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jueves, julio 2, 2020
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    Mujeres maltratadas ante el reto del encierro obligatorio

    Una de las responsables del Protocolo contra violencias sexistas de la Universidad Nacional de Entre Ríos, Luciana Basso, charló con EL DIARIO sobre la tensión que plantea la obligada cuarentena para quienes son víctimas de maltratos y violencia sexista, pero también se refirió a mecanismos naturalizados que han hecho que las mujeres deban asumir una multiplicidad de funciones durante el encierro.

     

    REDACCIÓN EL DIARIO [email protected]

    “Por estos días hemos estado viendo que el impacto de la necesidad sanitaria del encierro ha generado múltiples posibilidades de volver a pensar qué humanidad hemos sido hasta aquí y que humanidad quisiéramos ser de ahora en más”, señaló la docente e investigadora Luciana Basso, al agregar que “creo que una de las cuestiones que ha puesto en la palestra ha sido la cuestión de género”. En ese sentido, apuntó que “la atención que se le ha dado, por los aumentos de denuncias y el triste número de 21 muertas desde el inicio de la cuarentena según el Observatorio de la Casa del Encuentro, podría posibilitarnos elevar a la acción política (en tanto política pública me refiero) lo que nos ha enseñado una dolorosa experiencia práctica a las mujeres, lesbianas, travestis y trans en la Argentina”.

    Fue entonces cuando indicó que “indudablemente el problema de la violencia no es el único, es el más terrible porque cada vez que asesinan a una mujer por violencia machista, el hecho nos enrostra las incapacidades de la prevención y de la acción a tiempo para evitarla, tanto como las insuficiencias que aún persisten para su juzgamiento y condena efectiva”. Pero hay mucho más, aclaró, al proponer pensar “en los accesos a la salud sexual y la salud reproductiva y no reproductiva, al derecho a decidir sobre el propio cuerpo, a las vulnerabilidades en el mundo del trabajo, a la desigualdad salarial, a las dobles y triples jornadas de trabajo reproductivo de la vida (que son las tareas de cuidado que nos acostumbramos a llamar domésticas), los mandatos de belleza, los mandatos en cuanto a las relaciones interpersonales, los emocionales, los referidos al modo de vivir la sexualidad y habitar los cuerpos”.

    Hizo un silencio justo ahí. “¡No me alcanzaría esta entrevista para enumerarlas a todas!”, enunció, no sin subrayar que “en buena hora si el confinamiento nos permite, como sociedad, volver la atención a este tipo de temas, junto con otros tantos que no suelen despertar tanto interés”.

    ENTORNOS.

    –¿La cuarentena multiplica los peligros?

    –Si miramos las estadísticas, vamos a encontrar que la ONG Casa del Encuentro, y el Observatorio “Ahora que sí nos ven”, no oficiales ambos, registran un aumento de la violencia de género en un orden del 60%, que puede medirse tomando en cuenta las llamadas al 144 que es el teléfono de la línea oficial de ayuda.

    Por otro lado, la titular de la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres (UFEM) advirtió en entrevistas a los medios nacionales que las denuncias de víctimas para pedir ayuda y medidas de protección disminuyeron “considerablemente”, y algo parecido sostuvo la Secretaría de nuestra provincia.

    –Entonces, ¿qué pasa acá?

    –Lo que tenemos que explicar es que esto no significa que la violencia haya disminuido, o que los casos no existan, sino que las personas que están en situación de violencia no están pudiendo acceder a la Justicia, porque si están con el agresor al lado, difícilmente puedan llamar y tampoco salir a denunciar. Por eso es que ha hecho falta pensar en medidas alternativas, como se ha hecho también en nuestra provincia, por medio de los formularios online para denuncias judiciales, de las apps en los celulares, los videos virales que han surgido desde los colectivos de mujeres aconsejando abrir ventana y puertas en situación de violencia para que la gente vecina escuche y pueda llamar al 911. En otros casos, se están articulando respuestas comunitarias, entre abogadas, activistas, etc. Todas estas estrategias apuntan a acompañarnos entre nosotras y nosotres, a poder hacerles sentir a las personas que están atravesando esa situación que no están solas, que hay un cuerpo colectivo (una cuerpa, como decimos entre compañeras) al lado que está atento a lo que va surgiendo y que va a reaccionar.

