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martes, mayo 26, 2020
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    El singular oficio de preservar la primera versión de la historia

    Todos los días, investigadores, interesados y curiosos se acercan al Archivo General de la Provincia para recorrer las páginas de EL DIARIO, encargado de contar nuestra historia desde 1914. En la nota, personal de la repartición oficial recorre una serie de estaciones de trabajo vitales para que el propósito de que el material esté disponible sea posible.

     

    REDACCIÓN EL DIARIO

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    En general, uno piensa que las instituciones referidas a la historia son propias del pasado, pero el uso que hacen los ciudadanos comunes y los especialistas rompe con ese preconcepto. De hecho, todos los días el Archivo General de la Provincia (Alameda de la Federación 222) recibe las inquietudes más variadas de personas que necesitan corroborar un dato histórico, contextualizar un acontecimiento, o simplemente chequear un dato que no tiene ninguna otra trascendencia salvo el interés personal de quien formula la consulta.

    Entre las tantas líneas de trabajo abiertas, en el Archivo se restaura y se ordena una enorme cantidad de publicaciones periodísticas; entre ellas, la de EL DIARIO de Paraná que se alimenta de la realidad de la ciudad, la provincia, el país y el mundo desde 1914.

    Para brindar precisiones sobre el comodato, visitaron la redacción de EL DIARIO el titular del Archivo, Germán Capdevilla, y el historiador a cargo Mariano Rinaldi.

    “¿Cómo fue el procedimiento?”, preguntó EL DIARIO. “Hemos dividido la colección en dos etapas: desde 1915 hasta 1980, y desde el 80 a 2010, que es la fecha en que la empresa dejó de encuadernar los ejemplares”, indicaron los entrevistados, antes de precisar que “hasta el momento se han llevado al Archivo más de 500 tomos”. Para hacernos una idea del volumen de los libros, cada tomo está compuesto por 30 ediciones diarias, una por cada día.

    “En un primer momento, la tarea consistió en reunirse con los duplicados, indexarlos, acomodarlos en estanterías, y buscarle un sitio apto”, señalaron, para luego añadir que “en el Archivo hay un lugar hermoso con una luz muy buena, y cuenta con el espacio físico y las condiciones técnicas para estar a disposición de manera organizada”.

    Fue entonces cuando evaluaron que, al estar los ejemplares a disposición del público, “las consultas han aumentado de manera considerable”. En esa línea precisaron que “no hay un día en que no vaya alguna persona a consultar las ediciones de EL DIARIO”, por lo que consideraron que tener los ejemplares a disposición “era una necesidad de la sociedad” y que “contar con la colección completa día por día ha facilitado mucho más las consulta”.

     

    –¿A qué creen que se debe el incremento de las consultas?

    –La demanda responde a dos cuestiones fundamentales: por un lado, que la gente se ha apropiado del Archivo como un sitio posible para sus consultas, sin que estas tengan que ser académicas ni motorizadas por un interrogante de investigación. Y por otro, que desde un tiempo a esta parte ha habido una profesionalización científica desde las ciencias sociales, gracias a que hace unos años el Conicet impulsó una serie de becas que hicieron que los investigadores, comunicadores sociales, sociólogos, politólogos, tuvieran que tomar como materia prima los documentos. En ese sentido, EL DIARIO como empresa responde a esta demanda a través del comodato, y se vuelve vital porque en los edificios de los diarios ya no se puede acceder a consultar sus tomos porque no hay gente especializada en las empresas que se encarguen de eso como sucedía antes. Entonces, nuclear la información en un solo sitio es provechoso tanto para los investigadores como para los vecinos, lo que deriva también en un espacio de sociabilización.

