimo durante mi proceso de trabajo, hicimos un viaje a Córdoba junto a veteranos de la toma de la localidad cordobesa La Calera. En un momento ellos encuentran la casa donde cae herido de muerte Emilio Maza, fundador de la célula y donde a ellos los encuentra la policía y cae gran parte de la organización. Ese momento en que vuelven a esa escena, a la que no habían regresado desde hacía casi 50 años, los conmovió muchísimo. En ese sentido, creo que a muchos de estos personajes, mi trabajo los llevó a remover momentos de mucha intensidad y dolor. Y haber sido testigo de esos instantes es para mí uno de los aspectos más impactantes del trabajo de investigación que realicé para el libro.

    SORPRESAS Y SILENCIOS

    -En esa tarea de investigar archivos y consultar distintas fuentes ¿halló alguna documentación inesperada? ¿Algo la sorprendió?

    Encontré varios puntos interesantes revisando el expediente judicial, que son más de 40 cuerpos que revisé en el archivo de la Corte Suprema, que permite responder cuestiones que aún hoy son motivo de discusión. Por ejemplo la versión –conspirativa y que circuló bastante- que señala que a Aramburu lo mataron en otro lugar y después lo llevaron a la estancia La Celma, en Timote, donde encontraron el cadaver. La autopsia establece claramente que murió desangrado en ese lugar en que recibió tres disparos ejecutados a corta distancia. También hallé en ese archivo un papel, que creo que se oculta bastante, que despeja otra versión que indicaba que Firmenich, por vínculos con el gobierno de Onganía, había ingresado durante ese período varias veces a Casa Rosada. El documento, que consulté en el expediente, permite establecer que tales ingresos nunca existieron. Es raro, porque esos papeles están ahí y por alguna razón no son considerados y no alcanzan para despejar dudas para que esas versiones conspirativas dejen de circular.

    Por otro lado, a partir de lo que no encontré en el transcurso de mi trabajo, he podido establecer otras cosas. Por ejemplo: me queda muy claro que Firmenich es el único testigo vivo, que se conozca, de esos tres días de los hechos en la estancia La Celma. Pero en su relato claramente hay piezas que faltan. En su testimonio hay información clave que oculta. Por ejemplo el nombre de una o dos personas que también estuvieron en el lugar de los hechos. Y sin su aporte no hay forma de llegar hasta esa verdad. Ese, para mi, es un punto sin dilucidar que me resulta frustrante.

    -¿Por qué piensa que Firmenich es tan `avaro´, en cuanto a la información que posee y se reserva?

    -Por un lado porque se vuelve el `dueño´ del relato fundante de Montoneros y eso le da mucho poder, que él ha usado. Pero para poder entender mejor sus motivaciones, hay que pensar en a quién está ocultando. Una primera hipótesis es que esa persona que también estuvo en el lugar y que no se ha dado a conocer públicamente, vive. Y allí puede pensarse que existe un código entre los ex guerrilleros: si ese integrante `oculto´ no se da a conocer voluntariamente como participante en esa organización, nadie develará su identidad. Esa primera hipótesis indica entonces que hay un testigo que no quiere hablar y Firmenich respeta esa decisión. De todos modos es raro, porque el destino de los integrantes de la célula original es bastante conocido y se sabe qué pasó con cada uno.

    La otra hipótesis, que propongo en el libro, es que en el secuestro de Aramburu participó Emilio Maza, que era el jefe de la célula cordobesa. Pero en el relato que construye Firmenich él pasa a erigirse en el `heredero directo´ del liderazgo de Fernando Abal Medina –que muere pocos meses después- y establece un triunfo simbólico de la célula porteña sobre los cordobeses. Éstos últimos tenían otro planteo, otra inserción territorial, y son los que en 1971 y 1972 van a generar una escisión, `los sabinos´, en el seno de la organización.  Esa discusión interna que se da entre los mismos Montoneros, es una de las cuestiones que me han resultado más interesantes de esta investigación. El planteo que realizan `Los sabinos´ es también una advertencia. Luego de la toma de La Calera, y del `Aramburazo´, ese grupo plantea que ante el `éxito´ de esas operaciones se corría el riesgo de `enamorarse´ de la lucha armada como un fin en sí misma, con una concepción de vanguardia revolucionaria, y se perdieran de vista otros propósitos ligados a la presencia en territorio y la articulación con el movimiento obrero y otros sectores y movimientos populares.

