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martes, mayo 26, 2020
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    Conducción unificada, clave para afrontar la emergencia

    Desde hace años, un equipo interdisciplinario de la UNER se viene especializando en desastres, catástrofes y crisis. La necesidad de una conducción unificada de los procesos, la conveniencia de actuar en bloque o en red y la importancia de la comunicación, son algunos de los aspectos abordados durante una entrevista.

     

    Redacción El Diario / [email protected]

     

    También para afrontar situaciones extraordinarias se precisan especialistas. Desde esa perspectiva, un grupo de docentes e investigadores de la Facultad de Trabajo Social de distintas disciplinas se constituyó desde hace ya unos años y han ido especializándose ante diversas crisis.

    “Nos motivó empezar a trabajar esta problemática la ocurrencia de varias situaciones en nuestra región que tuvieron que ver principalmente con inundaciones, incendios, pedradas, aludes y sequías», dijeron las especialistas Lucrecia Cerini, Analía Rígoli, Catalina Bressan, y Laura Imbert a EL DIARIO.

    «Como equipo nos abocamos a formarnos, a generar proyectos de investigación y actividades de capacitación, extensión y transferencia social», puntualizaron, no sin agregar que «hemos trabajado, a lo largo de todos estos años en diversos lugares del interior de la provincia de Entre Ríos, como así también en diferentes puntos del país”.

    La cuarentena- en tanto caso extremo- es una situación especial para pensar en cómo organizarse, y bajo qué protocolos.  La entrevista da cuenta de todos esos asuntos.

     

    – ¿cómo se constituyó el equipo?

    –Somos un equipo de docencia e investigación de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Entre Ríos, venimos trabajando desde el año 2003 a la fecha en la temática de Intervención Profesional en situaciones de Emergencias, Desastres y Catástrofes. Se trata de un equipo interdisciplinario que cuenta con trabajadoras sociales, psicólogas, politóloga y estudiante becaria de Ciencia Política. Actualmente el equipo está conformado por la Mg. Sandra Arito, Mg. Laura Imbert, Mg. Lucrecia Cerini, Lic. Analía Rígoli, Dra. Catalina Bressan, Lic. Analía Zimmerman y la estudiante Aranzazú Arangui. Años anteriores también participaron la médica psiquiatra Silvia de Riso, la Lic. en TS Mónica Jacquet, la Prof. Mariela Benítez, el antropólogo Dr Carlos Gómez, y como estudiantes becarios Pablo Kriger, Yasna Hamann Tureo y Marianela Méndez.

     

    –¿Qué diferencias hay entre una crisis, un desastre y una catástrofe?

    –A lo largo de la historia se han utilizado indistintamente los conceptos de emergencia, desastres y catástrofes. Investigadores y científicos al tomar algunos de estos términos coinciden en hacer referencia, aunque en diferentes grados, a acontecimientos más o menos imprevisibles que irrumpen en la vida social, impregnando los múltiples aspectos de la vida de una comunidad y ponen en peligro la integridad física de las personas, provocando daños humanos y/o materiales requiriendo de una acción inmediata en el tiempo.

    Los desastres son fenómenos violentos que se despliegan sobre un territorio, cambiando el paisaje humano y su entorno de manera compleja y devastadora. Otras definiciones consideran desastre a una situación que implica amenazas imprevistas, graves e inmediatas para la salud pública, una situación que sobrepasa la capacidad de respuesta del sector salud. Algunos autores refieren a las catástrofes como un estado de crisis de mayor intensidad que la emergencia o el desastre. Es un evento inesperado, súbito, brusco, agudo, amenazante y destructor con peligro de muerte.

    En nuestro equipo de trabajo, diferenciamos emergencia, respecto a desastre o catástrofe (a las que no distinguimos particularmente entre sí). Desde un enfoque psicosocial, la emergencia social -como plantea Pampliega de Quiroga- refiere a la modificación súbita y significativa de las condiciones materiales y sociales de existencia de una comunidad y al impacto que dicha modificación provoca en sus miembros.

    En las emergencias, los recursos habituales son suficientes para dar respuesta a las demandas. En cambio, declarar un suceso como desastre o catástrofe implica de por sí una mayor movilización de recursos humanos y materiales. A estos conceptos podemos vincularlos con el de crisis que expresa el tránsito de una situación a otra, la ruptura o quiebre de una continuidad.

