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domingo, julio 5, 2020
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    Los múltiples desafíos implicados en una gestión integral de la crisis

    El especialista en planificación estratégica, Mario Siede, aborda desde distintos aspectos la noción de gestión de la crisis, en una gimnasia que busca ajustar los conocimientos existentes al régimen de excepcionalidad que adquiere la pandemia del coronavirus. Para hacer notar cómo revoluciona al contexto general, cita que si hasta ahora el activismo político consistía en salir a la calle y ocupar el espacio público, el Covid-19 empuja a recluirse a las personas con conciencia ciudadana.

     

    REDACCIÓN EL DIARIO / [email protected]

     

    Mientras una parte de la sociedad procura paliar el malestar que genera el aislamiento obligatorio con teletrabajo, haciendo arreglos o retoques en la casa, estudiando a distancia de manera formal o informal, ordenando rincones y placares, manteniendo una rutina de ejercicios físicos, leyendo o disfrutando de recitales, películas y series, no es menos cierto que estos esfuerzos por proveernos de actividades y propuestas que superen el agobio del encierro pueden sofocar su adecuado abordaje integral. En efecto, la crisis originada por el Covid 19 no es sólo sanitaria, también nos produce dilemas existenciales a nivel individual y familiar, que van desbordando hacia las organizaciones e instituciones de la sociedad civil y en los diferentes niveles del Estado.

    La dinámica del encuentro y la transmisión del respeto y del afecto sin reparos de cercanía es una poética que nos constituye. Y hoy está vedada. No pensar en cómo tramitar estos cimbronazos incompleta la gestión de la crisis, en términos de lo que plantea Mario Siede, docente e investigador en la Facultad de Trabajo Social de la UNER y en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNL.

    Su formación de grado es la de abogado, pero a mediados del 90 hizo una maestría en Sociología en la Universidad de Federal de Rio Grande do Sul, Porto Alegre, y desde entonces se ha especializado en planificación estratégica aplicada al campo de las políticas públicas y al trabajo junto a actores sociales e institucionales, como académico y consultor.

    Entrevistado por EL DIARIO, Siede mira la sociedad en su conjunto, no sólo la parte que está formalmente integrada.

     

    EXPERIENCIA.

    –Hemos visto muchas películas sobre catástrofes y momentos de altísimo riesgo masivo de vida, ¿Qué diferencias hay entre ser un espectador y ser parte de la experiencia?

    –Ya que traes a colación el término experiencia me permito citar a Edward Thompson, historiador y luchador ecologista inglés, que definía “experiencia” como “la respuesta mental y emocional, sea de un individuo o de un grupo social, a muchos acontecimientos interrelacionados o a muchas repeticiones del mismo tipo de acontecimiento”.

    En este sentido, esta experiencia nuestra, la de hoy, de la pandemia, se van armando y desplegando un conjunto de comportamientos, de acciones, de estrategias, de procesos que van conformando esas “respuestas” de cada uno, de las familias, de los grupos y de las instituciones ante la increíble y brutal novedad de los acontecimientos de diverso orden que se están desatando con el coronavirus en el mundo entero y en cada rinconcito íntimo de cada uno de nosotros.

    Aislamiento social preventivo y obligatorio, distanciamiento social, uso de la tecnología para establecer contactos con el mundo y con las personas nos están presentando problemas, desafíos y respuestas muy dinámicas en lo individual, lo familiar, en nuestros roles sociales como hijas/os, padres/madres, estudiantes, docentes, profesionales y trabajadores/as en general.

    –Nuestra sociedad tiene poca tradición en planificar cómo afrontar una crisis, ¿eso debe afrontarse como una característica irremediable del ADN cultural o puede modificarse y cómo?

    –Considero que en un caso de pandemia (alcance global) la humanidad cuenta con conocimientos y experiencias sistematizadas de casos anteriores que se han registrado, por ejemplo, desde la pandemia de 2018 y otras influenzas, y en América Latina la fiebre amarilla y el cólera. Podemos decir que existen protocolos que en verdad son modos de hacer que están establecidos y aceptados a partir de que fueran creados en situaciones nuevas que hubo que enfrentar. Un protocolo es un plan de acción establecido y aceptado por su comprobada eficacia.

    Sucede que la pandemia desata diferentes crisis. Sistemas o esquemas sociales e institucionales que funcionan regularmente y conocimientos y saberes que son efectivos en momento de normalidad, frente a la epidemia universal, frente a un virus que se expande con una velocidad inusitada, frente a la necesidad de dar una respuesta inmediata, entran en crisis.

    Un reciente informe de la CEPAL sobre Covid-19 y sus efectos afirma que la sociedad y la economía mundial vive una crisis sanitaria, humana y económica sin precedentes en el último siglo y que evoluciona continuamente.

