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lunes, julio 6, 2020
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    Un legado musical que registra un diálogo entre la voz y el piano

    Con la edición de “Diálogo”, el cantante lírico santafesino Marcelo Maragno salda un anhelo pendiente durante años. El CD que acaba de dar a conocer fue grabado junto a la pianista Graciela Bianchi, con quien Maragno conformó un dúo de cámara. El trabajo representa una rareza editada en tiempos de pandemia, ya que propone la difusión de canciones del repertorio clásico y de destacados compositores argentinos del siglo XX desconocidos para el público en general.

     

    REDACCION EL DIARIO / [email protected]

    “La música vocal de cámara en vivo es una liturgia especial; una reunión íntima donde la posibilidad de compartir un fenómeno estético se sustancia de manera singular e intensa. La música que se genera se expande por todos los rincones de la sala y cada uno de los sonidos alcanza a todos y a cada uno de los presentes con la misma intensidad, casi como por arte de magia”.

    Así define Marcelo Maragno el eje de la propuesta que entrega en una producción que acaba de dar a conocer, el CD “Diálogo”, que grabó junto a la pianista Graciela Bianchi.

    Dar a conocer este trabajo –que ha editado de manera independiente y que espera presentar en conciertos apenas las condiciones de salud pública lo permitan- es la oportunidad para el cantante de concretar un anhelo que –confió el artista a EL DIARIO- mantuvo durante muchos años.

    Por un lado la producción es la chance para el cantante de comenzar a difundir un acervo cultural del cual es en cierto modo custodio: las canciones que compuso su padre, el director coral Francisco Maragno. En este aspecto, “Diálogo” contiene “Muerto de fatiga y de sueño”, una canción que el conductor y fundador del Coro Polifónico Provincial de Santa Fe –fallecido en 2016- compuso sobre texto del poeta cubano Nicolás Guillén.

    Por otra parte la edición del CD configura “en cierto modo un legado que es el que ha quedado del trabajo que realizamos durante más de ocho años con Graciela Bianchi. A partir de estas grabaciones que realizamos con ella quiero evocarla y de algún modo mantener viva su memoria”. Es que la intérprete –que se desempeñó como docente en Santa Fe y Paraná- falleció tiempo atrás.

     

    SINGULAR REPERTORIO

    La música es capaz de crear climas que conmueven y emocionan. En esta perspectiva, la música vocal de cámara tiene, además de la presencia de un instrumento único como es la voz, un texto poético cuya articulación debe ser precisa y expresiva, con la emoción que el texto sugiere en primer término al compositor y luego al intérprete. Esta particularidad caracteriza a “Diálogo”, CD que, posee otro aspecto que lo singulariza: es una rareza editada en tiempos de pandemia, ya que propone la difusión de canciones del repertorio clásico y de destacados compositores argentinos del siglo XX, que son desconocidos para el público en general.

    Con este marco, representa un esfuerzo para acercar a los oyentes a una etapa negada, olvidada a sabiendas, y por lo tanto desconocida por las audiencias masivas. El disco rescata artistas argentinos olvidados -en vida y obra- por la mayor parte de sus compatriotas. Compositores que han sido condenados por las mayorías a un ostracismo injusto en su propia patria.

    Por ejemplo Carlos Guastavino, de quien el dúo interpreta la serie “Doce flores argentinas” y lo hace con la sensibilidad y el compromiso que requiere cada una de las 12 canciones escritas por el compositor santafesino del cual, en 2010 se celebró el centenario de su nacimiento.

    Con el respeto y la honestidad imprescindibles el dúo Maragno – Bianchi afrontó la instancia de interpretar a Guastavino y -por lo que se trasluce para el oyente en las grabaciones-, pudo resolver el desafío con solvencia. De este modo se concreta un acto de justicia con un compositor que es interpretado y respetado por su legado en el extranjero y que es reconocido como uno de los compositores argentinos de referencia en el panorama musical internacional de alto nivel.

    Recuperar a Guastavino, le posibilita además a Maragno exponer sus condiciones como lírico. Formado en el país y en prestigiosas universidades del extranjero, el cantante entrega su versión de esta serie de canciones sobre flores nacionales y de ese modo expone la amplitud de un registro que se extiende desde el bajo al barítono. En la interpretación, fluída y sin que la vocalización sea forzada, el artista da cuenta de su solvencia técnica y de sus recursos expresivos. Su residencia en Inglaterra, Estados Unidos y España le han posibilitado además una pronunciación correctísima en las piezas de compositores extranjeros que han tomado textos escritos en otros idiomas. En este punto, el piano se ensambla perfectamente en la propuesta de tipo camarístico.

