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lunes, marzo 30, 2020
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    Luis Gorelik y la Orquesta Sinfónica: diez años de un vínculo que se consolida

    A una década de haber sido puesto en funciones al frente de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos (OSER), el director artístico del organismo considera que se ha avanzado tanto en la relación con el público como en ponerlo en la consideración nacional. “Hoy –asegura- la sinfónica está considerada entre las tres o cuatro mejores orquestas del país”. Y señala: “Me gustaría que algún día, la Sinfónica de Entre Ríos esté formada en su mayoría por músicos entrerrianos emergentes de programas de formación locales”.

     

    CARLOS MARIN /cmarin@eldiario.com.ar

     

    En principio, una década puede tomarse como un plazo razonable para considerar, con alguna perspectiva, lo hecho y lo actuado. Diez años es el período en el cual Luis Gorelik ha estado al frente de la Orquesta Sinfónica de Entre Rïos (OSER), como director artístico. En marzo de 2010, asumía su cargo en un momento en que el organismo atravesaba dificultades de diversa índole, desde logísticos a gremiales. Era el Año del Bicentenario. El país era otro, el mundo también. No parecía fácil tomar el toro por las astas. Pero Gorelik lo hizo. Asumió el desafío y hoy la realidad señala que aquel momento difícil quedó atrás. Del camino recorrido quedan como hitos la grabación de un CD con composiciones de autores argentinos, premios de primer orden a nivel nacional y reconocimientos varios.

    Entrevistado por EL DIARIO, el director de la OSER trazó un recorrido por algunos puntos relativos a su función y la del organismo que dirige.

    Aún recuerda su primera sensación cuando lo convocaron para que fuese director de la OSER. “Fue una gran sorpresa-admite-. Y luego una profunda alegría y mucha emoción. Venía de casi 20 años de estar viviendo y trabajando fuera de mi país, y luego de tres temporadas al frente de la Orquesta Sinfónica de Salta, que por aquellos años era muy buena. El llamado del Gobernador -mandato cumplido- Sergio Urribarri fue para mí una oportunidad de poder centrar mi energía laboral en la provincia en la cual están mis raíces familiares. Además, conocía muy bien a Reynaldo Zemba, quien fue uno de mis referentes al momento de iniciarme en el camino de la dirección de orquestal.

    Al llegar a Paraná reconoce que la OSER atravesaba “un momento muy difícil. La orquesta estaba paralizada por falta de cargos y por varios años de descuido institucional. Además, la salud del Mtro. Zemba estaba  bastante deteriorada, lamentablemente, y la única voz que se hacía oír era la de los propios músicos, sus delegadas gremiales  y algunos apoyos que se iban logrando en la comunidad. En ese sentido, Urribarri fue muy sincero y pragmático: desde el primer día se interesó por las medidas a tomar. Y luego, entre 2010 y 2011, con la ayuda de su equipo y especialmente del Vicegobernador -mandato cumplido- José Lauritto y del entonces Ministro de Gobierno Adan Bahl, se tomaron una a una, hasta donde la coyuntura de aquel momento lo permitió. Lo más urgente era, sin duda, la recomposición del nexo entre la Sinfónica y su público y mucho más que eso, la apertura hacia nuevos públicos. Luego, por supuesto, la puesta en valor artística e institucional, que se fue logrando en buena medida gracias a la sanción de la Ley 1088 y el posterior llamado a concurso para cubrir la primera tanda de cargos vacantes”.

     

    LOGROS COLECTIVOS

    -Al asumir sus funciones, en marzo de 2010, decía: “Espero estar siempre a la altura de las circunstancias y hacer un aporte realmente efectivo en el engrandecimiento de esta institución”. Y destacaba que lo más importante para su gestión sería que la Orquesta llegue a todos los rincones de la provincia. “Este es un organismo público y por lo tanto se debe a su comunidad a lo largo y ancho del territorio entrerriano”, señalaba entonces. A diez años de aquel momento, ¿considera que lo logró? ¿En qué medida?

