La compleja situación de la mujer en el mercado laboral

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Belén Jerez, feminista y militante.

Entrevista a Belén Jerez, feminista y militante.

 

Víctor Fleitas / [email protected]

 

La situación de disparidad que sufren las mujeres en cuanto al trabajo, sea o no remunerado, quedó en evidencia con el aislamiento social y en algunos casos se agudizó, dado que algunas debieron afrontar una cuarentena “cama adentro”. No es la única nota llamativa del confinamiento: a futuro, si no se reglamenta, el teletrabajo puede volver más vulnerable la situación del empleado y la empleada.

“Dentro de la teoría económica se encuentran distintas corrientes para analizar e interpretar los diferentes mercados”, introduce Belén Jerez, integrante de Ecofutura, feminista y militante. “A pesar de que el concepto de ‘mercado laboral’ entra en continuo debate. Podemos decir que el ‘mercado’ laboral no es igual al resto de los mercados de bienes transables o financieros, ya que el ‘bien’ en cuestión es nada más ni nada menos que el esfuerzo y las capacidades humanas”.

Fue allí que la entrevistada señaló que “la idea de mercado laboral la usamos para referirnos a aquel mercado donde confluye la oferta y demanda de trabajo, es decir, donde se encuentran las necesidades de contratar trabajadores por parte de los empleadores –que pueden ser empresas, comercios, el propio estado y las necesidades de las personas de ofrecer su fuerza de trabajo con el objetivo de obtener un salario y así permanecer dentro del sistema económico capitalista”.

Ante una consulta, indicó que “en lo que respecta exclusivamente al mercado laboral argentino, podemos decir que presenta ciertas particularidades propias”. Luego, completó la apreciación. “Su composición se encuentra explicada por las personas ocupadas como desocupadas; dentro de los ocupados encontramos tanto a las que se encuentran registradas como a las que no se encuentran registradas, a las y los monotributistas, trabajadores independientes y de la economía popular”.

La situación de disparidad que sufren las mujeres en cuanto al trabajo, sea o no remunerado, quedó en evidencia con el aislamiento social y en algunos casos se agudizó, dado que algunas debieron afrontar una cuarentena “cama adentro”. No es la única nota llamativa del confinamiento: a futuro, si no se reglamenta, el teletrabajo puede volver más vulnerable la situación del empleado y la empleada.

En un ir y venir de inquietudes, explicó que “podemos decir que la informalidad y la precarización son unas de las afecciones más compleja que presenta el mercado laboral argentino. La informalidad supone una expresión de la exclusión, siendo un fenómeno heterogéneo y con graves implicancias sociales, ya que un trabajador informal se encuentra, muchas veces, desamparado por las normativas laborales y excluido del circuito formal económico”.

–¿Hay alguna otra singularidad?

–Sí, otra de las características propias del mercado argentino es la desigualdad de género presente en el mismo, intensificándose en los momentos de recesión y complicaciones económicas, generando así un doble problema para este sector.

Además, al analizar los principales indicadores del mercado laboral argentino, no quedan dudas sobre una característica fundamental: la economía ya no crea empleo, por esa razón emergen trabajadores como los de la economía popular.

CON INICIATIVA

–¿Qué lugar ocupa el emprendedurismo en este contexto?

–El emprendedurismo está directamente ligado al neoliberalismo. Los emprendedores no son, desde nuestro punto de vista, patrones sin empleados ni empleados sin patrones.

Consideramos que esta categorización de los trabajadores es totalmente funcional a una dinámica neoliberal: el neoliberalismo pretende un universo de trabajadores sin recibos de sueldo, un mundo de ‘emprendedores y tercerizados’, cuando éste no sólo expresa la remuneración que el trabajador/a obtiene sino que reconoce derechos laborales. Lo que se deja entrever en esta lógica de “sé tu propio jefe” es la cuestión de base de la que se sustenta este capitalismo feroz del siglo XXI: una especie de “sálvese quien pueda”. Instalándose así el individualismo, en contraposición a la idea, que se ha reforzado con el transcurrir de la pandemia como nueva amenaza, de que la salida es colectiva.

El concepto de emprendedurismo viene a alterar el sentido de la relación hombre-trabajo. Bajo una visión neoliberal, que se perpetúa simbólicamente en la lógica cotidiana originando un nuevo hombre trabajador de carácter universal, que bajo el imperativo de la felicidad y la autorrealización transforma todo su tiempo de vida en tiempo de trabajo. Esto rompe con la lógica y luchas características de la clase trabajadora y borra los límites del mercado laboral tal cual lo conocemos.

–¿La posición alcanza a quienes se enrolan en este tipo de actividad?

–Es bueno aclarar: no es que estemos en contra del papel del emprendedor, como nuevo sujeto del mercado laboral. En donde sí disentimos es en la lógica que se quiere instalar de la mano del emprendedurismo impulsado como política pública de Estado. No es casual que el auge del mismo y el impulso en los últimos años haya estado tan presente con el gobierno de Mauricio Macri, en donde era promovido como la solución a los problemas presentes en el mercado laboral. Para nosotras, esa no es la solución. La solución debe venir con la implementación de políticas públicas en pos de proteger a las y los trabajadores, garantizando el cumplimiento de sus derechos y la obtención de un empleo de calidad, en donde su estabilidad económica no quede a merced “de su propio éxito”.