    Las crisis se extienden en períodos cuyas características más relevantes son los cambios que se producen. Esencialmente refieren a un período signado por transformaciones cuyo desenlace desconocemos. La intensidad de las mismas depende de la habilidad de enfrentamiento y de manejar ese estado, tanto a nivel individual como a nivel grupal, familiar y comunitario. Por Pandemia se entiende que es la propagación mundial de una enfermedad.

     

    –Desde esa distinción, ¿cómo consideran a la pandemia del COVID-19?

    –El covid 19 es el nuevo coronavirus y es considerado una pandemia ya que se ha extendido a varios países y continentes afectando a una parte considerable de la población.

    El 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud declaró que el nuevo brote de coronavirus es una pandemia. Esto está planteando una situación de emergencia sanitaria en diversos países del mundo, incluido el nuestro.

     

    –Cuando el problema es sanitario, ¿cómo se aborda la necesidad de que las personas hagan su parte?

    –Es fundamental entender que estamos ante una situación inédita y excepcional hasta el momento, que para afrontar esta emergencia sanitaria es estrictamente necesario un trabajo mancomunado y articulado de los diferentes sectores estatales, particularmente el sector sanitario integrado por diversos actores, profesionales, expertos y especialistas. También incluye a los diferentes sectores de la sociedad civil, a cada uno como ciudadano, y como sociedad en general.

    Debemos tomar conciencia y apelar a la responsabilidad social entendiendo que a todos nos corresponde cumplir con las medidas preventivas impartidas por las autoridades sanitarias competentes para intentar mitigar el contagio, evitando un contagio masivo y posibles consecuencias como por ejemplo, que se provoque el desborde del sistema de salud con todo lo que ello implica.

    Por otro lado, en la emergencia sanitaria el rol del Estado es excluyente, más allá de la colaboración que puedan brindar agentes privados de la salud o de otras áreas. En esta situación particular quedó muy clara la presencia del Estado como rector principal frente al riesgo sanitario (desde el nacional hasta los locales) tomando medidas adecuadas en términos de políticas públicas, y acorde a las recomendaciones de los organismos multilaterales.

     

    – ¿Tienen opinión formada acerca de cómo se está afrontando la pandemia?

    –Tenemos que entender que esta es una situación dinámica y cambiante, no ha habido antes una situación como esta que afecte de un modo global y desborde los sistemas de salud de países como España e Italia. Hemos visto cómo en otros países se han tomado decisiones diferentes y tardías, en algunos casos, que ha causado mayores personas contagiadas por coronavirus y tenemos que lamentar miles de personas fallecidas en el mundo.

    Creemos que el gobierno nacional ha tomado oportunamente las decisiones necesarias y está encarando la situación de un modo muy responsable evaluando permanentemente el estado de situación, y en función de esto, tomando las nuevas determinaciones y acciones a seguir.

    El gobierno parece tener en claro que la clave no es solamente el mantener bajo control los contagios y los aislamientos, si no que gestionar esta emergencia sanitaria tiene que ver con establecer las condiciones de posibilidad para que los ciudadanos puedan contar con los cuidados necesarios para afrontar este virus: poner en marcha refuerzos hospitalarios, generar más cantidad de camas de terapia intensiva, contar con los respiradores necesarios, habilitar hospitales reubicables; esto es, preparar el sistema sanitario para afrontar los casos por atender.

     

    – ¿En qué aspectos debe mejorar el sector público y qué parte deben hacer los ciudadanos de manera inevitable?

    –Los ciudadanos inevitablemente tenemos que ser conscientes y responsables acatando las medidas brindadas por el gobierno nacional emanadas del Comité de emergencia. Debemos comprender que esto no es parte de un debate, aquí no caben opiniones diferentes sobre qué hacer o cómo hacerlo, si no que deben respetarse y cumplirse las pautas y protocolos de acción que ha establecido el Gobierno. En este “respetar” también se encuentra implícito el respeto y el cuidado del otro, en esa línea se inscribe la idea de que, cuidándome a mí mismo, estoy cuidando a todos.

    Hay varios aspectos en los cuales el sector público debe mejorar. Uno de los más importantes es en el fortalecimiento de la rectoría del sistema de salud por el Estado nacional dado que nuestro país presenta muchas desigualdades en términos regionales y provinciales en cuanto a las capacidades para responder a la emergencia sanitaria.

