“Chesche”, noble acuarela sobre la condición humana

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En “Chesche”, Mario Paoletti hace gala de sus condiciones de narrador y de hombre de ideas.

De recomendable lectura, un libro de memorias, con el Golpe del 76 como gran organizador, permite bucear en la complejidad de la naturaleza humana, tanto en épocas de épica como cuando aturde la desesperación. El que pinta la aldea con éxito es Mario Paoletti, uno de los nombres clave en la etapa más rica del diario El Independiente. “Chesche”, tituló la obra.

Víctor Fleitas | [email protected]

Si para el lector corriente se trata de una posibilidad cierta de renovar el placer de reencontrarse con fascinantes muestras de habilidad narrativa y eficacia comunicativa, recorrer las 250 páginas de “Chesche” para quien además exhiba inquietudes en historia argentina, psicología, política, literatura y/o periodismo representa una sosegada celebración que se disfruta a grandes y pequeños sorbos; que hace avanzarla lectura al trote hasta sentir que el pecho explota o deja al lector detenido en una línea o relato; y le permite ir de una situación específica a las islas múltiples con las que ella conecta.

El autor de “Chesche” es Mario Paoletti, notable escritor argentino radicado en España, donde hizo florecer una obra múltiple. Si durante la residencia argentina su nombre ha estado asociado sobre todo al periodismo por su participación en la experiencia del diario El Independiente, entre 1959 y 1976, en el exilio halló una fórmula de producción con presencia casi absoluta del componente literario, como poeta, narrador y ensayista.

“Chesche” (Recuerdos de provincia) es producto de un ejercicio de construcción de memorias, en tiempos en que el tic del olvido se ha vuelto un entretenimiento más.

Vale la pena detenerse en algunas operaciones de sentido. Al inscribirlo en las disputas por lo pasado, Paoletti convierte una serie de evocaciones personales en excusas para pensar con otros la Argentina –especialmente la de la segunda mitad del siglo XX– pero también para observar en sus notas dominantes a la naturaleza humana, lo que da a los relatos una trascendencia que lo rescata del almácigo del aquí y ahora y lo proyecta. Los personajes, las locaciones y los contextos son reales, están anclados a la vida del narrador, a su mundo; pero el vuelo y la técnica literaria los universaliza.

 

EL REVÉS DE LA TRAMA.

Paoletti organizó “Chesche” sobre cuatro ejes que, primigeniamente, parecen responder a coordenadas temporales. Pero mientras el lector se interna en la maraña de sucesos advierte en la prolijidad de los ocultos hilvanes un trabajo de coordinación de los micro-relatos, de selección y ordenamiento, que dan cuenta de una estrategia discursiva que –cual acto de prestidigitación– nos presenta historias breves, muchas veces mínimas aunque excepcionales, atractivas cápsulas verbales, pócimas de vida y de muerte, de resistencia, de soledad y de rabia, de amores y de desengaños, que están enlazadas a una obra mayor por imperio de un magistral oficio: el del escritor.

En efecto, en la formalidad de los capítulos aparecen, en esta secuencia, las remembranzas de las vacaciones de Paoletti en La Rioja durante su adolescencia (“Por los tiempos de la Kon Tiki”); el lapso en que se radicó en aquella capital junto a su hermano Alipio para modelar una experiencia periodística y militante única como fue la de El Independiente entre 1959 y 1976 (“Historia de una estrellita”); el periplo carcelario como preso político apenas la dictadura se instaló a sus anchas (“Humillados y ofendidos”); y los años que sucedieron a la recuperación democrática (“Con la frente marchita”), con chispas del pasado reciente (“Epílogo”).

Pero no se trata sólo de una galería de sueltos, esquirlas literarias de breve desarrollo con capacidad de reflejar, hacer pensar y sentir, de esas que parecen hechas para personas con poco tiempo libre y dificultades de concentración. En todo caso, los relatos se presentan como parte de una cinta de moebius: en la superficie parecen tener una cara y un borde nada más, pero en un indefinido punto lo rememorado, el presente de la enunciación y su inevitable pretensión de futuro adquieren movimiento y se funden, como un minicuento dentro del siguiente y del anterior. Y mientras el espectáculo de la palabra se despliega, una primavera de reflexiones prospera, en general planteadas de manera que el lector puede establecer diálogos desde su propia experiencia.