    Es en este punto cuando Maragno reconoce expresamente el aporte de Bianchi al trabajo que realizó el dúo durante diez años, ya que, confía, habían logrado un nivel de conocimiento mutuo profundo lo cual se tradujo en un grado de intimidad y compenetración en la interpretación que ambos artistas trasladaban al auditorio en los conciertos que brindaron.

    Asimismo, entre sus 27 pistas, el disco incluye el “Dichterliebe” Op. 48 de Schumann; piezas de los franceses Ernest Chausson (“Le temps des lilas”) y Reinaldo Hahn  (“L´heure exquise”) y de Verdi –de quien entrega dos piezas de la ópera “Don Carlo”.

    El contenido de este singular “Diálogo” agrega una Selección de cuatro Canciones Populares de 1967, también escritas por Gustavino. El contenido cierra con “Ninghe, Ninghe” de la serie “5 Canciones negras” y “Nana de Sevilla” (de García Lorca) escritas por Xavier Montsalvatge i Bassols, compositor y crítico musical español, una de las figuras claves de la música española de la segunda mitad del siglo XX.

    ENSAMBLE EQUILIBRADO

    “El disco es la recopilación del trabajo que realizamos durante una década con Graciela”, remarca Maragno. Entre 2002 y 2010, el cantante junto a la pianista dio forma a un repertorio lírico, variado en cuanto a períodos, autores y estilos, con el cual se propusieron dar a conocer sus posibilidades como ensamble de cámara. El objetivo era abarcar una diversidad temática y musical que les posibilitara acercarse a públicos diversos en circunstancias diversas.

    El trabajo del ensamble fue, confía el cantante, muy productivo. Para Maragno “la voz humana tiene la capacidad de darle a cada sonido una amplísima gama de colores, texturas, e inflexiones que definen lo expresivo. Pero en el caso de nuestro dúo está el piano, que cumple una doble función”.

    Y aclara que “en la música vocal de cámara para canto y piano el pianista no sólo `acompaña´ al cantante sino que es propiamente otro cantante. Aunque en verdad el piano no puede articular fonemas o palabras como lo hace quien canta, el pianista debe desarrollar la capacidad de articular los sonidos con los dedos, como si fuera un cantante y, cuando `cantan´ juntos, debe lograr un continuo e intenso diálogo con la voz”.

    En el caso del dúo Bianchi-Maragno, por momentos el piano es un cantante que exterioriza emociones como si fuera la voz humana, a veces en diálogo con la voz, otras con su propio discurso y otras veces, presenta una paleta de colores y sonoridades que apoyan e incluso anticipan y sostienen los diferentes climas por los que van atravesando las obras.

    En ese sentido, el docente señala que “el manejo de una buena técnica vocal es sumamente importante para poder lograr los matices que queremos expresar, pero es imprescindible saber exactamente qué es lo que queremos expresar. Comprender cabalmente los textos desde el punto de vista poético y musical y poder interpretarlos es, en nuestra opinión, la mayor dificultad a superar como cantantes y músicos”.

    Maragno sostiene que “la música vocal posee esa singular característica de poder darles a las palabras una sonoridad aún más elevada que la que alcanzan con la poesía. Me refiero a la intensa expresividad que la estructura sonora y los sonidos de la voz pueden imprimirle a cada uno de los fonemas que forman esas palabras. La diferencia fundamental que existe entre cantar y recitar una poesía es que con el canto, al disponerse de un rango sonoro mucho más amplio que el de la voz hablada, el sonido de la palabra logra `despegar´ de la materialidad logrando un vuelo tan alto como la transparencia de la voz lo permita. En ambas instancias los sonidos transforman cualquier palabra o fonema en una entidad expresiva que se desprende del significado intrínseco, puramente semántico de la palabra. Cada detalle de articulación, cada inflexión, cada silencio, cada intención le imprimen un valor expresivo, una carga emotiva”.

    Ello, considera finalmente el músico, hace que “la música vocal de cámara en vivo sea una liturgia especial; una reunión íntima donde la posibilidad de compartir un fenómeno estético se sustancia de manera singular e intensa. La música que se genera se expande por todos los rincones de la sala y cada uno de los sonidos alcanza a todos y a cada uno de los presentes con la misma intensidad, casi como por arte de magia”.

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