    Asimismo, esto supone reformas orientadas a garantizar una mayor integración entre los subsistemas de salud (público, privado y de la seguridad social) a fin de garantizar una mayor eficacia y eficiencia de un sistema históricamente fragmentado y segmentado.

    Por último, es imprescindible replantear el rol de los estados locales en la oferta pública sanitaria dado que para la integralidad en la atención de la emergencia es fundamental la incorporación del territorio en el diseño de las políticas públicas.

     

    En comunicación, privilegiar la calidad por sobre la cantidad

    El equipo de investigadoras sostiene que “la comunicación juega un papel central en la emergencia sanitaria dado que debe centrarse en la comunicación del riesgo la cual apunta a un objetivo muy claro que es alertar, generar conciencia en la población sobre el riesgo al cual estamos expuestos, para poder modificar nuestras conductas tanto en términos individuales como familiares, grupales comunitarios y sociales. Por eso la comunicación del riesgo tiene que ser parte de las políticas públicas porque tiene efectos sobre la vida social. Como su papel es clave, la comunicación debe ser clara, evitar generar comentarios y especulaciones que tienden a confundir a la sociedad. Comunicar concretamente lo que se requiere de la población en cada momento, su transmisión debe ser lo más precisa posible, promoviendo que los ciudadanos se informen a través de, primordialmente, los medios oficiales y fuentes confiables. Es decir, atender lo expresado por expertos y expertas así como privilegiar la calidad por sobre la cantidad”.

     

    La comunicación del riesgo tiene que ser parte de las políticas públicas.

    Además, afirmaron que “también resulta importante concientizar respecto al uso que se haga de las redes sociales, que sea de un modo responsable y teniendo en cuenta que puede generar impactos en la subjetividad de otros, a quienes se desconoce. Acompañar a quienes están solos con mensajes y diálogos personalizados suele ser más efectivo y saludable que el reenvío frenético e indiscriminado de cualquier mensaje o información”

     

    Un libro de cabecera

    Al ser consultadas por la demanda que tiene el libro Desastres y catástrofes: herramientas de pensamiento para la intervención, que les editara Eduner,  las entrevistadas evaluaron que “fruto del esfuerzo compartido fue posible llegar hasta aquí. No sólo por el trabajo realizado por el equipo interdisciplinario, sino también por la Universidad Nacional de Entre Ríos que a través de su sistema de investigación, financió los proyectos desarrollados, y esta publicación por parte de la Editorial de la Universidad, EDUNER. El libro fue muy bien recibido, pudiendo llegar a diferentes actores sociales de diversos puntos del país y del exterior”

    Fue entonces cuando precisaron que “fue pensado, como su título lo indica, para proveer algunas herramientas de pensamiento para la intervención frente a situaciones de emergencia y desastres”, y que “nos motivó fuertemente el contacto con personas con las que trabajamos: profesionales, bomberos, policías, enfermeros, gente de defensa civil, voluntarios, de diferentes lugares a los que fuimos luego de la ocurrencia de algunas situaciones de desastre tales como inundaciones, incendios, pedradas, tornados, sequías. Por ello desarrollamos actividades de capacitación y transferencia en Asunción del Paraguay; Esperanza y Rosario (Santa Fe) San Pedro (Misiones), Villa María (Córdoba), Santiago del Estero, Río Gallegos, Comodoro Rivadavia, Ushuaia, y en localidades entrerrianas como Paraná, Paso Telégrafo, Concordia, Ceibas, Villaguay e Islas del Ibicuy”.

    Luego, añadieron que “por propuesta de EDUNER, el libro tuvo una segunda edición en el año 2018. Además estamos evaluando la posibilidad de editar el libro en Cuba, allí tomamos contacto con el Presidente de la Sociedad Cubana de Psicología con quien coincidimos en modos de abordaje de la problemática.

    En relación al proyecto de investigación recientemente culminado, en el que indagamos sobre políticas públicas nacionales de formación acerca de la temática de desastres y catástrofes, hemos elaborado un segundo libro, que se encuentra en preparación para la edición.

    De este modo ponemos a disposición de la comunidad algunos resultados de lo que producimos, lo cual forma parte de nuestro compromiso ético-político como docentes investigadoras de nuestra Universidad pública” señalaron.

     

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