    POSICIONES Y CAMBIOS

    -En el libro se plantean algunas paradojas. De alguna manera en los 70 las agrupaciones armadas entendían a la política como un campo de disputa en el que algo se salda con la eliminación física del contendiente. Es interesante porque uno de los protagonistas de esa concepción, Firmenich, que en aquel momento enfrentó a un sistema institucional conformado formalmente sobre un sistema de representación republicano y democrático, se coloca hoy en el lugar del `excluido´, se desplaza casi a un espacio de víctima del actual sistema político. Eso se desprende de la carta en la que le escribe y está en el libro.

    -Totalmente. Firmenich se siente destratado por la historia, que no tiene el lugar que merece. Y tiene un enojo con muchos de sus ex compañeros. Siente que lo han convertido en un `chivo expiatorio´, único culpable de los errores que pudo haber tenido la organización.

    -Otro aspecto interesante es la huella que dejó la formación religiosa en aquella conformación inicial de Montoneros.

    -Las dos células originales de Montoneros, en Buenos Aires y Córdoba, tenían una impronta muy católica. No olvidemos que se había realizado el Concilio Vaticano II y había una perspectiva ligado al compromiso social en un sector importante de la Iglesia. Algunos curas dieron directamente el paso y se comprometieron orgánicamente con estas organizaciones; pero otros si bien llevaron a los jóvenes a misionar, al compromiso cristiano y social, no avalaron el paso decisivo que debía dar quien quería sumarse a estas organizaciones armadas, que tiene que ver con quitar la vida a otra persona. Sabemos que el hecho de sangre, en el catolicismo, está vedado. De hecho, antes de generar la guerrilla urbana, el grupo fundador de Montonero se separa del sacerdote Carlos Mugica, que no los acompañó en ese proceso. Por otra parte no hay que olvidar que en aquel momento la misma Iglesia Católica estaba muy dividida; el Cardenal (Antonio) Caggiano apoyaba la dictadura de Onganía.

     

    APORTE

    -Como en la tragedia griega, otro de los puntos que hace visible el libro es el usufructo de cadáveres como moneda de cambio para conseguir determinados propósitos. ¿Puede hablarse de cierta compulsión necrofílica en la historia política del país?

    -Bueno, creo que podemos pensar en luchas tan encarnizadas en nuestro país que no terminan ni con la muerte de alguno de los actores protagónicos de esas contiendas y se proyectan sobre los cuerpos, los cadáveres.

    -En el libro menciona una perspectiva revisionista que da sustento desde lo histórico al grupo fundacional de Montoneros. Se trata de una cadena de acontecimientos trágicos que se inicia con el fusilamiento de Manuel Dorrego, en 1828 y proporciona una clave para interpretar el devenir histórico y político. Pensando en esos términos, hay procesos históricos y políticos que no han cerrado, heridas que no han suturado. Espera que este nuevo trabajo sea un aporte, contribuya a saldar esas diferencias.

    -Lo he hecho con ese espíritu. La incomodidad que genera el hecho central del libro, la disputa en relación a qué verbo usar para calificar ese acto, que para algunos es un hecho para vindicar mientras que otros sostienen que fue un acto tremendo de crueldad. Para mí fue finalmente un asesinato. Esa incomodidad que genera tratar temas como éste tiene relación con que no podemos explorar esos temas y reflexionar sobre el costo de un país tan dividido y que nos ha llevado a la situación actual. Recordemos que en 1974 La Argentina tenía cinco por ciento de pobreza y era una sociedad mucho menos desigual que la de hoy. Afortunadamente, desde 1983 nos hemos puesto de acuerdo en algunas cuestiones centrales como que no queremos más la violencia política. Y a partir de entonces coincidimos en consensos fundantes en torno a la democracia como sistema de gobierno. En ese sentido, tengo la convicción que tenemos que caminar hacia un país mucho más unido, con políticas de mediano plazo que permitan salir de este pantano económico en el que desde 1974, con momentos mejores y peores, estamos sólo retrocediendo.

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