    –Claro, que no se está sola…

    –¡Eso! Es muy importante para las mujeres, lesbianas, travestis y trans sentir que no estamos en soledad, que lo que nos ocurre no es algo personal, ni que somos responsables de lo que pasa. Sobre todo, porque como bien lo indican las estadísticas, y desde los estudios de género lo venimos diciendo hace años, el lugar de mayor riesgo no es la calle, sino la casa; y los agresores no son desconocidos, sino en su inmensa mayoría son las parejas y exparejas o los familiares directos.

    VISIBILIZACIÓN.

    –Y ha habido protestas, además…

    –Desde los colectivos feministas y de diversidad sexual realizamos un “Ruidazo” que tuvo más presencia en lo virtual, el 23 de marzo pasado. El doble femicidio de Cristina Iglesias, de 40 años, y su hijita Ada, de 7 años, en Lanús, y el hallazgo del cuerpo sin vida de Claudia Repetto, asesinada por su expareja, Ricardo Rodríguez, en Mar del Plata, fueron dos sacudones ese fin de semana y el lunes nos manifestamos con carteles en nuestras redes personales y colgando carteles y pañuelos de nuestras ventanas, puertas y balcones. “Que la policía persiga a los violentos con la misma determinación y voluntad que intima a cumplir la cuarentena a surfers y chetos que la violan”, eso se planteaba en el comunicado del colectivo Ni Una Menos en todo el país.

    En la ciudad, aprovechamos además para reanudar el pedido de justicia entorno a lo que fue el caso del femicidio de Fátima Florencia Acevedo, y a visibilizar las responsabilidades institucionales del Estado provincial y municipal, y por supuesto de la Justicia. La violencia contra mujeres, lesbianas, travestis y trans está más extendida de lo que aparece en la superficie, y por supuesto se potencia con el encierro obligatorio.

    EL CALVARIO DIARIO.

    –¿Con qué tienen que lidiar aquellas que sufren violencia física o verbal?

    –Imaginemos que convivimos todos los días con una voz que nos subvalora, nos intimida, nos amenaza con herirnos o herir a las personas que amamos, nos convence de que somos inútiles, que hacemos todo mal, que nadie cree lo que decimos, que todo lo malo que pasa es culpa nuestra, que sólo servimos para tener sexo, y a veces ni siquiera eso; y que si no fuera por esa voz, no seríamos nada en el mundo; y volvés a encontrarte esos mensajes cuando vas a trabajar, a estudiar, cuando miras la tele, escuchas música, vas a probarte una ropa o un calzado a un comercio. Es más, a veces te lo dicen tus amigas, tus vecinas, tu madre.

    Bueno, pues eso y muchísimo más sienten a diario las personas que están atravesando una situación de violencia. Cuando desde los estudios de género y desde los feminismos decimos que la complejidad de la violencia basada en el género no puede darse sino es sobre el cuerpo y la existencia de las mujeres y las identidades feminizadas, estamos diciendo que hay un factor de construcción cultural que es el patriarcado (aliado al capitalismo) que nos configura como seres vulnerables, apropiables, vendibles, maltratables, matables.

    Decimos que es interseccional, porque a ese constructo lo atraviesan otros elementos, como el factor étnico, las condiciones de vida sean rurales o urbanas, la presencia de alguna discapacidad o diversidad funcional, la pobreza…

    –Es como si la sociedad transpirara violencia.

    –Si queremos pensar en términos como los que hemos aprendido a usar estos días, tendríamos que decir que la violencia es una emergencia por sí misma y sigue ocurriendo concomitantemente con esta otra emergencia que se da por el Covid 19. Pero que es anterior y si seguimos poniendo parches y no pensamos en políticas de largo plazo, seguirá vivita y coleando cuando la pandemia pase. Por eso, creo que yo, que hay que hacernos cargo de la tremenda responsabilidad que tenemos como ciudadanía. Cada quien en el lugar que le corresponda, pero sin mirar para otro lado, o esperar que la obligatoriedad nos “apure”.

