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miércoles, mayo 27, 2020
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    Imágenes y testimonios de una ciudad quieta por la cuarentena

    En cumplimiento con el decreto presidencial, Paraná se ha detenido. Aunque todavía se ve gente que sale de sus casas sin tener una necesidad importante. “Hay gente que viene a comprar tintura para el pelo”, dicen en una farmacia.

    Redacción El Diario / [email protected]

    “Todavía hay gente que no ha tomado conciencia y sigue caminando por la calle como si nada y sin tener necesidad. Pero la gran mayoría ya entendió”, le dice a EL DIARIO Pablo, un agente de Policía que cumple con su guardia en una esquina céntrica. La peatonal sube vacía hacia la plaza y hay un gran silencio, inmóvil.

    Aunque con ritmo de un día feriado, algunos coches y motos circulan por las arterias céntricas durante el séptimo día de la cuarentena que afecta a todo el país por la pandemia de coronavirus.

    Según informó la ministra de Gobierno de Entre Ríos, Rosario Romero los operativos de control han resultado exitosos y se continúa informando a los automovilistas y transeúntes sobre la obligatoriedad del aislamiento y la cuarentena dispuesta por el Gobierno Nacional. Ya han sido procesadas por violar a esa disposición 264 personas en toda la provincia, 2.573 han sido notificadas con advertencias de que deben cumplir con la orden de permanecer en el domicilio y 1.581 han sido notificados por la cuarentena.

    También, se controlan todos los accesos a las provincias, como el Túnel Subfluvial, el puente Victoria-Rosario y el Zárate-Brazo Largo.

    Desde la medianoche, todas las fronteras de Argentina se encuentran cerradas.

    “Si no entra por la razón, va a entrar por la fuerza”, dijo el presidente Alberto Fernández aludiendo al lema del Escudo Nacional de Chile.

    Son pocos los comercios habilitados a abrir sus puertas y a atender con las medidas de prevención correspondientes. Ventas de comestibles, farmacias, estaciones de servicios reciben clientes con la cautela de un tope de cantidad de gente en el local y guardando la distancia correspondiente.

    En una esquina, la amplia playa de una estación de servicios está desértica. Las islas de surtidores no tienen autos cargando combustible.

    “Hubo mucho movimiento la semana pasada. Esta semana viene gente pero carga poco”, comenta Elisa, la supervisora del lugar.

    El drugstore permanece abierto pero los clientes no pueden sentarse a disfrutar de un desayuno o una infusión al paso, como en otras épocas no tan lejanas pero más normales. Está lo posibilidad de comprar un café o un té y llevarlo a la casa.

    “Viene gente al kiosco a comprar cigarrillos, más que nada, o alguna otra cosa. Pero en la calle se sigue viendo gente, sobre todo gente grande y eso me enoja mucho”, remarca Elisa y señala a una señora que camina por la vereda, con paso cansino.

    “Si no es necesario, lo recomendable es que no salgan, que se queden en sus casas”, insiste. Ella viaja desde su casa a su lugar de trabajo todos los días, en moto porque las estaciones de servicios están entre los rubros exceptuados del cierre generalizado ya que se trata de una actividad indispensable para la sociedad.

    “Tengo un permiso de tránsito por mi trabajo”, aclara y remarca que al volver a su hogar debe tomar, cada vez, las medidas de prevención de higienizarse debidamente para evitar la propagación del virus.

    “Vamos a cerrar”

    En otro lugar del centro también permanece abierta una panadería. En tiempos  sin aislamiento social (hace apenas una semana) esa zona era un paso frecuente y obligado de miles de paranaenses. Ahora, el local está vacío y desolado.

    El dueño del negocio, Matías, está desesperado. La falta de ventas lo ha afectado notablemente y no sabe cómo hará para enfrentar los gastos fijos y todas sus obligaciones.

    “Estamos pensando en cerrar porque no podemos sostener el negocio”, afirmó.

    “Antes teníamos clientes fijos de oficinas públicas, de otros negocios de la zona o gente que pasaba por acá. Ahora no entra nadie. Las ventas bajaron por lo menos un 50 % y yo a fin de mes tengo que pagar el alquiler”, lamentó.

    “Los proveedores pasan una vez por semana y cobran en efectivo, porque los bancos no funcionan. ¿Cómo vamos a hacer para pagarles?”, se preguntó.

    Aunque se han anunciado medidas como las de prorrogar el vencimiento de obligaciones fiscales, Matías hizo notar que esas deudas se van acumulando y hay que pagarlas en algún momento.

    “Estamos pensando en cerrar”, reitera y luego cuenta su situación familiar: está casado y un hijo viene en camino.

    “Ésta es la única fuente de ingreso que tengo”, señala finalmente.

     

    Farmacia

    En el Hospital de la Baxada se continúa con los trabajos para tener habilitado ese lugar cuando lleguen los momentos más críticos de la pandemia. En los próximos días se habilitará un sector para la atención con 20 unidades de atención crítica con respiración mecánica que se sumarán al plan operativo que está proyectando el gobierno provincial en forma conjunta con el sector privado para toda la provincia. También se pondrá en funcionamiento un sector de aislamiento social para aquellas personas que estén asintomática y que no cuenten en sus domicilios las condiciones necesarias para hacerlo.

    En frente, una farmacia continúa con su atención cotidiana a los vecinos del barrio.

    “La gente sigue viniendo a comprar. En el local tomamos todas las medidas de precaución en cuanto a la cantidad de personas que pueden entrar y la distancia correspondiente”, aclara Lorena, una de las empleadas.

    A las cotidianas ventas de medicamentos recetados se les suman otras que, en este contexto, parecen no tan urgentes.

    “Vienen a buscar alcohol en gel pero por ahora está agotado el stock. Esperamos que llegue en los próximos días. Pero también están los que compran otras cosas como tinturas para el pelo, por ejemplo”, comenta.

    “Como somos una farmacia de barrio conocemos a la mayoría de los clientes. Entonces, en esos casos les recomendamos, sobre todo a las personas mayores, que no salgan si no es necesario y se queden en casa”, señala después.

    Puerto Sánchez

    En toda la zona del Parque Urquiza ya no hay paseantes. La ancha costanera enmarcada por el río está vacía. Apenas algún patrullero en su recorrido o algún solitario motociclista transita por allí. La imagen es inédita para una ciudad que allí suele tener su mayor punto de encuentro ciudadano.

    Más allá, el Balneario Thompson está clausurado, al igual que la zona de parrillas y mesas bajo los árboles.

    En el barrio Puerto Sánchez, la quietud es casi total. Permanecen los puestos de pescados aunque casi sin clientes.

    “No viene nadie. Desde que se cerró el Thompson y se puso la cuarentena no vienen a comprar”, remarca Marcelo Lemos, de una pescadería tradicional que  trabaja allí desde hace años. Muestra algunos filetes cortados sobre el mostrador y otras piezas que cuelgan en los ganchos, en una espera que seguramente será muy larga. Lo mismo sucede en los comedores vacíos que bordean la callecita que va paralela al río. Las casas sobre los pilotes permanecen cerradas y alguno que otro se asoma desde una ventana.

    La cuarentena continúa.

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