    -Sí. Pero, no lo siento como un logro individual. Para que la orquesta funcione como lo está haciendo ahora, siendo considerada una de las tres o cuatro mejores de nuestro país, son necesarias muchas voluntades y el esfuerzo de mucha gente.  En primer lugar es necesario un fuerte compromiso institucional, pero también de todos quienes forman parte tanto de su plantilla artística como técnica y administrativa. Una orquesta es un organismo de mucha complejidad y altísima especialización y por lo tanto no depende de la capacidad de su director ni del virtuosismo de sus integrantes. Ambas cualidades son necesarias. Pero si no se logra una correcta sincronía y un método de trabajo adecuado, no funciona. En este caso, me siento un privilegiado de poder compartir hace ya una década con los excelentes músicos que conforman la Sinfónica y poder sentir que año a año lo vamos haciendo cada vez mejor. Eso es algo que no tiene precio en un país en el cual se valora cada vez menos la planificación a largo plazo.

    -De lo hecho ¿Qué fue lo que más lo satisfizo, un momento culminante en estos diez años?

    -Hubo muchos… Podría mencionar la recepción de los premios Konex, Gardel, Distinción Domingo F. Sarmiento del Senado de la Nación, pero esos son hitos. La realidad y lo que más se destaca está en lo cotidiano. En la emoción de la gente que comparte con nosotros nuestras temporadas tanto en Paraná como en diferentes locaciones de la provincia, en la curiosidad y el interés que nuestra actividad va estimulando en las nuevas generaciones, en el maravilloso vértigo que pude vivir en cada salida al escenario junto a mis músicos y a artistas invitados tan destacados como Martha Argerich, Boris Gilttburg, Eduardo Isaac, Bruno Gelber y muchísimos más.

     

    TEMAS PENDIENTES

    -Hay temas que son históricos y recurrentes en la vida institucional de la OSER. Durante los últimos años se avanzó en resolver cuestiones de larga data. Por ejemplo concursos y la adquisición de una cámara acústica, por mencionar sólo dos. En ese sentido: ¿En qué estado se encuentra la planificación para completar la planta con cargos genuinos, aprobados por Ley?

    -Estamos en una etapa intermedia. Aún quedan por cubrir varios cargos y esperamos que se pueda realizar pronto el concurso respectivo. Sé que desde la actual Secretaría de Cultura se han tomado medidas al respecto y eso me parece muy positivo.

    -¿Y la relación con los gremios? Cuando asumió también la situación era complicada por la orgánica, los concursos y el régimen de trabajo, entre otros temas.

    -Esto no es un problema específico de los gremios sino de todos los trabajadores del colectivo orquestal, agremiados o no. Los gremios han presentado sus propuestas al Gobierno oportunamente. Y más allá de algunas pequeñas diferencias que en mi caso puedo tener con algunos puntos, creo que es importantísimo que la orquesta consiga la llamada “Ley de Grados”. Esto traería un escalafonamiento singular para la actividad orquestal, ya que reconocería la especificidad de la tarea del músico de orquesta, que no tiene nada parecido en la administración pública y permitiría una mayor jerarquización de la actividad, lo que obviamente abriría la puerta para que en futuros concursos podamos atraer músicos de la calidad que nuestra orquesta requiere. Asimismo, quedan pendientes varios llamados a concurso para cubrir con estabilidad los cargos que aún no se cubrieron en convocatorias anteriores.   Ambos temas son, en mi opinión, de urgente resolución. La proyección a futuro de un organismo cultural tan importante como la OSER requiere de decisiones estratégicas muy bien pensadas, especialmente en momentos de crisis como el que está viviendo nuestro país.

    -¿Considera factible que la OSER pueda contar alguna vez con su sede propia?

    -Este punto, lamentablemente, no se ha concretado, a pesar de haberse presentado un proyecto excelente del ingeniero Gustavo Basso (responsable del diseño acústico del Centro Cultural Kirchner y de la Usina del Arte en BsAs, además de la remodelación del Teatro Colón) para que la sala de convenciones de La Vieja Usina sea sala de ensayos y conciertos, lo cual se lograría con pequeños ajustes acústicos no invasivos en la estructura del edificio y a muy bajo costo.  Esto, lamentablemente, ha quedado relegado por el momento.

     

    El director de la OSER, en una imagen reciente, tomada durante un ensayo en Belgrado (Serbia).

     

    PERSPECTIVAS

    -Señalaba que en lo artístico se trabajó sobre la puesta en valor de la OSER, a partir de retomar el vínculo con el público, y también con una idea definida de la programación en cuanto a autores y repertorio. ¿Se siente conforme? ¿Qué ha previsto en este sentido para el futuro?