Pese a su subtítulo, Paoletti rescata a “Chesche” de cierta tendencia literaria impuesta por los que modelan el gusto según la cual las provincias son una entidad dramática entre bucólica e idílica en la que la vida sencillamente sucede y, entonces, parte del esfuerzo de los personajes es ver cómo elaboran esas situaciones que no gobiernan. En la escritura de Paoletti, unos y otros protagonistas intentan cambiar la historia, corregir su grafía, su sintaxis y su contenido; torcer el designio de lo dado: quieren crear la realidad, no se conforman con asimilarla.

 

LO NOMBRADO.

Si “Chesche” es una palabra en lengua kakán que se emplea en La Rioja para dar entidad a un color indefinible pero omnipresente y en ese sentido parece ser el fondo apropiado para que los relatos locales y globales de Paoletti cobren vida, el subtítulo (“Recuerdos de provincia”) remite por cierto a los de Domingo Faustino Sarmiento y comparte con ellos la idea de repasar los laberínticos caminos, hechos en este caso de belleza y tortura, de condescendencia y de amarga ingratitud, que le permitieron al autor ser reconocido, valorado y respetado pese a que no gozó de las ventajas de la riqueza, no perteneció a una familia de prosapia ni contó con una formación académica de excelencia en su etapa juvenil.

Ligero de equipaje, Paoletti parece haberse hecho cargo de la ancestral tarea del contar pero asume el reto sin cargas sofocantes. “La idea era reunirlos en un librito, para que no se pierdan”, aclara, quitándole gravedad al proceso que derivó en la reunión de los relatos. Y si bien indica que “en estas memorias no hay invención; sólo recuerdos” es evidente que la habilidad de narrador le ha permitido producir unas piezas de métrica justa, de eficaz estructura y atractiva estrategia, lo que realza su estilo límpido de escritura en la que la densidad conceptual parece flotar con la gracia del tul, puntilloso y ligero.

Además de una producción en ficción de mérito, de la que sobresale la Trilogía argentina –integrada por “Antes del diluvio”, “A fuego lento” y “Mala Junta”–, Mario Paoletti es un estudioso de la literatura latinoamericana: sus trabajos sobre Jorge Luis Borges y Mario Benedetti lo han colocado en un destacado lugar entre hispanoparlantes. Así, a su condición de biógrafo y analista, de atento observador, durante años de entrevistador, de comentarista, de escritor logrado, cultor de un tono y una perspectiva personal, Paoletti le agrega el hecho de haber sido parte de una generación que no se ha caracterizado por vivir en vano.

 

DIALOGANTES.

En “Chesche”, los miembros de esa comunidad múltiple –a veces renombrados y otras apenas conocidos y directamente anónimos– tienen una existencia vaporosa que se desgrana en descripciones y retratos. Es como si pervivieran en postales efímeras, aunque dejen perdurable huella. Se reconstruyen así sucesos, lugares y rituales estrictamente puntuales (La Rioja, la infernal galaxia carcelaria, un diario de provincia, los callejones del exilio) a los que el aporte de un autor refinado que piensa, sienta e interconecta, que sabe contar, convierte en un mapa digno de ser explorado hasta toparse con nuevas versiones del saber, del experimentar y del vincular.

Lampalagua Ediciones es una de las tantas iniciativas independientes que se toman su tiempo para producir materiales de valía, muchas veces a contrapelo de las modas y las determinaciones del mercado. Anteriormente, a Paoletti le habían editado la novela “En el hueco del día”. En el caso de “Chesche” se logró un objeto atractivo y resistente a los embates del lector, prueba de que una cepa de alta profesionalidad atraviesa sus protocolos.

 

Cronología

 

Por suerte, las comunicaciones nos permiten hoy tomar contacto con emprendimientos lejanos, averiguar, solicitar y quedar a la espera, que es la cronología que respetó “Chesche” para llegar hasta su destino litoraleño.