     

    MANERAS.

    –¿Cómo se expresan esas crisis?

    –A nivel de las personas individuales, de la familia, de las organizaciones o instituciones y a nivel de los Estados, ya sea nacional, provincial o municipal.

    El desafío necesario para poder generar capacidades de respuesta frente a esta situación actual es poder y saber gestionar la crisis. Digo capacidades de respuesta porque las capacidades son varias y precisan ser abordadas, inventadas, implementadas y puestas a prueba y, finalmente, encarnadas por todos los actores sociales de nuestro país.

    Para que quede claro, un conocido autor dice que gestionar significa “hacer que las cosas sucedan”, que aquello que se plantea como objetivos y que se considera valioso, un bien social valioso y necesario, se concrete. Pues bien, en una crisis epidemiológica y sanitaria como la que estamos viviendo gestionar la crisis es tratar de asegurarse que no se expanda y disminuir la cantidad de fallecidos al máximo posible.

    Esto de gestionar la crisis supone tener en cuenta la situación de excepción, por eso no podemos tener las mismas reacciones ante los mismos hechos que en época de “normalidad”.

    –¿A qué refiere?

    –Por ejemplo, nos ha cambiado el tiempo individual y social. Frente a las urgencias de las medidas y las respuestas, cada uno de nosotros dejó de seguir las rutinas habituales a causa de la cuarentena, podemos decir que nos “desordenamos” y tenemos que enfrentar la crisis.

    También nos ha cambiado el espacio físico y simbólico. El aislamiento y el distanciamiento nos está obligando a re-aprender a movernos en nuestros entornos cercanos, pero también en las ciudades.

    Por ejemplo: casi el 70 % del empleo formal en América latina es en el sector de servicios, donde la relación de proximidad física de persona a persona es muy común. Todas esas relaciones se están viendo afectadas profundamente con consecuencias económicas y sociales muy graves.

    A estas alteraciones se suma la incertidumbre por lo que pueda suceder en el día a día y en todos los horizontes temporales de corto, mediano y largo plazo. Tenemos que ir construyendo previsiones y anticipaciones que antes no aparecían como una necesidad.

    Todos estos cambios nos están sucediendo a las personas, a las familias, a las organizaciones a las empresas y al Estado.

    Este estado de cosa demandas actitudes tales como la perseverancia, la paciencia, la empatía, comprender al otro, considerar lo que el otro vive y cómo lo vive, predisponerse para aprender de la nueva situación y procesarla comunitariamente, socialmente, nunca en soledad.

     

    SEDIMENTOS.

    –¿Cómo se podría planificar una situación crítica como la actual si, como se afirma, es inédita? ¿De dónde surge el conocimiento validado que justifica las intervenciones?

    –El punto clave consiste en entender que la planificación resulta de una mediación entre el conocimiento y la acción. Hay conocimiento acumulado y hay sistemas de intervención sanitaria y social que están para abordar situaciones como la actual. Nuestro Estado tiene esas capacidades y la sociedad organizada también. Todo es mejorable, pero hay capacidad política y capacidad técnica que se está poniendo en juego.

    En el Estado, planificar supone conocer y pensar, hacer/actuar, monitorear el proceso y evaluar resultados, re pensar, corregir lo que no funcionó, reprogramar y volver a actuar. En crisis, la velocidad de todo este proceso de acelera. Por eso se trabaja con “sala de situación”. En planificación estratégica este concepto se refiere a la configuración de un sistema de señales que nos indique precozmente si las contingencias están ocurriendo y si hay capacidad de instalar las operaciones de contingencia necesarias. No se trata de una sala física sino de un espacio de gestión en el que se combinan sistemas de información, monitoreo a tiempo real y apreciación situacional permanente para orientar y fundamentar las decisiones políticas en medio de la crisis. Es lo que tienen en funcionamiento los ministerios de salud, nacional y provinciales, y el presidente y los gobernadores en este momento.

    Es importante reconocer que contamos con herramientas de gestión, teorías y metodologías para acumular conocimientos y generar respuestas antes de actuar y durante el proceso de implementación, para aprender en el mismo momento que se realiza la intervención, aprender en la práctica.

    –¿Podría desglosar estas habilidades sedimentadas?

    –Sí, podemos decir que tenemos que poner en juego tres conjuntos de capacidades. Son capacidades de la sociedad, de las personas, del Estado, de las organizaciones comunitarias.

    En primer lugar, las capacidades analíticas/sistémicas/cognitivas. Son las que se refieren a la posibilidad de formular análisis o diagnósticos situacional e investigar los nuevos y los viejos problemas en el momento actual. Tanto mejor cuando se cuenta con manejo de información y desarrollo de un pensamiento sistémico/holístico.

