Denuncian fumigaciones con agrotóxicos en Sauce Montrull, Villa Urquiza y La Picada

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Una vista del arroyo Las Conchas, a la altura del puente de La Picada. Foto: Mauricio Garín.

“En tiempos de coronavirus también nos envenenan”, expresaron desde la Asamblea Cuenca Las Conchas al reclamar por las fumigaciones en su zona.

 

En un duro documento dado a conocer por la Asamblea por la Salud y el Ambiente de la Cuenca del Arroyo Las Conchas, se denunció que durante el confinamiento sanitario para frenar el coronavirus la actividad con agrotóxicos no ha cesado.

En este sentido, se indicó que los episodios de fumigaciones sobre vecinos en la zona de Sauce Montrull, La Picada y Villa Urquiza “ocurren inescrupulosamente bajo la indiferencia de las autoridades”

“En tiempos de coronavirus también nos envenenan”, expresaron desde la Asamblea Cuenca Las Conchas al reclamar por salud justamente en tiempos en que se la misma se ha vuelto una prioridad de primer orden.

En este sentido acompañan el reclamo junto con la propuesta de poner en debate “el modelo agroindustrial y las consecuencias de éste para la vida. Dicho modelo, implica un paquete tecnológico, que entre otras cosas, requiere regar la tierra de venenos y otros tóxicos. Su deriva pone en riesgo nuestra salud; la de quienes realizamos nuestras actividades en el medio rural, e incluso la de las propias familias que trabajan y producen bajo este esquema. Así vemos ejemplos de productores, hijos, mujeres, madres enfermos por los efectos de su propia contaminación”, señalaron.

Los vecinos argumentan que “una vasta lista de investigaciones científicas demuestra que el glifosato, que es el toxico más utilizado, puede producir entre otras cosas: cáncer, Alzheimer, Autismo, abortos, malformaciones, celiaquía, Enfermedad renal crónica, linfoma No Hoogkin, Parkinson. En el ambiente, además del desmonte y sus consecuencias nefastas (como las inundaciones y quizás el origen de las pandemias), produce contaminación del agua, agotamiento de los suelos, etc”, describieron.

“Desde el comienzo de la cuarentena, el transitar de las maquinarias agrícolas (pulverizadoras entre ellas) interrumpió el silencio de  la ruta solitaria que atraviesa estas comunidades”, contaron desde la Asamblea.

“Soberbias, enormes, inescrupulosas, necesarias para las excepciones a la cuarentena, estaban ahí, dueñas y señoras de la cinta asfáltica, sin necesidad de ir por la banquina, ni por el camino alternativo o con una ‘cuatro por cuatro’ que le haga de vigía. Libres y solas, dueñas de la situación, nos avisaban, a quienes querían mirar, que iban a un destino bueno para pocos, muy preocupante para la salud y el futuro de la sociedad”, fustigaron.

Así, desde el colectivo socio ambiental expresaron sentir “mucha impotencia al considerar que esta es otra campaña agrícola más en que no ha sido cuidada nuestra salud y mucho menos la de nuestros ambiente”.

Además, señalaron que en la jurisdicción de la asamblea se han tomado conocimiento de cientos de afectados por las fumigaciones.

“En muchos de los casos se ha recurrido a la ayuda de los organismos administrativos y judiciales sin resultados contundentes o nulos en su mayoría”, criticaron, al tiempo que pusieron como ejemplo que en el distrito de Sauce Montrull, en Paraná Campaña, “hay una familia que  ha realizado más de 10 denuncias y el resultado es que en el campo vecino, pegado a un barrio y dentro de la localidad, el productor actúa con la mayor inescrupulosidad, mientras la familia sufre los efectos del veneno que denominan benévolamente  ‘fitosanitarios’”.

También “en Villa Celina, a las víctimas de las fumigaciones, con serios daños en la salud, se los trata como delincuentes y se les ‘sugiere’ migrar de su propio campo”.

Y en La Picada, “vecinos no pueden sostener sus huertas y otras producciones, como la apicultura, por el daño que las fumigaciones les generan”.

Finalmente, desde la Asamblea Cuenca Las Conchas se preguntaron “hasta cuándo vamos a aguantar esta situación, permitir envenenarnos, atentar contra nuestra salud y la vida”, para afirmarse en la propuesta de un urgente debate que lleve a “repensar las formas de producir alimento, de habitar los territorios rurales”.