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miércoles, mayo 27, 2020
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    A la escuela, a buscar la comida

    En la provincia son alrededor de 500 comedores escolares los que entregan 15.000 raciones diarias a los chicos en medio de la cuarentena. EL DIARIO estuvo en Barrio Mosconi.

    Fabián Reato / [email protected]

    Una larga cola se forma al mediodía frente a la Escuela 208 Juan Carlos Esparza, en el corazón del barrio Mosconi. Son madres, padres, abuelas, con tápers, ollas, fuentes. Se alinean tratando de conservar la distancia recomendada por los médicos y a la vez eludir el sol caprichoso. La escuela, un ámbito que durante las crisis de todo tipo ha sido el centro de contención y asistencia, se encuentra cerrada para el dictado de clases. Las aulas y los patios están vacíos pero un acceso permanece abierto para dejar entrar, de a uno, a los que esperan por su comida diaria.

    Es que la cocina que todos los días da de comer a cientos de chicos permanece activa aunque el comedor con largos tablones sobre caballetes esté vacío. Durante el período de cuarentena obligatoria, el personal continúa cocinando el almuerzo que es distribuido en alrededor de 250 raciones.

    La indicación es clara: debe ir a retirar la comida algún adulto, familiar directo de los alumnos. Pero en la cola se ven algunos chicos, esperando abrazados a sus recipientes vacíos.

    —Pasá. Pero decile a tu mamá que tiene que venir ella —le recuerda una docente a la entrada. La maestra sabe que la comida se debe entregar a gente mayor, a un padre o tutor, ¿pero cómo se le dice que no a un niño que busca comida?— Se vino desde lejos, no lo voy a hacer volver con este sol.

    —Mi mamá se quedó con mi hermanita —se disculpa el pequeño.

    Tarea

    Una joven madre aguarda su turno para el ingreso. Son tres sus hijos que asisten a la escuela, dos a la primaria y el otro al preescolar. La maestra, atenta a todo, conocedora de la realidad de cada uno, le recuerda que sus chicos no han participado de las tareas y de las clases virtuales que distribuyen los docentes.

    —Es que no tengo celular —se justifica. Baja la mirada y, tal vez, espera alguna reprimenda o sanción por el incumplimiento. Pero la maestra no está para eso. Acorazada con la pechera blanca que lleva su nombre bordado con hilo azul sabe que ésta es otra batalla, una de las tantas que libran día a día. Le dice que no importa, que luego pase a retirar la tarea impresa para cada uno de los nenes.

    El material didáctico se distribuye a través de grupos de Whatsapp. Además de la información necesaria para la clase virtual reciben una serie de tareas y consignas de trabajo relacionadas con el tema.

    —La mayoría tiene teléfono celular y el que no tiene se lo pide a algún vecino o a un pariente. Pero la mayoría está trabajando y respondiendo a las tareas —comenta la maestra.

    El problema es que en algunas zonas del barrio no consiguen conexión de Internet porque viven en lugares bajos y no llega la señal o se corta. También están los que no cuentan con datos móviles y mucho menos wifi. En esos casos, las maestras imprimen los trabajos para dárselos en papel a quienes lo necesiten.

     

    En la cocina

    En la cocina, se trabaja sin descanso. Aunque el horario habitual arranca a las 10 las empleadas están viniendo más temprano para llegar a tiempo. Ahí todo es de gran tamaño: las fuentes, las ollas, los cucharones, al igual que el empeño y la fortaleza. Ellas van y vienen sin descanso, llenando los recipientes, entre los vahos prometedores. Hoy les toca ñoquis con salsa y una caja de leche líquida que se entrega día por medio.

    Las raciones se reparten según la cantidad de chicos que comen en cada casa pero no falta la yapa para que pueda ser compartida, en algunos casos, con alguien que lo esté necesitando. La comida no se le niega a nadie, se sabe.

    En el barrio hay otros centros de asistencia, comedores comunitarios o el de Suma de Voluntades. Pero la ayuda siempre es poca cuando la necesidad es grande.

    —En el centro comunitario nos dieron unos bolsones de mercadería —comenta una madre— Pero hay gente que no tiene gas y no puede cocinar, o le falta alguna olla. No todos tienen esas cosas.

    (La casa sin mesa servida, sin los platos y cucharas, sin el mínimo cacharro donde se pueda hervir arroz o fideos. La imagen del hambre).

    Encierro

    El barrio está quieto pero quizás sea más por la casi siesta que por la cuarentena. Algunos en el amparo de un árbol fresquean en la vereda. Otros regresan o esperan el colectivo en la esquina.

    —Hay gente que anda como si nada, que se juntan en la plaza o en las casas. Los chicos se lo toman como unas vacaciones —dice una mamá.

    Desde afuera, las casitas bajas se ven apretadas, escasas de espacio, agobiantes como para soportar el encierro.

    —Ya va a pasar —se consuela.

     

    Hay más de 500 comedores escolares

    El Gobierno Provincial dispuso que pese a la suspensión de clases debido al aislamiento social dispuesto por el Gobierno Nacional los comedores escolares debían continuar trabajando para garantizar la comida diaria de los niños entrerrianos.

    «Desde el Ministerio continuamos trabajando en el fortalecimiento de las políticas alimentarias a través de los comedores escolares, que hoy son más de 500 en la provincia en donde se entregan viandas a madres, padres o tutores», expresó en declaraciones a la prensa la ministra de Desarrollo Social Marisa Paira, quien también agradeció a los cocineros, cocineras, y al personal de las escuelas que están acompañando y sosteniendo la entrega de la comida.

    La funcionaria comentó que desde la cartera continúan trabajando con las organizaciones y movimiento sociales, con los comedores comunitarios y municipales, “reforzando con otros sector de la población que no es el que llega a los comedores escolares”.

    También Martín Muller, titular del Consejo General de Educación (CGE) precisó que la semana pasada se acreditó una partida extraordinaria para limpieza e higiene de las escuelas: “Ya cuentan con ese fondo en las Direcciones Departamentales de Escuelas y se está distribuyendo teniendo en cuenta los feriados bancarios, pero la mayoría de los establecimientos ya lo han recibido”.

    Por otro lado, Muller adelantó: “Tenemos un plan de trabajo para todo el mes de abril, independiente del desarrollo de este periodo de aislamiento, la idea nuestra es prevenir”.

    En otro orden, respecto a las viandas que se distribuyen en los comedores escolares, Müller precisó que “según datos del Ministerio de Desarrollo Social tenemos alrededor de 15.000 chicos que están concurriendo a nuestros comedores escolares a retirar su vianda. La semana pasada se hizo también un refuerzo de leche, chocolate y azúcar para el fin de semana largo, así que eso incrementó un poco, pero ese es el número final al día viernes”.

     

     

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