    –¿Qué quiere decir?

    –Que no podemos seguir sin revisar los patrones o modelos de crianza y de educación de las generaciones futuras, no podemos seguir sosteniendo modelos arcaicos de relaciones entre las personas suponiendo que son los únicos posibles, no podemos seguir tirando la pelota a la cancha de la “naturalización”.

    La violencia no crece como crece el pasto y a nadie “le gusta” que le peguen, le griten, le subvaloren. Crece y se reproduce en gran medida porque no se repiensan lo privilegios asentados en los modelos genéricos, que son heteronormativos, además.

    Necesitamos revisar lo macro y mínimo, ya ha sido suficiente de soportar el “chistecito” sexista en el grupo de whatsapp, porque así empieza y termina en femicidio. Entonces, invito a pensar en esos privilegios, a interrogarlos y ver qué hacemos en los lugares en los que estamos todos los días. Esta no es una causa pasajera.

    Salto de calidad

    –¿Qué lecciones nos deja la cuarentena en este sentido?

    –Cuando tenés, como en este país, cifras que marcan un femicidio cada 23/25 horas todo pareciera tener que adecuarse, intentando poner metas de corto, mediano y largo plazo. Hay algo que suele pasar en estos temas, y es que es “políticamente correcto” expresar la preocupación y el repudio, pero los recursos que se destinan institucionalmente para trabajar la problemática, su prevención y abordaje son los más exiguos entre los exiguos.

    Cuando desde los movimientos de mujeres y diversidades decimos que estamos en emergencia, y pedimos la emergencia nacional con presupuesto real, decimos que entre otras cosas se necesita una atención integral a la problemática, y que eso no será posible en tanto y en cuanto sigamos con una Ley Nacional, como lo es la Nº 26.485, reglamentada solo parcialmente y con presupuesto insuficiente para llevarla adelante; con una Ley “Brisa” que estipula una asignación por orfandad a los hijos e hijas de las mujeres asesinadas, que en el 90% de los casos no es percibida por esas infancias, y que en algunos de ellos, no es otorgada porque las causas judiciales por la muerte de sus madres se caratula por “homicidio” en vez de “femicidio o femicidio”, y ni pensar en el seguimiento y el monitoreo de salud que la misma establece.

    –¿Y con la publicitada Ley Micaela?

    –Otro tanto en relación a esa ley y las inespecificidades vistas respecto del cumplimiento del objetivo de la capacitación en perspectiva de género, lo que habilita a que sea tomada en algunos espacios “para la foto”. De los 36 refugios para mujeres víctimas que debían construirse en todo el territorio argentino en los últimos cuatro años se construyeron ocho, de los cuales siete ya venían de gestiones provinciales y nacionales anteriores.

    Y los refugios que están, y sus condiciones de funcionamiento, merecen otro análisis igual de amplio. Con el femicidio de Fátima supimos que por ejemplo que no se cuenta con la cobertura de internet en los refugios, lo cual no permite el funcionamiento de los botones antipánico que son entregados a las mujeres.

    La institucionalidad en general, garante de derechos, necesita conocer estas situaciones para transformarlas.

    Deconstruir para humanizar

    –¿Qué condiciones deben darse para que una pareja o una familia pueda capitalizar la cuarentena como la posibilidad de armonizar las relaciones y humanizar los vínculos?

    –Siempre que nos ponemos a pensar en la perspectiva de género, sea el espacio que sea, necesitamos entender que eso implica poder mirar el impacto diferencial que una decisión, sea del ámbito que sea, tiene en las diferentes personas que conforman ese espacio. Con las familias y las parejas suele pasar que aún siguen siendo asumidas desde patrones patriarcales y heteronormativos. Por ejemplo, si pensamos en las tareas de cuidado, las tareas que tiene que ver con limpiar la casa, hacer la comida, lavar la ropa, se las siguen enseñando sólo a las chicas. Pero si hay que enseñar a manejar, entonces aparece primero el varoncito de la casa. Y por supuesto enseña el papá.

