«La creciente», un filme que transcurre el ambiente islero del Paraná

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Los personajes de “La creciente” tienen como una máxima vital la necesidad de “nadar para sobrevivir”.

Franco González y Demián Santander, recordados por su anterior «Úahat», estrenan en el canal de cable y en la plataforma de producciones nacionales del Incaa una historia ambientada en el litoral.

 

Crueldad, supervivencia, encierro y una efímera esperanza es lo que emanan los personajes de «La creciente», una cinta de Franco González y Demián Santander que se estrenó ayer en la plataforma Cine.ar.

González es oriundo de San Pedro y durante su infancia y adolescencia tenía vínculo con el mundo que se cuece en el delta del litoral. En Buenos Aires conociá al codirector del filme, con quien empezá a estructurar una ficción que muestra un costado poco explorado de lo que puede suceder en ese ambiente que fue magistralmente registrado en 1950 por Lucas Demare en el film “Los Isleros”, protagonizado por la inmortal Tita Merello y Arturo García Buhr.

«Narrar desde un personaje marginal nos daba el tono con el que queríamos mostrar esa isla, lejos del romanticismo de la naturaleza que puede tener la cabeza promedio de una persona citadina», dijo González a Télam sobre “La creciente”.

La película empieza con una cámara que se sumerge en el agua y sale al compás de Matía (Cristian Salguero), un joven que al parecer está escapando de algo.

Metido en una de las islas, conoce al Correntino (Héctor Bordoni), un capanga de la zona, cuatrero y con alma de criminal, quien lo emplea para sus fechorías y trabajos rurales.

Entre ellos no hay confianza, solo una necesidad mutua de supervivencia que irá creciendo en tensión hasta estallar de una manera muy natural, en un paraje sin ley ni Estado, donde los instintos más básicos del ser humano son los que reinan.

En el perfil de cada personaje se advierten los matices que caracterizan a los habitantes de esa zona, un espacio que ya retrató en su momento –con una visión bucólica- Marco Sastre en “El Tempe Argentino” y también, de modo formidable, el entrerriano Fray Mocho (José S. Alvarez) en “Un viaje al país de los matreros”.

En ese aspecto, en relación al protagonista, el director Franco González señala. “El Correntino no ayuda a nadie, todo el tiempo está pensando qué acción le va a dar cuál beneficio. Quisimos construir un universo narrativo donde no hubiera espacio para la solidaridad, sólo un par de escaramuzas afectivas, pero nada más. Armamos un ambiente hostil, como dijo alguna crítica, `un claustro a cielo abierto´, donde la idea de sobrevivir prima sobre cualquier otro sentimiento. Pero recordemos que es una ficción, es un artefacto, no es la vida real de la gente de la isla”.

FORTALEZA

En la historia aparece también un personaje femenino con mucha fortaleza, pero también sumido en un ambiente que la subyuga.

Sobre ese aspecto, el director señala: “En `La creciente´ tenemos un personaje femenino que tiene una fuerza y un coraje que no digo que en la vida real no suceda, pero creo que al estar las estructuras patriarcales más a la vista y rígidas, difícilmente las mujeres puedan tener alguna posibilidad de elección ante lo predeterminado culturalmente por su condición de género. Algo que sucede también en el mundo urbano, sólo que quizás está más camuflado por el mercado y otras yerbas”.

La historia permite reflexionar también sobre los roles estereotipados, por ejemplo el de los hombres. “El tema de la masculinidad es muy interesante, claramente nos interpela como varones hétero que somos. En la construcción de los personajes masculinos buscamos un estereotipo rígido, varones con poco lugar para demostrar vulnerabilidad, pero sin una mirada moral de esto. En nuestros personajes la violencia es uno de los mandatos que se aprenden o se aprenden para poder sobrevivir. Los presentamos en un ambiente que cuando se pica no hay lugar dónde huir. Sin espacio para el miedo, enfrentan la vida con la caja de mandatos completa, que incluye las nociones de posesión y del hombre proveedor”.

En el contexto en que transcurre la historia que cuenta “La creciente” no hay ley ni Estado. Es el hombre en su estado primigenio el que debe convivir con reglas que pueden cambiar de un minuto a otro.

Se trata, acepta el director de “vivir en la inestabilidad, en el día a día, a veces con la incertidumbre de si el agua va a subir llevándose todo. Quizás hay algo de ese hombre primigenio que convive mejor con esta falta de certezas, con esa cadencia o vaivén de canoa en el río. El hombre moderno está aferrado a muchas certezas que son un como sá, pero que nos dan consistencia para no experimentar la crisis continuamente. Pero después suceden estas cosas, alguien se come un murciélago en una sopa y toda esa seguridad se va al tacho. Igual, creo que no sé cómo se hace para vivir en ese modo, sólo arriesgo la perspectiva que le dimos a nuestro personaje: nadar para sobrevivir”.