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miércoles, mayo 27, 2020
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    El oculto costo de recortar el gasto en “lo político”

    El reclamo sonó fuerte en medios de comunicación y redes sociales, no así en un nuevo fallido cacerolazo. El error de confundir “lo político” con “la política”. El origen de una tensión que atraviesa la cultura política de occidente. Los costos de apoyar la reducción del mal llamado “gasto” político.

     

    OPINIÓN / Néstor Belini

     

    Décadas de estimular el odio a “lo político” han generado ciudadanos que se llevan la pistola a la sien y disparan contra sí mismo sin alcanzar a darse cuenta que no es su dedo el que aprieta el gatillo. El ataque a “lo político” ha generado en los últimos días y al calor de la pandemia por el Covid-19, una nueva ofensiva. La exigencia de una clase media acomodada, o una que al menos logra obtener los recursos necesarios para tener una vida digna en tiempos de cuarentena, para que “los políticos” se rebajen las dietas y salarios, ocupó espacios de privilegio en medios masivos de comunicación y redes sociales. El “reclamo” no es nuevo. Lo novedoso es la difusión que obtuvo cuando lo que menos le hace falta a la sociedad en tiempos de pandemia, es un motivo para debilitar al gobierno y las decisiones que viene implementando para proteger a los argentinos y argentinas del volátil y muy contagioso virus.

     

    POSICIONES

    Las lecturas y las manifestaciones respecto del “reclamo” fueron desde el ataque “rabioso” a lo que se considera como una situación de privilegio (en la volteada también cayeron los funcionarios del Poder Judicial, aunque con menos animosidad en el señalamiento), a la defensa fundamentada o chicanera. No faltaron los memes y posteos en redes sociales que recordaban los millones de pesos que le debería el Grupo Macri al Estado nacional por el manejo del Correo Argentino, o las muy cuestionadas medidas económicas de la gestión de la Alianza Cambiemos en el período 2015-1029. Tampoco estuvo ausente en la defensa para demostrar la inutilidad de la reclamada medida y su inocultable sesgo “(anti) político”, que se trataría de una ofensiva de los defensores del Mercado, que están exigiendo que la economía se reactive, aún si aquello significa flexibilizar las medidas de aislamiento que vienen demostrando ser exitosas, poniendo en riesgo concreto la vida de miles de compatriotas.

    Las víctimas de una decisión que privilegie el Mercado por sobre la Salud Pública no estarán en su mayoría entre los que consideran a “lo político” como un gasto o un costo, sino entre los compatriotas que sobreviven a duras penas y en condiciones inhumanas a las políticas neoliberales que privilegian la economía sobre la vida. El ciudadano común y corriente se planteará la pregunta casi lógica y retórica sobre “¿cómo se llevaría adelante una economía sin sujetos?” La respuesta está en un reclamo histórico de las clases dominantes de la región: a América Latina le estarían sobrando unos cuantos millones de habitantes. Son los marginados de aquellas políticas. Los que no tienen capacidad de consumo.

     

    TENSIÓN

    Emilia Castorina, en La Política en conflicto, citando a Eduardo Gruner, sostiene que “lo político” puede entenderse como la “instancia antropológicamente originaria y socialmente fundacional, es decir, como espacio de una ontología práctica del conjunto de los ciudadanos como todavía se la puede encontrar en la noción de zoon politikon” el animal político del que habló la filosofía griega clásica al definir la polis; diferenciándolo de “la política”, a la que se refirió como “ejercicio de una ‘profesión’ específica en los límites institucionales definidos por el espacio del Estado jurídico”. Castorina, licenciada en Ciencias Políticas de la Universidad de Buenos Aires, propone que aquellas dos categorías atraviesan la cultura política occidental, “desde el nacimiento de la polis griega hasta nuestros días” como una “tensión de origen entre lo político y la política”.

    En la Grecia antigua aquella tensión encontró su expresión en las posiciones aristocráticas de la democracia, sostenidas por Sócrates, Platón y Aristóteles; y las que sostenían los sofistas, que proponían que los asuntos públicos, o sea políticos, eran asuntos de todos y en los que los trabajadores, el hombre común, podían participar y manifestarse. Castorina desarrolla que “la tensión entre lo político y la política adquiere una nueva forma a partir del surgimiento del capitalismo”. En este sentido enuncia que “…el desplazamiento de lo político por la política no es un invento del capitalismo, pero solo el capitalismo ha tenido que hacer de él un principio práctico en el momento en que las ‘masas’ entran en la vida pública y el poder ya no puede sostenerse por las ‘coacciones extra-económica’ que caracterizan a las sociedades pre-capitalistas”.

     

    PROCESO

    En el capítulo en el que aborda “La separación entre lo ‘político’ y lo ‘económico’ en el capitalismo” explica que el surgimiento de la sociedad de mercado no se trató de un proceso “natural” sino de un “proceso altamente conflictivo y que despertó muchísima resistencia por parte de las clases campesinas” que fueron despojadas de la propiedad de los medios de producción. El capítulo deja un concepto de ejemplar claridad para entender algo de lo que está en disputa detrás del reclamo por la baja del costo de la política y de la reactivación de la economía: “La imposición de la sociedad de mercado emergió, así, como una confrontación de clases entre aquellos cuyos intereses se expresaban en la nueva economía de mercado y aquellos que la resistieron el anteponer los derechos de subsistencia a los imperativos de la ganancia”. El devenir de la historia es elocuente respecto de quiénes resultaron ganadores y quiénes perdedores.

     

    ZOON POLITIKON

    Los corifeos de la anti política niegan y ocultan el valor de lo político. Así, condenan al olvido a Germán Abdala, dirigente sindical y político que representó con lucidez al zoon politikon moderno. El periodista y economista Eduardo Dellatorre recordó en una nota que se publicó en 1993 en Página 12, la entrevista que le hicieron a Abdala en el programa Tiempo Nuevo, Bernardo Neustadt y Mariano Grondona, dos exégetas del libre mercado y a favor de la abolición del Estado. Dellatorre rememoró que Neustadt, casi rendido ante la elocuencia y contundencia de los argumentos de Abdala, pretendió interrumpirlo –“Abdala, Abdala, ¡Abdala! Usted vino como sindicalista y se me ha puesto en intelectual y filósofo. Doña Rosa está diciendo en este momento, ¿pero éste me representa a mí?”. La respuesta fue: “Claro que sí, tampoco hay que subestimar. Los trabajadores no necesitamos estar siempre en mameluco y pidiendo por un salario. Los trabajadores pensamos también en el país que tenemos; los sectores populares también tenemos un planteo, una propuesta que hacer. No está solo el discurso de un sector dominante”. Hay que recordar y acudir a Abdala para poder sortear los tiempos de crisis sin desfallecer o perder el camino. Así, cuando se pida por la disminución del “gasto” político, hay que pensar a quién se le está haciendo el juego. Las clases populares sólo tienen lo político como herramienta de transformación de la realidad. Las clases dominantes el poder, las armas y los medios.

     

     

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