     

    –Evitar que los archivos no se vean afectados por el paso del tiempo no es una tarea sencilla…

    – Sí, en este caso la conservación es compleja por el tamaño, la calidad, y la acidez que tiene el papel, por eso no descartamos que la digitalización también sea una etapa a concretar, sobre todo para aquellos ejemplares de la colección más antigua, para evitar que se siga degradando el papel. De los tomos anteriores a la década del 40 no hay duplicados; por lo que esos libros en particular habría que digitalizarlos, para que sean de libre acceso y al mismo tiempo puedan conservarse. Digitalizarlo sería asegurar el futuro de ese material. En buenas condiciones estos documentos pueden durar cien años más tranquilamente.

     

    –Hay ciertos recaudos cuando se consulta un documento. ¿Los pueden repasar?

    –Sí, tanto para el caso de estos diarios en particular y todos en general , las medidas a tener en cuenta son el uso de guantes, barbijo, y no utilizar biromes cuando se consulta un archivo, porque en la mayoría de los casos hay pocas copias y se trata de documentos que no están digitalizados. En el caso de un diario en particular, no leerlo como si fuera del día, hay que tratarlo con sumo cuidado. No se puede fotocopiar, aunque sí está permitido sacar fotos digitales.

     

    –¿Cuál es el valor de conservar los documentos?

    –Es crucial, por ejemplo para poder analizar un país como el nuestro en donde los contextos son tan variables; toparse con estos archivos ayuda a entender los procesos históricos desde otra mirada que no sea el presente. De hecho, gracias a estos documentos hoy se ha cambiado la visión del pasado en distintas áreas como la memoria y los derechos humanos: es decir, los archivos originales que son propios de otra época, echan luz sobre la actualidad, y ayuda a comprenderla y proyectarla. Para los historiadores, el documento cumple un rol fundamental a la hora de hacer un diálogo entre el presente y el pasado.

     

    Para los entrevistados, el comodato celebrado entre el Archivo y EL DIARIO encierra un alto valor social. FOTO: Marcelo Miño.

     

    Un sitio de puertas abiertas

    Un documento abstraído pierde su riqueza. Cuando la comunidad se lo apropia, en cambio, se promueve el conocimiento, preservan nuestra memoria y el patrimonio histórico, mientras se vuelven una referencia tanto para estudiosos, como de consultas modestas de gente que necesita saber sobre un año, un aniversario, o un hecho local, o nacional. Es lo que sucede con el archivo de EL DIARIO, que se encuentra a disposición para todo público en el Archivo General de la Provincia de Entre Ríos.

    “El Archivo, en términos identitarios, es imprescindible y fundamental, porque es el único registro que hay de nuestro pasado”, reflexionó Capdevilla, para luego indicar que “son innumerables las historias de gente que busca información”, como el caso de una señora que es trilliza y nació en el año 33, y como fue un hecho atípico fue publicado en EL DIARIO. “Como sus dos hermanas fallecieron, esta mujer quería volver a tener el artículo, y estaba muy agradecida por haber podido acceder a una foto que fuera publicada por El Diario”, relató el entrevistado.

    La entrevista avanza y suceden las evocaciones. “También hay muchos visitantes que buscan información sobre el Jockey Club, o algún club como Patronato, y sobre la historia de las escuelas primarias de la provincia”, indicaron, antes de decir que, como se ve “el material del archivo no sólo tiene valor para investigadores sino para personas comunes y corrientes que buscan algo de su interés”.

    Por consultas, los interesados pueden contactarse al 0343 421-107, o enviar un mal a [email protected] y también pueden encontrarlo en Instagram y Facebook.

     

    Alianzas

    Desde hace unos años, el Archivo viene realizando actividades con distintas instituciones, como las universidades. Para Capdevilla, estos vínculos son valiosos para el funcionamiento del museo de documentos impresos, que tiene las puertas abiertas a la comunidad.

    La entrevista sirvió para repasar una serie de proyectos que están en marcha. “La Uader tiene un equipo de investigación a través de la licenciatura en historia, y con la Facultad de Ciencias de la Educación tenemos un contrato de pasantías; ya hemos recibido a seis pasantes que han ido mejorando notablemente la comunicación en las redes, y contamos con micros radiales que hizo una estudiante. Además, también la historia del Poder Judicial se hizo en el Archivo”.

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