    Se combinan allí las miradas: descriptiva, analítico-explicativa y prospectiva de la situación que se quiere abordar y transformar. Es importante tratar de tener una perspectiva enfocada en integrar, en comprender lo complejo del problema y de la respuesta y desarrollar estrategias participativas y de consulta: siempre hay otros.

    En segundo lugar, las capacidades proyectivas. Se trata de trabajar con una combinación dinámica de diversas estrategias en los horizontes temporales y en los espacios territoriales. La idea es desarrollar una apertura programática con mucha creatividad, con capacidad para diseñar una respuesta y luego sostenerla y realizarla.

    Una clave en esta perspectiva de pensar hacia dónde vamos es tener en cuenta que la heterogeneidad y la contingencia son atributos constitutivos de los programas en general.

    Por último, las capacidades constructivas. Hacen referencia a la confianza en que la acción humana puede transformar las cosas. En planificación decimos que siempre las construcciones están sujetas a restricciones, a arenas de tensión, conflicto y colaboración. Así, durante una crisis las estrategias son un movimiento permanente y cambiante.

    Lo personal y lo político

    –Ante una situación de estas, ¿qué mecanismos de identidad individual, psicológicos se desmoronan? ¿Cómo tramitar esas instancias traumáticas? ¿Qué enseñanzas podemos extraer del modo en que esta situación está siendo conducida?

    –Es una pregunta interesante y amplia para las posibilidades de una entrevista pero podemos consignar algunos puntos que deben considerarse en el desarrollo de esta experiencia, individual y social tan intensa.

    Ante todo, hay que aceptarla pandemia para enfrentarla. Negarla, no ayuda.

    Debemos reconocer y conocer lo que pasa y lo que nos pasa para no entrar en pánico y para procesar el miedo. El pánico paraliza y daña, el miedo sirve para centrarnos y pensar estrategias.

    Es conveniente repensar todos los vínculos, los modos y los gestos, las acciones y los comportamientos. Pensarlos para desarrollarlos mejor en este contexto.

    Es mejor apostar a un hacer colectivamente, aceptando que el juego social entre lo individual y lo colectivo en la pandemia tiene una gran capacidad “pedagógica”, como solía usar Gramsci esta idea en la política.

    Y, en fin, confiar en que saldremos de esto, y en que lo haremos transformados en seres con estaturas morales más elevadas de las que teníamos cuando esto se presentó, en habitantes de un mundo que puede ser mejor, que es posible, que necesita de todos por lo que nadie puede quedar atrás.

    Ganar la calle o guardarse

    –¿Cómo afectan estas situaciones de encierro en contextos culturales de alta individualidad y qué rol podrían cumplir las organizaciones de la sociedad?

    Si ocupar el espacio público contenía un fuerte mensaje político, hoy la manifestación de la conciencia del otro es el distanciamiento.

    –Cada acción social, cada comportamiento está siendo revisado, re construido socialmente ante la necesidad del autocuidado y del cuidado de los/as otros/as. La relación entre la ciudadanía y el Estado está teniendo una densidad y unas características que no conocíamos. La sociedad entera se está mirando a sí misma, e, incrédula, va recuperando y reinventando sus fuerzas comunitarias y sus formas de cuidado.

    Desde las ciencias sociales, con nuestra vocación de conocimiento e intervención, con nuestro compromiso con la justicia social, los derechos humanos y la libertad, hemos estudiado y analizado las diversas formas de movilización social como herramienta de organización colectiva para exponer demandas, necesidades y hacer valer los derechos de las personas. Esas formas de movilización en general estuvieron asociadas a “ganar la calle”. Hoy día, (aquí se ve lo nuevo y desestructurante), nos convocan y nos convocamos a quedarnos en casa, a no salir, a “movilizarnos” pero quedándonos en casa.

    Todo esto nos despierta muchas preguntas ¿Qué nuevas formas de acción social colectiva estaremos gestando? ¿Cómo se combinarán lo público y lo privado de aquí en adelante? ¿Sociedad, Estado y Mercado podrán crear otras formaciones sociales más justas, sostenibles, más democráticas? ¿Estaremos ante la posibilidad de construir una sociedad y una convivencia comunitaria en todas las escalas –barrial, nacional, planetaria– que sea más amable, que dé gusto transitar y compartir?

    Será un aprendizaje y un camino a construir en todos los planos y dimensiones de la vida social. Confío en que lo podemos hacer un poco mejor en relación a la justicia social, a la convivencia con el planeta y el ambiente, y sabiendo que no podemos dejar a nadie atrás.

     

     

     

     

     

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