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sábado, julio 11, 2020
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    San Martín al norte, la de los árboles frutales

    Apenas termina la peatonal, hacia el Parque Urquiza, la calle San Martín ofrece un perfil irrepetido: su arbolado “protegido” de cítricos amargos, en una y otra acera, dispuestos de manera regular, le da una personalidad especial al sector.

     

    REDACCIÓN EL DIARIO

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    Paso frecuente desde el centro hacia el Parque Urquiza, San Martín desde Gardel-Colón hasta Nogoyá-Garay ofrece una vista inigualable por la presencia en ambas veredas de naranjos amargos en hilera, comúnmente conocidos como toronjas.

    En realidad San Martín nace unas cuadras más al norte, en un fabuloso balcón al río, al lado del Centro Provincial de Convenciones. Unos breves desprendimientos viales, que llegan desde el oeste a través de la costanera alta o por el este desde la bajada/cuesta Gregoria Matorras, que lleva indistintamente a la costanera baja o trae noticias de infantil bullicio del Patito Sirirí, genera un tipo de movimiento vehicular sostenido, propio de un barrio en pleno centro.

    Desde el Paraná y sus islas, los paseantes, tanto los que emprenden la aventura de recorrer la acera este como la oeste, disfrutan de un paisaje singular de pendiente ascendente en el que viviendas generalmente unifamiliares, de muy buena a excelente calidad constructiva, con enrejados estupendos y entradas en altura, se convierten en una galería urbana de alto impacto visual. La característica residencial y las veredas, con un adecuado equilibrio entre superficie cubierta de baldosas y gramilla, se mantiene incluso cuando se atraviesa Moreno-Mitre.

    En todas esas cuadras, el predominio del fresno y la altura del año, produce una bucólica lluvia de hojas amarillentas, que le hace desprender referencias poéticas incluso a las almas menos sensibles.

    Esa postal se mantendrá efectivamente hasta Gardel-Colón, aunque las últimas dos cuadras incorporen una nota de distinción que le da peculiaridad: la calle de los naranjos.

     

    Luego de la Peatonal, San Martín hacia el Parque le propone al paseante internarse en un microclima cítrico. Foto: Marcelo Miño
    Luego de la Peatonal, San Martín hacia el Parque le propone al paseante internarse en un microclima cítrico. Foto: Marcelo Miño

     

    EXCEPCIONAL

    Según el censo de arbolado que hiciera la Cátedra Espacios Verdes de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNER, en 2015, no hay otras plantaciones de este tipo en Paraná. De hecho, los ejemplares de estas dos cuadras están formalmente protegidos por una ordenanza municipal. Por cierto, la primera impresión es que precisan de una poda que, dependiendo del caso, asegure la linealidad, armonice la forma de la copa y permita que todas las ramas se beneficien con el sol y la aireación, lo que evitará que se enfermen.

    Debe destacarse, no obstante, que en esos doscientos metros, en ambas aceras, de manera regular, se pueden hallar ejemplares de citrus aurantium de distintas edades y tamaños, lo que significa que ha habido un interés práctico en mantener el paisaje.

    El verde oscuro e intenso de las hojas, la relación armoniosa de su altura y tamaño de copa con la altura de una casa testigo, el ancho de vereda suficiente para que luzcan a la vista y la integración espacial a propiedades cuyos frentes exhiben una cuidada terminación empujan a pensar que la presencia de los árboles de toronja en línea agregan un valor peculiar a esta zona. La temporada de azahares riega de aromas dulzones la postal; y una vez que dan fruto, la combinación de naranja fuerte de la esfera jugosa y la firmeza verdosa del follaje conforman un óleo de destacada belleza.

    Los propietarios se quejarán de la fruta cuando cae, como otros encontrarán que el colchón de hojas amarillas y marrones del fresno despierta los afanes poéticos sobre todo de los que no viven en la casa en cuestión. Pero no cabe duda de que la fila cítrica, a oriente y occidente, es un toque verdaderamente característico.

     

    Los cítricos de San Martín integran el patrimonio natural de la ciudad. Foto: Marcelo Miño
    Los cítricos de San Martín integran el patrimonio natural de la ciudad. Foto: Marcelo Miño

     

    DISTINCIÓN

    En el cruce con Garay, el portentoso edificio del Colegio Nacional, que ocupa media manzana, le agrega señorío al entorno. Sobre San Martín, una combinación de factores juega a favor del lucimiento del arbolado: la construcción monumental retirada de la línea de edificación, el muro perimetral con distinguida reja y, sobre todo, unos bancos de elemental estructura, pero que invitan a imaginar charlas y encuentros en la vereda, con los cítricos como telón de fondo.

    En cuanto al tránsito, esta parte de San Martín es usada como distribuidor hacia Mitre, San Lorenzo, Garay, Victoria y Colón. El hecho de que en esa semaforizada intersección empiece la peatonal impone unas condiciones que impiden que la calle tenga el carácter que, por ejemplo, se le reconoce a su paralela, Buenos Aires, que además es arteria de salida y un verdadero corredor norte-sur.

    Un par de notas finales: encontrar dónde estacionar un rodado por allí suele ser asumido como un guiño de buena fortuna. Para los paseantes, a cualquier hora del día, San Martín norte es parte de un sector amable. Nadie encontrará gente tomando fresco en la vereda, como puede ocurrir en alguno de nuestros barrios, pero sí ocasión para charlar al paso con alguno de los que mañana, tarde o noche sacan a pasear sus mascotas y a admirar el perfil urbano de un sector distinguido.

     

    El costado oriental del Colegio Nacional, con sus bancos característicos, que invitan a descansar de tanto ajetreo. Foto: Marcelo Miño
    El costado oriental del Colegio Nacional, con sus bancos característicos, que invitan a descansar de tanto ajetreo. Foto: Marcelo Miño

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