    Por eso mismo es que han surgido algunos datos que indican que durante la cuarentena obligatoria se han visto incrementadas las horas que las mujeres dedican al trabajo reproductivo en casi un 80%. Eso implica que ahora deben cumplir con las labores de aseo en el hogar, su trabajo remunerado por medio del teletrabajo, hacer las tareas con sus hijos e hijas, y estar pendientes de brindar la ayuda a las personas ancianas que también componen la familia y que pueden estar solas. Suponer que esas tareas les corresponden “naturalmente” a las mujeres es parte de ese modelo patriarcal del que hablaba. Como contrapartida, algunos varones, refieren que su tiempo de ocio en el hogar ha aumentado, y que tienen más tiempo (casi un 60% más) para esparcimiento.

    Entonces, hay que preguntarnos qué pasa con esto, hay que poder conversar y debatir qué modelos estamos reproduciendo y a favor de quién y en contra de quién va este estado de cosas. Evidentemente hay trasformaciones que realizar, de las que no estamos exentas las personas ni las instituciones. Las escuelas y los medios de comunicación tienen mucho para aportar para que esto no siga siendo injusto.

    –¿De dónde son los datos?

    –A esta información la aporta la Encuesta del Uso del tiempo que forma parte de la Encuesta Anual de Hogares Urbanos de INDEC.

    Preguntas inquietantes

    En la charla con la especialista surgió la inquietud en torno a si las instituciones sociales y los medios de comunicación contemplan entre sus propuestas la chance de reflexionar sobre la gestión del tiempo y el lugar de cada uno en los proyectos en los que está involucrado.

    –¿Qué cree?

    –Yo creo que no, y lo creo porque transito las instituciones y sé efectivamente que son profundamente patriarcales. Las escuelas no están pensando en las dinámicas familiares cuando llenan de tareas virtuales a niños y niñas, tampoco están pensando en la perspectiva de género cuando enseñan, y no me refiero sólo al modo en que los equipos docentes hablan o se refieren a sus estudiantes, hablo de todas las normas que están no dichas, que se sostienen y reproducen como si fueran del orden natural, y no se interrogan.

    Con los medios de comunicación pasa algo parecido. No sólo en relación a las temáticas que se enfocan y el abordaje que hacen de eso, sino con lo que se dice sin decir: el lugar que ocupan las mujeres allí, la música que se elige, las opiniones que se refuerzan. En fin; que sería genial despertarse un día, prender la tele o la radio y encontrarse con que se respetan estas cuestiones y los modelos de éxito que se presentan no son prejuiciosos.

    Estar solas

    –En la cuarentena, ¿qué problemas puede aquejar a las mujeres solas?

    –Para nuestra sociedad, estar solteras (o solas, por el motivo que sea) es un problema. Hay varios aspectos que se entretejen, y ninguno se escapa al atravesamiento de género. A su vez, no es lo mismo ser una persona sola, que ser una persona “sola” con otras personas a cargo. Imaginemos que si en una situación de familia de tipo tradicional, decíamos que las tareas se habían incrementado en un 80% y suponíamos cierta co-parentalidad, eso se agrava cuando es sólo la mamá quien tiene que ocuparse de todo para que la familia pueda sobrevivir.

    Y aunque los prejuicios sobre las mujeres solas tengan olor a naftalina, aún gozan de buena salud en muchos espacios. Personalmente creo, que las mujeres que deciden vivir sus vidas solas, lejos de ser “minas raras”, interpelan al conjunto social sobre nuestras propias vulnerabilidades.

    Y con la ancianidad, creo que hay otras tensiones que atraviesan la discusión, pero es interesante mirar otras propuestas que surgen a partir de estudios hechos en los países nórdicos, sobre el co-housing por ejemplo, el envejecimiento en comunidad, con amigos y amigas. No sé, creo que estamos lejos y que hay que seguir pensándolo. Pero no nos podemos tomar mucho tiempo más.

     

     

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