CONTEXTOS

De lo general la entrevista se fue aproximando al territorio deseado. “Siguiendo la línea de la idea según la cual si hay salida, es colectiva, hoy está claro que sin enfermeras, cuidadoras de personas adultas, docentes que trabajan desde sus computadoras, no hubiera sido posible el sostenimiento de las demandas de la sociedad en este contexto pandémico”, declaró Jerez, al insistir en que “el rol del trabajo doméstico ha estado muy presente” y resaltar que “las trabajadoras, en muchos casos, se vieron obligadas a pasar la cuarentena ‘cama adentro’ para preservar sus miserables ingresos o incluso, se vieron obligadas a asistir a trabajar cuando según el Ministerio de Salud estaban exceptuadas por pertenecer a grupos de riesgo”. Al concluir, aportó que “es una situación muy compleja para las mujeres la inserción en el mercado laboral, pero se multiplica la complejidad en un contexto como este, en el que son las más expuestas”.

–¿Puede dimensionarse la economía del cuidado, remunerado y no remunerado, en la Argentina?

–Las tareas domésticas y de cuidado, remuneradas como no remuneradas, son una de las piedras angulares que explican la desigualdad de género y es por esto que nos parece fundamental la discusión y la confección y real aplicación de políticas públicas en pos de poner en evidencia el aporte a la economía real de estas tareas, totalmente invisibilizadas y muchas veces menospreciadas a lo largo de la historia.

La situación del empleo doméstico remunerado en nuestro país, es sumamente compleja ya que representa una de las ramas y actividades con mayores niveles de informalidad lo que lleva, a su vez, a percibir uno de los peores salarios de le economía.

–¿De cuánto estamos hablando?

–El empleo doméstico remunerado representa aproximadamente la mitad de un Salario Mínimo Vital y Móvil. Esto supone una vulnerabilidad de dichos trabajadores- o mejor dicho trabajadoras ya que el 96% son mujeres- en cuanto a derechos laborales y a soberanía económica. Casi tres de cuatro (el 72,4% -de los cuales, el 96,4% son mujeres-) no se encuentran registrados, es decir, que no realizan aportes jubilatorios y no gozan de todos los otros beneficios laborales que supone un empleo formal.

Por otro lado, si se analiza la participación de varones y mujeres en el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, es decir, aquellas tareas que no son reconocidas como tal por el mercado, se observa que las mujeres tenemos una participación mayor que los varones, esto quiere decir que le dedicamos más horas al trabajo no remunerado en comparación a los varones.

Según la última encuesta sobre trabajo no remunerado y uso del tiempo del INDEC las mujeres le dedicamos 4.17 horas a dichas tareas, frente a 1.33 horas dedicadas por los hombres. Por lo tanto, podemos decir que Argentina el 76% de los trabajos domésticos no remunerados son realizados por mujeres. Esta división del trabajo entre varones y mujeres se asienta sobre concepciones acerca del rol y la sensibilidad que “corresponden” cada uno en el entramado socio-cultural en el que estamos inmersos.

DESDE CASA

–¿Puede evaluarse el impacto del teletrabajo?

–Efectivamente la pandemia ha acelerado los tiempos y procesos de adopción del teletrabajo, trabajo remoto o home office. Desde hace algunos años, con la expansión de las nuevas tecnologías, se comenzó a discutir y producir en torno a la idea no sólo del teletrabajo sino también en torno a las nuevas formas tecno-productivas, que pueden presentarse como un beneficio, o más bien como una amenaza, de acuerdo del lado de la relación laboral que uno/a se ubique para mirarlo.

A partir de la pandemia, la solución principal que se presentaba al momento de intentar morigerar el parate que suponía la cuarentena fue el teletrabajo. Pero esto supuso ciertas dificultades ya que la mayoría de las empresas, comercios, dependencias del estado y trabajadores no se encontraban preparados, ni con los recursos necesarios para afrontar de la mejor manera esta situación. Sin embargo, creo que en esta situación -en donde no se encontraban dadas las condiciones iniciales y tuvimos que aprender a contrarreloj de ciertas dinámicas- encontramos principalmente debilidades y amenazas, más que oportunidades y beneficios.

–¿Podemos repasarlas?

–Este cambio de paradigma, acelerado, de las formas de trabajo nos lleva a la necesidad de establecer y exigir el diseño de políticas públicas que fomenten y regulen el trabajo remoto, ya que es una realidad, que a pesar de no estar regulada ni legislado, se practica cada vez con mayor alcance en nuestro país pero ¿Quién pone el equipamiento adecuado para desarrollar las tareas del trabajo remoto? ¿Quién paga los servicios de luz e internet necesarios? ¿Qué jornada laboral se cumple? ¿Se debe estar disponible más allá del horario habitual? son preguntas se surgen en estos tiempos y que claramente nos debemos una discusión y solución.