    -Me gustaría lograr un sistema de trabajo que se adapte a las necesidades de nuestro tiempo y más volcado hacia lo pedagógico en el sentido de que la orquesta pueda funcionar como plataforma de formación y difusión, y no solo dar conciertos en vivo.  En una provincia que cuenta con decenas de miles de alumnos escolarizados en el sistema público es impensable para mi modo de ver que un organismo como la Sinfónica no tenga llegada a todos ellos a través de plataformas digitales didácticas bien pensadas y de difusión masiva.  En algún momento se había pensado en el tema, pero siempre las urgencias del caso lo han ido relegando. También soy bastante ambicioso en cuanto a los contenidos. Si bien mi formación es lo que se denomina “clásica”, he crecido mucho como profesional de la música al tener la oportunidad de acompañar a enormes músicos de otros terrenos como Egberto Gismonti, Hugo Fattorusso, Yamandú Costa, Lito Vitale, Rolando Goldman, Chango Spasiuk, Daniel Bineli, Horacio Romo,  Nahuel Pennisi, Pedro Aznar y muchos más. Esta vía, la del cruzamiento estilístico, es la que creo hay que explorar seriamente desde los organismos oficiales. Es cierto que la Sinfónica ha crecido muchísimo a través de la ampliación de su repertorio hacia compositores que aquí eran casi desconocidos, como Mahler, Strauss y otros, pero es impensable que un organismo público insista durante 70 años en tocar una y otra vez las mismas 70 obras…    Esta problemática es generalizada y ocurre en casi todas las orquestas del país y del mundo. Aquellas que pueden visualizar el problema se dan cuenta que de no haber un cambio significativo de perspectiva en un par de décadas más nuestra actividad será una especie de museo viviente. No quiero eso y trato en la medida de nuestras posibilidades de abrir nuevos espacios a través de nuevas propuestas estéticas como por ejemplo, los ciclos de Jazz y Música Contemporánea que estamos realizando junto con el Instituto Provincial del Seguro (IAPSER), el cual se ha transformado en los últimos tres años en un generador importantísimo de contenidos culturales, la proyección en vivo de cine musicalizado, que congregó a miles de espectadores en Paraná, los conciertos de candombe, jazz, folklore, etc.

    -Como director artístico de la OSER, pensando en una próxima etapa ¿qué desafíos se plantean en lo orquestal? ¿Y en lo personal?

    -Empiezo por lo personal. Me gustaría permanecer más tiempo en Paraná y en la región y estoy enfocado en ello. En esta etapa de mi vida ha ido tomando cada vez más relevancia el aspecto pedagógico y estamos realizando por tercer año consecutivo una pasantía de perfeccionamiento para directores de orquesta junto al Programa de Cultura del Consejo Federal de Inversiones. Esta pasantía selecciona seis participantes entre unos cien postulantes de todo el país y a lo largo del año estos jóvenes directores tienen la oportunidad de realizar ensayos y conciertos bajo mí guía junto a la Sinfónica, a lo cual se le ha sumado este año la participación de las orquestas de San Juan, Mar del Plata, Tucumán y Córdoba. Es un proyecto muy ambicioso destinado a la formación de nuevos líderes en la actividad, pero por sobre todo a repensar nuestra profesión en relación al cambio de paradigma que nuestro país nos demanda.  Fuera de ello, me gustaría que se vayan generando las condiciones para el afianzamiento de las orquestas escuela y la formación inclusiva y de excelencia de jóvenes músicos de toda la provincia. En ese aspecto, lamentablemente, no se ha hecho aún lo necesario para generar las condiciones que un plan vasto y de tal naturaleza requeriría. Me gustaría que algún día, la Sinfónica de Entre Ríos esté formada en su mayoría por músicos entrerrianos emergentes de programas de formación locales. Esto es una inversión a largo plazo y hasta ahora no se ha encontrado la voluntad de llevarla a cabo en la dimensión deseada, pero no pierdo las esperanzas. Fuera de ello, me gustaría también que se encontrara un poco más de confluencia y contacto entre los músicos de nuestra orquesta y los músicos populares de la provincia, que son muchos y muy buenos. Cada año que pasa me voy convenciendo más de que la música popular contiene una agitación creativa que me interpela dese su audacia, inconformismo y cuestionamiento. Creo que ambas corrientes deberían encontrarse para enriquecerse mutuamente y generar nuevos contenidos.

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