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miércoles, julio 8, 2020
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    Balcar, postales de barrio en zigzagueante galería

    Pedro Balcar es una típica calle de residentes que no han perdido los lazos de vecindad ni la costumbre de la tarde en la vereda. Vital en un sector en constante expansión, exhibe un listado de cuestiones pendientes que vale a pena repasar.

     

    Víctor Fleitas / [email protected]

     

    La traza de Pedro Balcar se quiebra en varias ocasiones desde que nace en Ramírez, al sur del cruce con Avenida de las Américas, hasta que muere en Avenida Ejército, al costado de las monumentales torres de 600 viviendas con frente a General Espejo, una miniciudad dentro de la ciudad. Recorrerla es también asomarse a esos microclimas que la habitan.

    La historia de la consolidación de los distintos tramos de Balcar es, en alguna medida, la del crecimiento por capas de la urbanización hacia el sur, en esa zona en la que los terrenos del Ejército significan un enorme obstáculo al crecimiento armónico.

    Si se lo mira así, se puede entender que cerca de Ramírez (que a esa altura mantiene el característico ancho de distribuidor vial conocido por todos, pero exhibe una densidad de tránsito propio de una avenida de acceso a un barrio) las casas son de material pero modestas; que los perfiles constructivos más lucidos estén cercanos a Lebensohn, nervio de la transformación residencial de lo que fuera un área de quintas; y que las demandas de cuestiones elementales estén concentradas en torno a Espejo, donde los loteos y proyectos residenciales son inversamente proporcionales a las condiciones urbanas existentes: asfalto, desagües, cloacas, iluminación y señalización.

    Todos estos sectores, en distintos momentos, han sido “colonizados” por grupos de vecinos que, en base a organización, empuje e insistencia, han obligado a la Municipalidad a que les provea de infraestructura básica y les preste servicios a tono con las tasas que les liquida. Hay diferencias en el estilo de la escritura de un caso a otro, pero este capítulo está presente en la historia de todos los barrios de la ciudad, fuera del micro y macrocentro.

     

    PASADO PROYECTADO

    En el relato de los residentes más memoriosos, aparecen siempre las referencias a la línea 6 de La Victoria, cuyos colectivos pasaban por Avenida de las Américas en busca de Oro Verde, cuando esa localidad era más futuro que presente. Los fines de semana bajarse por allí era ingresar a una dimensión de natural entretenimiento: se iba a pasar el día en alguna quinta de recreación. El mundo era más sencillo y los niños se maravillaban con las habilidades del conductor, la ornamentación de la cabina y el esfuerzo sincero del motor. En esa escenografía, la carterita negra era parte del uniforme del chofer que, encima, se rodeaba a instrumentos cromados como los monederos, la cortadora de boleros y el dispositivo para “pisar” los billetes, ordenados por valor.

    Poco a poco, la dinámica fue empujando a los propietarios de quintas de producción a buscar otras radicaciones y la venta privada de tierras generó esta trama endiablada, con calles que no continúan o lo hacen de manera desfasada.

    Yendo desde Ramírez, hay que ir atentos porque a unos pocos metros de Avenida de la Américas, hay que doblar a la derecha y hacerlo con cuidado: los autos van y vienen en una calle más bien angosta donde, por momentos, la única elección posible es resolver qué pozo se va a agarrar. A media cuadra, aparece la primera curva a la derecha. Ahí (se lo ve con nitidez en el mapa) y hasta Lebensohn, Balcar será paralela a Avenida de las Américas, ambas hipotenusas de imaginarios triángulos. Este detalle explica la configuración de la plaza San Pedro, un pequeño paraíso, con cancha para jugar al tejo y arenero con juegos infantiles, de los tiempos remotos en que se hacían de metal.

    La plaza San Pedro, un privilegio natural del tramo medio de Pedro Balcar. Foto: Gustavo Cabral

    AL FUTURO

    Luego de Lebensohn, Balcar corrige su traza con un leve giro a la izquierda, para continuar paralela a Pablo Crausaz. La parte más crítica es la cercana a Espejo, cuyo asfalto se corta una cuadra antes: los líquidos cloacales y pluviales fluyen por declive de uno y otro lado, pero en la vereda estos forman una laguna, lo que por cierto no pasa desapercibido.

    La témpera de Balcar y Espejo es una síntesis de la Paraná en crecimiento. Foto: Gustavo Cabral

    Al oeste de Espejo continúa Balcar, aunque ningún cartel lo indique. Desde allí, hacia la puesta del sol, se puede intuir el advenimiento de una primavera de urbanizaciones: a mano izquierda, hay un loteo con casas de muy buena calidad constructiva; a la derecha, los imponentes edificios blancos del Procrear; entre medio, un vasto terreno de yuyos altos que, hacia Espejo, es un minibasural que crece lenta pero sostenidamente, incluso luego de que se lo remueve. Los vecinos que se acercaron y mostraron fotos están inquietos porque no encuentran quién resuelva la situación. De los teléfonos celulares, fueron surgiendo imágenes de víboras, alacranes y roedores captadas en los espacios comunes.

    Más allá de Espejo, Balcar genera sensaciones agridulces: desde allí se puede intuir el progreso, pero el presente ofrece dificultades. Foto: Gustavo Cabral

    A esa altura, Balcar también está rota. En realidad, los pozos, baches y pérdidas de agua son una constante, de cabo a rabo, de Ramírez a Ejército. Son, al mismo tiempo, marcas de todo lo que falta hacer por una calle de barrio que debe ser jerarquizada como parte de un subsistema mayor, en un sector con futuro pese a las carencias presentes.

     

     

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    EL DIARIO recorrió calle Pedro Balcar. Este domingo 31, el informe – Fotos @roggercabral #ViñetaUrbana #ParanáCalles

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