Cabe destacar que en el plano internacional estas formas de trabajo se encuentran reguladas por el Convenio 177 de la OIT pero que nuestro país no lo ratificó nunca, por lo que no es posible su aplicación. Frente a esta falta de legislación que ampare a los trabajadores nos parece fundamental antes de hablar de ventajas y desventajas debatir este punto, porque si no las desventajas a los trabajadores serán mayores ya que el empleador no brindará los recursos necesarios, se borrarían los límites de horas de trabajo generando un trabajador disponible 24hs, sumando las tareas domésticas y de cuidado que se entrelazarán con las horas de trabajo.

Frente a esta realidad nos queda preguntarnos ¿quiénes ganan y quiénes pierden en este nuevo paradigma del mundo del trabajo? Y la respuesta nos parece clara: si no existe un marco regulatorio claro que ampare los derechos de los trabajadores, siempre serán estos los que pierden frente a las empresas y empleadores que se verán beneficiados al generar ganancias frente a una nueva forma de precarización y explotación laboral.

A FUTURO

–¿Puede avizorarse qué consecuencias definitivas provocará esta emergencia sanitaria sobre el empleo y las condiciones de trabajo?

–Es todo muy ambiguo y creemos que no se puede visualizar con precisión cuáles son las reales consecuencias que dejará la pandemia. Esta realidad reciente y las posibilidades de adaptarse a la misma, ha supuesto una novedad nunca antes vista -por lo menos para nuestra generación- con alteraciones e irrupciones de la cotidianeidad no sólo en términos laborales sino también familiares, personales, sanitarios, entre otros.

Una de las características que se avizoró con el aislamiento obligatorio fue la adopción del teletrabajo como alternativa frente a esta situación. Esta es una realidad que, si bien ya estaba, frente a la pandemia, se instaló en varios sectores en los que no se había desarrollado, por lo que en menor o mayor medidas es una nueva forma que llegó para quedarse. En este sentido, remarcamos la importancia de la adopción de políticas públicas y de la confección de un marco legal que regule la actividad para no dejar al trabajador al dependiente de la buena fe del empleador.

A su vez, la pandemia trajo consigo no sólo nuevas formas de trabajar sino también de relacionarnos, de producir y de comercializar, y en este último punto también hay que prestar especial atención. La adopción masiva, por parte de diversos comercios, de la venta online y de las nuevas plataformas.

Por otro lado, claramente la situación de aislamiento como medida de protección sanitaria, supuso la paralización de la economía, lo que trajo consigo ciertas consecuencias en el normal funcionamiento del circuito económico.

–La cuarentena puso las cosas blanco sobre negro…

–En primer lugar dejó en descubierto la alta informalidad del mercado laboral, en donde miles y miles de familias dependen del salir a la calle día a día para llevar el pan a la mesa y en donde a partir de la cuarentena sus posibilidades diarias de trabajo se vieron paralizadas y con ello sus medios de ingreso. Esto llevó a una rápida respuesta y presencia del Estado, y también un auge en la discusión -no sólo local, sino de carácter mundial- del rol de los Estados y de la necesidad de adopción de un salario universal, pero esto ya es otra discusión.

En segundo lugar, la paralización de la actividad supondrá la crisis, y en los peores de los casos el cierre, de miles de comercios, PyMES y empresas. Esto, a su vez, supone la pérdida de millones de puestos de trabajo, lo que generará una nueva masa de desocupados, con todo lo que ello conlleva

En tercer lugar, gran parte de los trabajadores no perderán sus puestos de trabajo pero sí verán reducidos fuertemente sus ingresos. Esto ya es una realidad, cientos de empresas han comunicado a sus empleados la reducción del 15%, 25% y hasta 30% de sus salarios. Esto a su vez, avalado desde el Gobierno en el convenio marco con la UIA y CGT. Lo que abre un debate, por lo menos en una parte de la sociedad, que se pregunta por qué estamos dispuestos a que los trabajadores hagan el esfuerzo de ver reducidos sus salarios en un 25%, pero no en que 10.000 personas hagan un esfuerzo de disponer de un 1% de su riqueza.

Parte de un equipo

-¿Cómo surgió el interés por enfocarse en estos temas?

– Con Rocío Arce nos conocimos hace más o menos dos años, transitando distintos tramos de la carrera de Economía de la UNER. Nos mueven los mismos intereses, pero el más importante es de poner al servicio las herramientas de la Universidad Pública en beneficio de las demandas populares. Así fuimos dando también con otros compañeros y compañeras pulsionados y comprometidos, desde nuestro rol de estudiantes, con discusiones que no se estaban dando o sectores que no se estaban observando en los análisis económicos. Generamos, así, un espacio de discusión y formación que lleva el nombre de ecofutura desde donde tenemos una estrecha vinculación con las economías de ruptura como lo son la economía feminista y la economía popular. Pudimos hacer foco en estos temas porque lo que nos mueve es la realidad política, económica y social: los y las últimas de la fila en un sistema económico que ha dado cuenta de que no hay lugar para todxs.