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domingo, septiembre 20, 2020
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    Cuando la pandemia nos cierra las puertas del regreso a casa

     

    Tres viajeros a quienes la pandemia del coronavirus los tomó en el momento de regresar cuentan a EL DIARIO, en primera persona, lo que sintieron, lo que debieron y deben pasar como extranjeros en países en los que naturalmente existe como prioridad la preservación de la salud de los nativos.

     

    Redacción El Diario / [email protected]

     

    Muchos de los lectores compartirán que no hay mejor lugar en el mundo que nuestra propia casa. Incluso a aquellos a los que les gusta viajar cada tanto los atrapa esta necesidad de regresar al hogar.

    Pero no siempre se puede. Por caso, en contextos de una pandemia como la del COVID-19 son muchos los testimonios de personas que han quedado varados en aeropuertos u hoteles, en cruceros y, si han tenido suerte dentro de la desgracia, en la casa de amigos, colegas o conocidos.

    Son numerosos los testimonios que circulan de personas y, por fuera de todo detalle, nos parece que son experiencias humanas que vale la pena incorporar.

    Para los entrerrianos el nombre Cecilia Pautaso no les es desconocido; ella tiene una notoria participación en la Asociación de Celíacos de Entre Ríos, y por ese motivo tuvo que viajar al exterior al Segundo Congreso de Gastronomía que tuvo lugar en Valencia (Venezuela) del 12 al 14 de marzo, cuando la pandemia ya era un problema en gran parte del mundo. Ya de regreso, en comunicación telefónica con EL DIARIO contó que “en el momento en que tomé el vuelo se hablaba de coronavirus como algo propio de China e Italia, y algún que otro caso empezaba a replicarse en España, parecía que en América Latina no se presentaban dificultades”, antes de decir que, en ese sentido, “no fuimos sometidos a ningún protocolo, solo algún lejano pero llamativo barbijo se vio en Ezeiza”.

     

    –¿Qué pasó cuando estuvieron allá?

    –Una vez en el congreso, nos íbamos enterando de cada vez más casos; yo tenía que volver el 16, intentaron adelantar un día, cuando llegamos al Aeropuerto nos dijeron que el avión de 315 pasajeros no podía salir por las medidas de seguridad, que iba a partir otro mucho más chico para lo cual se establecieron prioridades, como los que tuvieran enfermedad, y adultos mayores. Así que quedamos fuera de esa primera selección. Después del caos, de consultas sobre qué iban a hacer con nosotros nos mandaron a un hotel a que esperáramos dos días. Hasta ahí todo bien, lo tomamos con paciencia pero ya alojados volvimos a vivenciar una situación de angustia de algunas personas porque eligieron solamente a los argentinos y a los que tenían DNI en argentina, los demás no iban a poder viajar, se daban casos difíciles de gente que lloraba que contaba que su hija iba a tener su bebé, y necesitaba de su compañía.

    También vimos en el aeropuerto gente que porque ya se volvía llevaban hasta nebulizadores o al revés que traían de Argentina hasta Venezuela y no se los dejaban ingresar. En fin, se vivieron momentos de inquietud y tristeza para mucha gente. En nuestro caso, viajamos dos argentinos: uno de Tierra del fuego y yo; tuvimos la suerte y la bendición de que se resolviera favorablemente.

    Cuando llegamos a Argentina en Ezeiza fue muy emocionante saber que estaba pisando nuevamente mi país, luego de ir a brindar una función social y humana muy importante como es el hablar de la temática de celiaquía.

     

    Cecilia Pautaso es una paranaense que quedó varada fuera del país por el coronavirus.
    Cecilia Pautaso es una paranaense que quedó varada fuera del país por el coronavirus.

     

    -¿Cambió la visión general cuando llegaron al país?

    –Cuando llegamos a Argentina veíamos vuelos suspendidos, y mientras tanto nos fuimos comunicando con los colegas chef que quedaron varados en Venezuela y se les complica y hasta el día de hoy no han podido regresar. Yo tuve la oportunidad de poder volver.

    En Ezeiza no veíamos tantos controles. Eso no ocurría en Venezuela donde sí o sí tenías que estar con barbijo, no podías salir del hotel. Recuerdo que en una oportunidad me crucé para conseguir bicarbonato para hacer las recomendaciones de gárgaras con bicarbonato y estaba todo cerrado, había mucho respeto en cumplir con la normativa.

     

    –¿Cómo afrontaste toda esa situación?

    –La única manera para poder sentir protección y las defensas altas, en mi caso, fue pensar en positivo; aceptar lo que estamos pasando por lo mismo, tomando las medidas de precaución pero no entrar nunca en el caos porque entiendo que eso es muy perjudicial. Baja mucho las defensas anímicas que contribuye a que somaticemos.

    Cuando llegué a mi casa lo más difícil fueron las expresiones de amor, algo distantes: no hubo abrazos ni besos. Había que manifestar el amor desde otro lugar, así que por eso sigo cumpliendo mi protocolo guiados por el equipo que tiene a su cargo el director del hospital San Martín, Carlos Bantar: han sido clave para guiarme con medidas para cuidarme y cuidar a los míos.

     

    –¿No tuviste síntomas?

    –Gracias a Dios, no. Pero seguiré cumpliendo el protocolo, y regalándome el tiempo que a veces no tengo para mirar hacia adentro y trayendo un poco de paz también al grupo que dirijo que es el de la Asociación de Celíacos que a veces entran en crisis normales, por el hecho de pensar que por ser celíacos puede ocurrirles algo.

     

    VOLVER A CASA

    La condición de extranjeros reúne a los distintos visitantes a los que la pandemia los tomó queriendo regresar a casa. Daniel Balderas es un chef mexicano que también viajó a Valencia a realizar una ponencia en el congreso Bien me sabe 2020. A través de audios de whattsap, expuso que en un primer momento estuvo hospedado junto a otros colegas en un hotel de Valencia, pero que ante la imposibilidad de regresar a su ciudad de origen “la Embajada de México nos movió para Caracas para estar más cerca del aeropuerto”. Ante una consulta de esta Hoja, puntualizó que, al momento de cerrar la edición impresa “tanto en Venezuela como en Caracas está todo cerrado; comercios y espacios públicos están desérticos porque toda la gente tiene que estar resguardada”. En efecto, el entrevistado indicó que en los escasos negocios abiertos el tiempo de permanencia en su interior es mínimo. “Conmigo viajan cinco mejicanos más que están aquí con nosotros en el hotel, estamos esperando que abran el espacio aéreo para poder salir de Venezuela, y estamos un poco apretados porque ya no tenemos tantos recursos económicos para estar pagando hotel de cien dólares todos los días”, señaló al agregar que algo parecido sucede con los alimentos. “En eso está complicada la situación y esperamos que lo más pronto posible se resuelva este desafortunado evento que no estaba previsto”.

    Ante una consulta, respondió que “si bien se sabía algo sobre el coronavirus y estaba muy fuerte en Europa, no imaginamos que en el transcurso de una semana se fueran a cerrar las fronteras en Latinoamérica también”. Fue antes de indicar que “esperamos que se solucione pronto”, que “ya tenemos contacto con la Embajada mexicana” y que “se están haciendo las gestiones para ayudarnos por fin y esperemos que pronto salgamos de aquí”. Balderas contó que “somos seis mexicanos varados en Caracas frente al aeropuerto en un hotel esperando, que el lunes salga nuestro vuelo para allá” y que esperan que  en México la situación “no sea tan grave como aquí”.

     

    HUÉRFANOS

    “Yo soy chef de profesión, soy de origen cubano naturalizado mexicano y junto con mis compañeros nos tocó el cierre de todas las fronteras de Venezuela por el coronavirus”, se presentó Jorge Fernández. “Yo había hecho ya el check-in y después me avisaron que el vuelo había sido cancelado hasta nuevo aviso”, comentó. “Lo más feo de todo (no tiene la culpa nadie, es una contingencia) es que este problema es a nivel internacional y a nivel mundial”, mencionó al añadir que “lo más difícil es encontrarse en un país extraño, que no es el tuyo porque no te sabes mover, y no sabes cuestiones elementales que tienen que ver con la supervivencia, como dónde comprar comida, dónde ir a comer, etc.”. La desinformación y el desborde de datos, no siempre reales, son problemas que profundizan la sensación de orfandad.

     

    -¿Y cómo está el panorama?

    – Nos cerraron los vuelos hasta nuevo aviso y es cuando empezamos toda una travesía de cómo regresar. Creo que a estas crisis debemos enfrentarlas desde el núcleo familiar, aunque a veces la preocupación de los parientes nos enloquece.

    De todas formas, hay cosas positivas: se hacen más que amigos, hermanos. Agradezco muchísimo al pueblo venezolano que nos ha ayudado, nos llevaron tapabocas lavables porque están escaseando y ellos mismos las fabricaron, los alumnos que tomaron nuestras conferencias en el marco del Congreso. Además, nos trajeron hasta Caracas porque aquí tenemos más posibilidades de tomar algún vuelo humanitario. La gente es la que más nos ha apoyado. En estos casos se ve al humano en su máxima expresión, esa esencia que quizás perdemos con el día a día. Eso es lo bueno de esta situación.

     

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